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Keystone, el cambio climático y el frío

Esta semana, el Senado vivió una escena conmovedora. Mientras la senadora que presidía la sesión, Elizabeth Warren, anunciaba la derrota del oleoducto Keystone XL, un miembro de la tribu sioux de Crow Creek, de Dakota del Sur, que se encontraba en una de las galerías del Senado, se puso a cantar. El enorme movimiento popular en favor del clima y en contra de la extracción del petróleo más sucio del planeta finalmente prevaleció… al menos por ahora.

Fue una senadora demócrata, Mary Landrieu de Louisiana, quien representó los intereses de la industria petrolera e intentó impulsar la aprobación del oleoducto. Landrieu esperaba que la aprobación la ayudara en la segunda vuelta electoral del seis de diciembre, en la que debe enfrentar al congresista Bill Cassidy, que patrocinó un proyecto de ley similar en la Cámara de Representantes. Los republicanos han prometido volver a introducir el proyecto de ley cuando asuman el control del Senado en el mes de enero.

La coalición contra el oleoducto Keystone XL tiene una base amplia. Comprende ambientalistas, activistas indígenas, agricultores y ganaderos, todos preocupados por el cambio climático y la protección de sus tierras. Les preocupa la posibilidad de que se produzcan derrames de petróleo en el acuífero de Ogallala, uno de los más grandes del mundo, que se extiende desde Dakota del Sur hasta Texas y provee agua a millones de personas. El nombre de una de las organizaciones asociadas señala el rasgo único de esta coalición: Vaqueros e Indios Unidos. En las dunas y grandes llanuras del oeste, los residentes que en el sigloXIX eran más que propensos a ser adversarios, ahora se han unido para enfrentar el agresivo plan de la empresa transnacional TransCanada para imponer una traza del oleoducto que pase a través de sus tierras.

Cyril Scott, presidente de la tribu sioux de Rosebud, de Dakota del Sur, me dijo: “Como todos sabemos, la lucha, solo acaba de comenzar. Los republicanos asumen el control de la Cámara de Representantes en enero. Tenemos que prepararnos, estar listos y comenzar nuestra propia campaña para asegurarnos suficiente apoyo para poner fin a esta serpiente negra que va a dañar no solo el país de los indígenas, sino todo Estados Unidos de América”.

La función principal del oleoducto Keystone XL será trasladar el petróleo de las arenas alquitranadas de la región de Alberta en Canadá, a las instalaciones portuarias de la costa sur de Texas, para el envío del petróleo a los clientes de ultramar. También permitirá ampliar la extracción de las arenas alquitranadas, una forma de petróleo mucho más destructiva para el medio ambiente que otras. El climatólogo James Hansen, ex director del Instituto Goddard de la NASA para Estudios Espaciales, escribió en el New York Times: “Si Canadá sigue adelante y no hacemos nada, el clima será historia”. Hansen es una de las más de 1.200 personas que han sido arrestadas frente a la Casa Blanca en manifestaciones contra el Keystone XL.

Tiempo atrás, el presidente Barack Obama había declarado que si no se aprobaba el oleoducto Keystone XL, TransCanada de todos modos construiría otro oleoducto que evitaría pasar por Estados Unidos totalmente y enviaría el petróleo a través de Canadá, a su costa este u oeste. Naomi Klein, activista en defensa del clima y autora de una especie de biblia de este nuevo movimiento que se titula “This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate” (Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, en español), afirma que el argumento ya no tiene vigencia. El día anterior a la votación en el Senado, me dijo: “El oleoducto Keystone está estrechamente vinculado a los planes de las industrias petroleras y del gas para ampliar drásticamente la producción en las arenas alquitranadas de Alberta.Las arenas alquitranadas están realmente rodeadas de oposición. Por donde quiera que se intente construir un nuevo oleoducto o expandir uno existente, se enfrentará a una feroz acción directa, así como a impugnaciones legales de los pueblos indígenas y otros intereses. Así que, la idea de que si no se construye Keystone el petróleo va a salir de todos modos, es absurda”.

