Asesinada madre que buscaba a su hijo desaparecido en México

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Una mujer que buscaba a su hijo desaparecido en México ha sido asesinada, el quinto homicidio de una madre buscadora en el país desde inicios de 2021.

Integrantes de su colectivo de búsqueda clamaron justicia el martes por el “cobarde asesinato” de María Vázquez Ramírez.

La fiscalía del estado de Guanajuato informó que Vázquez fue muerta a tiros el domingo en la ciudad de Abasolo. Estaba buscando a su hijo Osmar, quien desapareció en esa ciudad en julio.

Se desconoce el motivo del crimen; la mayoría de las madres buscadoras dicen que quieren localizar los restos de sus hijos, no evidencias para enjuiciar a los responsables.

Hay más de 100.000 personas desaparecidas en México y la policía con frecuencia no tiene el tiempo, pericia ni interés en buscar por las fosas comunes donde los grupos criminales suelen sepultar a sus víctimas.

Gran parte de ese esfuerzo lo realizan colectivos de voluntarios conformados por mamás de los desaparecidos, se hacen llamar “madres buscadoras”.

El colectivo de Vázquez difundió en internet un homenaje el lunes, mostrando una foto de ella con su hijo desaparecido y las palabras “No me alcanzó la vida para encontrarte”.

Fue el segundo asesinato de su tipo en un mes.

En octubre, en la ciudad de Puebla, en el centro de México, fue asesinada Esmeralda Gallardo, quien lideraba esfuerzos por hallar a su hija de 22 años.

David Saucedo, analista de seguridad en Guanajuato, dijo que “las buscadoras están siendo asesinadas por los grupos del crimen organizado”.

Dos cárteles —Santa Rosa de Lima y Jalisco— llevan años batallando por el control del estado de Guanajuato. Matan a rivales, secuestrados y personas inocentes y las entierran en fosas comunes o las arrojan en barrancos.

“Los cárteles, tanto el Cártel de Santa Rosa de Lima como el Cártel Jalisco Nueva Generación, están enterrando los cadáveres en narcofosas con el objetivo de que no sean encontrados. De este modo, evitan acusaciones por desaparición de personas y asesinato. Si no hay cadáver, no hay homicidio”, dijo Saucedo.

“Sin embargo”, añadió, “con los trabajos de búsqueda de los colectivos de personas desaparecidas se están recuperando cadáveres. Y eso pone en riesgo a los narcos”.

La agrupación de voluntarios Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México denunció el hecho de que los buscadores están desprotegidos.

“Es deber del Estado garantizar la seguridad de las familias en los contextos de búsqueda, así como es su obligación buscar a todas las personas que nos faltan. No debemos normalizar la violencia en la que buscamos”, declaró la agrupación.

Ante la inacción o incompetencia oficial, muchas madres se ven obligadas a llevar a cabo sus propias investigaciones. A menudo con base en pistas, cruzan praderas y campos, clavando varillas de hierro en la tierra a fin de detectar el hedor de cuerpos en descomposición.

Los buscadores, y los policías que a veces los acompañan, usualmente se enfocan en encontrar fosas e identificar restos humanos. Los colectivos a veces reciben pistas sobre dónde fueron enterradas las víctimas, información que probablemente solo conocen los asesinos y sus cómplices.

Pero en un caso en Guanajuato, según se reportó, una fosa fue ubicada porque un perro desenterró parte de una pierna y fue visto llevándosela.