TransCanada está claramente preocupada por el movimiento. Documentos filtrados obtenidos por Greenpeace revelan que TransCanada ha contratado a Edelman, la compañía de relaciones públicas más grande del mundo, para librar una campaña contra los grupos que intentan bloquear sus proyectos de oleoductos. Los documentos revelan que Edelman ya ha creado un grupo artificial, una especie de organización civil falsa que promueve una agenda a favor del oleoducto, y ha hecho la propuesta de que 40 profesionales de relaciones públicas de Edelman trabajen para acosar y confundir a los grupos de protesta.

El presidente Obama señaló antes de la votación del Senado que se ha vuelto escéptico respecto al oleoducto Keystone XL y a las afirmaciones de quienes lo proponen de que generará empleos y reducirá el precio de la gasolina en el país: “Comprendan lo que es este proyecto. Es darle a Canadá la capacidad de extraer su petróleo, enviarlo a través de nuestro territorio hasta el golfo de México, desde donde será exportado a cualquier otra parte del mundo”.

Mientras tanto, otro presidente, Cyril Scott, de la tribu sioux de Rosebud, dijo en un comunicado: “Vamos a cerrar las fronteras de nuestra reserva al Keystone XL. Autorizar el Keystone XL es un acto de guerra contra nuestro pueblo”.

Con el récord de frío que azota el país esta semana, y la nevada equivalente a la de un año en Buffalo, Nueva York en un solo día, tenemos que preguntarnos: ¿Qué se necesita para escuchar a la ciencia y enfrentar de manera contundente la amenaza global que representa un cambio climático catastrófico?

Según el Departamento de Asuntos de los Veteranos, en el pasado mes de junio había 8.920.000 veteranos de guerra en Estados Unidos. En algún momento del domingo o lunes pasado, horas antes de comenzar el Día de los Veteranos, esa cantidad bajó un número cuando Tomas Young murió en su hogar de Seattle, con su esposa a su lado. Era uno de los muchos soldados que fueron enviados a Irak y resultaron gravemente heridos.

Probablemente la ciudadanía estadounidense conozca más de Tomas Young que de la mayoría de los veteranos de guerra gracias al notable documental “Body of War” (Cuerpo de guerra, en español) dirigido y producido por el legendario presentador de televisión Phil Donahue y la realizadora cinematográfica Ellen Spiro. Su travesía, su lucha y ahora su muerte trazan un arco que une las trágicas guerras y ocupaciones de Estados Unidos en este mundo posterior a los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Como a muchos otros, lo ocurrido ese 11 de septiembre inspiró a Tomas a unirse al ejército. Le sorprendió enterarse, sin embargo, que sería enviado a Irak y no a Afganistán. El 4 de abril de 2004, a los cinco días de haber llegado a Bagdad, Tomas recibió un impacto de bala en la columna y quedó paralizado del pecho hacia abajo. La herida lo dejó parapléjico, causándole una serie de otras complicaciones. Tenía dificultades para respirar. Su cuerpo no podía regular bien la temperatura, por lo que a veces debía usar un chaleco con hielo. A pesar de los enormes desafíos, Tomas hizo acopio de sus fuerzas y tomó el camino del activismo contra la guerra.

Durante el verano de 2005 se unió a Cindy Sheehan, una madre en duelo que se convirtió en activista por la paz, en el campamento de protesta Camp Casey situado en Crawford, Texas, no muy lejos de la estancia del entonces Presidente George W. Bush. Cindy bautizó el campamento en honor a su fallecido hijo, Casey, quien murió el mismo día y en la misma ciudad donde hirieron a Tomas: Sadr City. Cindy Sheehan decidió manifestarse frente al refugio de Bush mientras él se encontraba allí de vacaciones, y la protesta creció y creció. Tomas también se unió a la organización Veteranos de Irak contra la guerra, y fue parte de su junta directiva.

En 2008 entrevisté a Tomas Young, que dirigió un comentario al entonces Vicepresidente Dick Cheney: “De parte de uno de esos soldados que se ofrecieron voluntariamente para ir a Afganistán después del 11 de septiembre, que era donde las pruebas señalaban que debíamos ir, le digo a [Cheney], el maestro de evitar ir a luchar a Vietnam por su condición de estudiante: muchos de nosotros fuimos como voluntarios a una guerra con sentimientos patrióticos en el corazón, para terminar viéndolos trastocados y bastardeados por el gobierno, que nos envió al país equivocado”.

“Body of War” pone el foco de atención sobre el costo personal de la guerra. En una de las escenas más conmovedoras del documental, Young se reúne con el Senador Robert Byrd, el senador con más tiempo de mandato y con la mayor cantidad de votos emitidos en la historia del Senado de Estados Unidos (más de 18.000). En la escena, Byrd cuenta que su voto en contra de dar autorización a la guerra de Irak fue el más importante de su vida. Luego, Young lo ayuda a leer los nombres de los 23 senadores que votaron en contra de ir a la guerra con Irak. Byrd reflexiona: “Los inmortales 23. Nuestros fundadores estarían orgullosos”. Y, dirigiéndose a Young, le dice: “Gracias por su servicio. Ha hecho un gran sacrificio, sin duda. Ha servido bien a su país”. Young le responde: “Tal como usted, señor”.

El estreno de “Body of War” colocó a Tomas en un primer plano, mientras el país se veía envuelto en el calor del verano y las elecciones presidenciales de 2008. Fue entonces cuando un coágulo de sangre se alojó en su brazo, causándole graves complicaciones. Perdió la mayor parte de la movilidad de sus brazos y su capacidad para hablar disminuyó. Nunca perdió su profundo compromiso con la paz, ni la esperanza de que los responsables de la guerra un día rindieran cuentas por sus actos.

En febrero de 2013, en una presentación de “Body of War” en Litchfield, Connecticut, mediante videoconferencia, Tomas sorprendió al público cuando dijo que pensaba poner fin a su vida.

Todavía se encontraba viviendo en su ciudad natal de Kansas, Missouri con su esposa, Claudia Cuellar. Tomas estaba luchando contra un intenso dolor crónico y, como Claudia nos dijo después de su muerte, había encontrado algo de alivio en la marihuana, que es ilegal en Kansas y Missouri. Así que se mudaron a Oregon, donde el uso médico de la marihuana es legal. Desafortunadamente, Claudia percibió que el hospital de Asuntos de los Veteranos de Portland no apoyó el uso de marihuana como parte de su tratamiento y a modo de castigo le redujo la prescripción de medicamentos para el dolor. Buscando un lugar seguro y compasivo para Tomas, se trasladaron a Seattle, otro lugar donde la marihuana medicinal (y ahora también la recreativa) es legal. Tomas y Claudia sintieron que el departamento de Asuntos de los Veteranos les puso demasiadas trabas en el camino, lo que causó que ellos mismos tuvieran que racionar las pastillas para el dolor.

Fue en medio de este sufrimiento que Claudia encontró a Tomas, en la mañana del pasado lunes, reposando en un profundo silencio. Estaba muerto.

Dieciocho meses atrás, Tomas había escrito una carta abierta a George W. Bush y Dick Cheney y nos la leyó en el programa de noticias de Democracy Now. La carta concluye con estas palabras: “Está llegando mi hora de la verdad. Ya llegará la suya. Espero que sean juzgados. Pero sobre todo espero, por su propio bien, que puedan hallar el coraje moral para enfrentar lo que me hicieron, a mí y a muchísimos otros que merecían vivir. Espero que antes de que termine su vida en la Tierra, como está terminando la mía, reúnan suficiente valor para comparecer ante el pueblo estadounidense y el mundo, y en particular ante el pueblo iraquí, y pedir perdón”.

Que Tomas Young, que en vida luchó con tanta fuerza por la paz, ahora descanse en paz.

Las elecciones en Estados Unidos dependen sobre cualquier otra cosa del dinero; mucho dinero, que proviene cada vez más de fuentes “oscuras”, imposibles de rastrear. Sin embargo, la historia no está hecha de dinero sino de movimientos. La holgada victoria republicana en las elecciones legislativas de esta semana ha sido ampliamente descrita como una ola, un baño de sangre, una paliza. Más allá de la hipérbole, más allá de las declaraciones de los comentaristas políticos, fuertes corrientes están en movimiento, cambiando lentamente nuestra sociedad. Uno de los movimientos que logró visibilidad en medio de la maraña electoral es el que tiene como demanda principal un aumento del salario mínimo, el cual se impuso aún en algunos de los estados más conservadores.

En contra de las tendencias partidarias, los votantes de Alaska, Arkansas, Nebraska y Dakota del Sur aprobaron iniciativas de leyes para aumentar el salario mínimo, como lo hicieron los votantes de San Francisco y Oakland, California. En Illinois y en varios condados de Wisconsin, estados que eligieron gobernadores republicanos, importantes mayorías aprobaron iniciativas no vinculantes para aumentar el salario mínimo. Dado que los republicanos (y algunos demócratas) en el Congreso han bloqueado insistentemente un incremento del salario mínimo nacional, el pueblo está tomando el control del tema en sus comunidades y consiguiendo un apoyo rotundo en todo el espectro político.

El salario mínimo federal es de 7,25 dólares la hora, que con el ajuste por inflación es menor al de 1968. Esto se traduce en un salario de poco más de 15.000 dólares al año para alguien que tenga un trabajo a tiempo completo, quedando por debajo del umbral de la pobreza para las familias de dos personas. Por último, el Presidente Barack Obama ha hecho del aumento del salario mínimo un objetivo central de su presidencia. El pasado mes de febrero emitió una orden ejecutiva que obligó a las empresas que trabajan bajo contratos federales a pagar a sus empleados un mínimo de 10,10 dólares la hora porque, según dijo en su discurso del “Estado de la Unión” dos semanas antes: “Si cocinas para nuestras tropas o lavas sus platos, no deberías tener que vivir en la pobreza. Por supuesto, para mayores logros, el Congreso debe participar. Así que les pido que se unan al resto del país. Digan que sí. Denle un aumento a Estados Unidos”.

Ralph Nader, el legendario defensor de los consumidores y ex candidato presidencial del Partido Verde, ha luchado por un aumento del salario mínimo durante años. Nader acompañó a “Democracy Now!” en la cobertura especial de las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2014 y vinculó los malos resultados de los demócratas con el hecho de no haber atendido el tema del salario mínimo: “A último momento asumieron el único tema que el sitio de noticias Politico.com afirmó que podría favorecer a los demócratas: el aumento del salario mínimo para 30 millones de estadounidenses que actualmente ganan menos que los trabajadores de 1968, si hacemos los ajustes por inflación. 30 millones de personas y sus familias, un montón de votantes, pero no le dieron la importancia que merecía el tema. Hace unas tres semanas y media le dije al Senador Harry Reid que este debate tenía que ser llevado al plano nacional por el presidente en una campaña por todo el país. Él estuvo de acuerdo y dijo que iba a llamar al presidente. Pero ¿qué logramos? Un presidente que pasó casi dos semanas en los salones de Nueva York, Maine, San Francisco y Los Ángeles recaudando fondos para los demócratas en lugar de hacer campaña en el país con un tema que tiene un 80% de apoyo. Hasta los ex candidatos a presidente republicanos Mitt Romney y Rick Santorum se manifestaron a favor de actualizar el salario mínimo”.

Nader comentó particularmente una de las contiendas más seguidas de la noche, la elección del senador por Arkansas, donde el demócrata Mark Pryor perdió el escaño que ocupaba ante su rival republicano Tom Cotton: “Una vez que ingresó al Senado, el Senador Mark Pryor se aseguró de darle la espalda a los grupos de ciudadanos, a los grupos liberales, los grupos progresistas. Estuvo a cargo del Subcomité de Asuntos del Consumidor y no pudimos ni siquiera conseguir una reunión con él. Los demócratas han dejado de lado las posturas económicas que les hicieron ganar las elecciones una y otra vez a Franklin Delano Roosevelt y Harry Truman. Ya no pueden defender a nuestro país de los programas más militaristas, corporativos y crueles, de las políticas en contra de los trabajadores y los consumidores, en contra del ambiente y de las mujeres e, incluso, en contra de los niños”

Arkansas, donde se encuentra la sede del empleador privado más grande del mundo, Wal-Mart, en realidad tiene el salario mínimo más bajo del país: 6,25 dólares la hora, más bajo incluso que el mínimo federal de 7,25 dólares la hora (en estos casos, los empleadores están obligados a pagar el mínimo federal). Allí, la iniciativa para el aumento del salario mínimo se aprobó con más del 65% de los votos.

La coalición Give Arkansas a Raise Now (Por un aumento del salario mínimo en Arkansas, en español) trabajó arduamente durante meses para lograr este resultado, y es solamente una de las coaliciones regionales que se ocupan de llevar este tema al electorado porque el Congreso se niega a asumirlo como prioridad.

Los trabajadores también están haciendo demandas directas a sus empleadores, con una campaña cada vez mayor entre los trabajadores de la industria de la comida rápida, que están exigiendo 15 dólares la hora. En manifestaciones coordinadas, realizadas en 150 ciudades el pasado mes de septiembre, más de 400 personas fueron detenidas en actos de desobediencia civil no violenta.

Imara Jones, colaborador de Colorlines.com, escribió que las elecciones de medio término de 2014 estarían marcadas por la falta de justicia económica y comentó el tema en la cobertura especial de las elecciones que hizo Democracy Now!

“La justicia económica estuvo presente en las elecciones nacionales en todos los aspectos. Antes que nada, en términos de participación de votantes se está hablando de apatía, pero la apatía es una elección. La decisión de no votar es una elección, y dada la situación económica y la falta de progreso y equidad económica, no es una decisión extraña. No debería sorprendernos para nada. Este es uno de los primeros aspectos importantes; la gente no acudió a las urnas, particularmente las comunidades que sufrieron el peor golpe de la economía: afroestadounidenses, mujeres solteras y jóvenes menores de 30 años son quienes no se presentaron y quienes fueron más afectados por la economía. No tienen opción.” De hecho, solo alrededor de un tercio de los ciudadanos habilitados para votar acudió a las urnas, con una participación muy baja entre los jóvenes menores de 30 años, las mujeres solteras y las personas de color.

La iniciativa popular en demanda de un salario mínimo justo es tan solo uno de los movimientos sociales que crecen día a día en Estados Unidos. El movimiento por los derechos de los inmigrantes, el movimiento por una reforma carcelaria y del sistema de justicia penal, el movimiento contra el cambio climático inducido por la humanidad, o contra la guerra sin fin son movimientos que inspiran a la acción, que conducen a las personas a las calles, a menudo arriesgándose a ser arrestadas, o incluso deportadas. A pesar de las apariencias tras las elecciones legislativas de este año, la gente es una fuerza más poderosa que el dinero.

El profano ataque de los republicanos al sagrado derecho a votar

 

Existe en Arkansas una base de datos en la que podría figurar su nombre… Eso en caso de que usted viva en uno de los 28 estados de Estados Unidos que participan del Programa Interestatal de Verificación de Registro de Votantes. Se trata de uno de los crecientes componentes de una agresiva iniciativa desarrollada por los republicanos a lo largo y ancho de Estados Unidos que tiene por objetivo impedir que muchos estadounidenses puedan votar.

Varios estados han dado inicio al período de votación anticipada para las elecciones legislativas 2014 de Estados Unidos, que se llevarán a cabo este 4 de noviembre. Está en juego el control del Senado de Estados Unidos, así como muchas gobernaciones cruciales, bancas en el Congreso y referéndums. Una interrogante que surge en torno a estas elecciones es qué tan significativo será el impacto de las iniciativas para privar del derecho al voto a una gran cantidad de ciudadanos.

Hablé con Dolores Internicola en Fort Lauderdale, Florida, una de las zonas más afectadas por los esfuerzos del asediado gobernador republicano de Florida, Rick, Scott, por eliminar votantes de los padrones. Dolores perdió a su esposo, Bill, recientemente. Bill fue noticia en el año 2012, cuando a los 91 años de edad recibió por correo una notificación oficial de que su ciudadanía estaba en duda, por lo que debía comprobarla a fin de evitar ser eliminado de los padrones electorales. Como veterano de la Segunda Guerra Mundial que luchó en la batalla de las Ardenas, el oriundo de Nueva York se vio entristecido ante la posibilidad de no poder participar en el sistema electoral que él mismo había ayudado a defender contra la Alemania nazi. “Fue terrible”, recordó su viuda. Bill logró votar en las elecciones de 2012, pero la misma amenaza de ser arbitrariamente inhabilitadas para votar se cierne sobre millones de personas este año.

El periodista de investigación Greg Palast y el documentalista Richard Rowley recorrieron el país y documentaron el impacto del Programa de Verificación de Votantes. La crucial investigación que hizo Palast sobre la ahora legendaria debacle electoral que vivió Florida en el año 2000 contribuyó a exponer de qué manera la entonces Secretaria de Estado de Florida, Katherine Harris, supervisó una depuración de votantes errónea y a gran escala que fue determinante para llevar a la presidencia a George W. Bush en las que continúan siendo las elecciones presidenciales más polémicas de la historia de Estados Unidos.

Greg Palast plantea una pregunta fundamental en su especial de dos partes producido por Al-Jazeera America sobre presuntos electores que votan dos veces. “Me interesé en este tema cuando Bush ganó por 527 votos. Y ahora, quince años después, escucho que denuncian ‘fraude electoral. Un millón de personas cometen fraude electoral’. ¿Existe realmente esta inmensa ola de crímenes?”

El sistema de verificación que describe Palast comenzó como una iniciativa del Secretario de Estado de Kansas, el republicano Kris Kobach. Toma los registros electrónicos de los votantes de los estados intervinientes, los recopila en una base de datos centralizada en Arkansas e intenta identificar a cada uno de los votantes que pudiera haber votado en más de un estado. Estos “votos duplicados” fueron responsables, según el comentarista conservador Dick Morris, de más de un millón de votos fraudulentos en favor de Barack Obama, que le permitieron supuestamente “robarse las elecciones” de 2012. Aún así, según informa Palast, no se ha llevado a cabo ni un solo procesamiento por fraude electoral a consecuencia del sistema de verificación. En lugar de ello, la verificación ha provocado una depuración a gran escala de votantes habilitados, con frecuencia debido a problemas en la recopilación y organización de los datos.

La depuración de los padrones electorales es solamente una de las formas en que los republicanos procuran restringir el voto. En las últimas semanas, la justicia ha emitido fallos clave que han hecho de todo menos garantizar que se preserve el derecho al voto de decenas de miles de votantes. Texas aprobó recientemente una ley de identificación de votantes por fotografía que resulta altamente restrictiva. La Corte Suprema de Estados Unidos decidió no expedirse respecto a su contenido hasta después de las elecciones a fin de evitar confusiones. Al emitir su voto en desacuerdo, la Ministra de la Corte Ruth Bader Ginsburg expresó: “La mayor amenaza a la confianza de la población en las elecciones en este caso es la perspectiva de que se aplicará una ley resueltamente discriminatoria que probablemente imponga un impuesto inconstitucional al voto e implique el riesgo de negar el derecho a votar a cientos de miles de votantes habilitados”.

También se ha permitido que procedan leyes restrictivas de identificación de votantes y otras obstrucciones al voto en Wisconsin y Carolina del Norte. Desde hace tiempo se reconoce que exigir la presentación de documentos de identidad con fotografía afecta de forma desproporcionada a las personas de menores recursos y a las personas de color, dos sectores de la población que tienden a votar por el Partido Demócrata.

En el otoño de 1980, Paul Weyrich, un activista conservador que fundó instituciones de derecha como The Heritage Foundation, Moral Majority y American Legislative Exchange Council, habló durante una conferencia en Dallas. “No quiero que voten todas las personas”, dijo, y continuó: “Las elecciones no se ganan con la mayoría de la población, nunca ha sido así desde los inicios de nuestro país y no es así ahora. De hecho, nuestra ventaja en las elecciones aumenta considerablemente cuando disminuye la población de votantes”. Aquel sueño expresado por Paul Weyrich en 1980 se ha convertido en la triste realidad de 2014. El derecho a votar es sagrado y protegerlo es responsabilidad de todos nosotros.

 

Estados Unidos tiene ahora un “zar del ébola”. Sin embargo, sigue sin tener un director general de salud pública. ¿Por qué? Los grupos de lobby a favor de las armas han logrado detener su nombramiento, al menos hasta ahora.

La epidemia del ébola es una crisis mundial de salud que exige una respuesta conjunta a nivel mundial. Aquí, en Estados Unidos, las medidas que se tomaron fueron desarticuladas, y parecen estar más bien motivadas por el miedo que por la ciencia. Hay una razón clara para ello: el nombramiento del funcionario seleccionado por el Presidente Barack Obama para ocupar el cargo de Director Genera de Salud Pública, el Dr. Vivek Murthy, sigue estancado en el Senado. Uno podría imaginar que una epidemia como la del ébola haría que la gente trascienda la política partidaria, pero Vivek Murthy, a pesar de los impresionantes méritos de su labor médica, cometió un error crucial antes de ser nombrado: declaró que las armas eran un problema de salud pública. Eso provocó la oposición de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por su sigla en inglés), que es todo lo que se necesita para detener el progreso de cualquier votación en el Senado estadounidense.

En octubre de 2012, el Dr. Murthy escribió en su cuenta de twitter: “Estoy cansado de los políticos que hacen política jugando con la problemática de las armas, poniendo en riesgo la vida de millones de personas por miedo a la NRA. Las armas son un problema de salud pública”. Un año después, la Casa Blanca anunció su nominación para el cargo de director general de salud y el cuatro de febrero de 2014 testificó ante el Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado. Obtuvo el apoyo tanto de los demócratas como de los republicanos en el comité, pero su nombramiento todavía no fue sujeto a votación en el Senado, presumiblemente porque el Senador Harry Raid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, sabe que no contarán con los votos suficientes para aprobarlo. Los nombramientos necesitan solo una mayoría simple de 51 votos para ser aprobados. Como los demócratas tienen una mayoría de 55 a 45 en el Senado (al menos por ahora), la aprobación de Murthy como director general de salud pública debería haber sido cuestión de rutina.

Sin embargo, el temor percibido al poder de la Asociación Nacional del Rifle provocó que varios demócratas –sobre todo aquellos que se enfrentan a una reelección ajustada en 2014– indicaran que no votarán en apoyo a Murthy. Entre quienes se espera que voten en contra se encuentran Mary Landrieu, de Louisiana, Mark Pryor, de Arkansas, y Mark Begich, de Alaska. Estos senadores demócratas y otros senadores que aspiran a la reelección no quieren arriesgarse a provocar a la NRA antes de las elecciones de noviembre. Así que Estados Unidos no tiene director general de salud pública.

¿De qué se ocupa el Director General de Salud exactamente? El cargo se remonta a 1798, cuando el Congreso estableció el primer servicio de salud con financiamiento público para los marinos mercantes que padecían enfermedades. Ahora, el director general tiene al mando a más de 6.500 trabajadores de la salud del “Cuerpo Comisionado” de los servicios de salud, que tiene la tarea de proteger la salud pública estadounidense.

Otro papel igualmente importante del director general es oficiar como “médico del país”, utilizar su cargo para organizar campañas de salud pública y educar e inspirar a las personas a tomar en serio la salud. Entonces, si bien hay un director interino, Boris Lushniak, que mantiene funcionando la organización, no ha asumido el papel público que el puesto requiere. En 1964, el entonces Director General de Salud Pública, Luther Terry, dio a conocer un revolucionario informe, “Tabaco y Salud”, que provocó cambios significativos en las políticas de tabaco, como la impresión de etiquetas de advertencia en los paquetes de cigarrillos y la prohibición de publicidad de tabaco en radio y televisión. En la década de 1980, el Director General de Salud del presidente Ronald Reagan, C. Everett Koop, abogó por la educación y la lucha contra elVIH/SIDA, en contra de los deseos del propio Reagan, que ni siquiera pronunció la frase “SIDA” durante los primeros seis años de su gobierno, mientras miles de personas morían a causa de la enfermedad.

Podemos suponer que, si el Dr. Murthy fuera confirmado como director general, sería la voz cantante de la razón en la respuesta nacional a la epidemia del ébola. En su lugar, tenemos personajes desinformados que exigen prohibiciones de viaje desde y hacia los países de África Occidental, algo que todos los funcionarios de salud pública afirman que sería exacerbar la epidemia, conduciendo a las personas infectadas a cruzar ilegalmente las fronteras y evitar los puestos de control donde podrían ser derivadas para recibir tratamiento. Este escenario definitivamente provocaría más casos de ébola en Estados Unidos.

¿Y cuál es el problema de que el director general de salud impulse políticas de sentido común, basadas en datos de la realidad, para reformar nuestras leyes de tenencia de armas? La Campaña Brady para Prevenir la Violencia con Armas de Fuego señala en sus informes la escala del problema con las armas: en promedio, 128 estadounidenses resultan muertos o heridos por armas de fuego todos los días. Más de 30.000 mueren por violencia con armas todos los años. La Campaña Brady recibe su nombre por el secretario de prensa del Presidente Reagan, el difunto James Brady, que fue herido de gravedad en un intento de asesinato a Reagan.

Hasta donde sabemos, solo dos personas en Estados Unidos tienen ébola actualmente. En cambio, hay 300 millones de armas de fuego en circulación. El ébola se puede detener con procedimientos adecuados de salud pública y con el envío de una gran cantidad de trabajadores de la salud, equipos y otros recursos a Liberia, Sierra Leona y Guinea. El Senado debería votar inmediatamente para aprobar el nombramiento del Dr. Vivek Murthy como Director General de Salud.

Por estos días, en Estados Unidos, las noticias alternan hora a hora entre el virus del Ébola y el Estado Islámico. Con frecuencia se repite la pregunta acerca de si deberíamos desplegar tropas en el territorio. La respuesta es sí, pero no en Medio Oriente. Necesitamos contar con decenas de miles de efectivos presentes en el terreno para hacer frente al ébola. Tropas de médicos, de enfermeras, de profesionales de la salud que luchen contra este desastre sanitario mundial totalmente prevenible.

El ébola es un pequeño virus que está poniendo de manifiesto los grandes problemas presentes en los sistemas de salud pública del mundo. Los pocos casos conocidos aquí en Estados Unidos han provocado un clima de temor y creciente conciencia de lo vulnerables que somos ante el brote de una enfermedad viral en nuestra sociedad. Imaginemos cómo se siente la población de países empobrecidos de África Occidental como Guinea, Sierra Leona y Liberia, donde la cifra de casos asciende a miles y la infraestructura simplemente no puede hacer frente a la cada vez mayor cantidad de personas infectadas.

Lawrence Gostin, director del Instituto O’Neill de la Universidad de Georgetown, especializado en investigaciones sobre salud, dijo sobre la situación actual: “Debemos recordar que esta es la segunda vez en la historia de Naciones Unidas que el Consejo de Seguridad de la ONU declara que estamos frente a una amenaza sanitaria, una amenaza a la paz y la seguridad en el mundo. La primera fue el SIDA, la segunda es el ébola”. En declaraciones efectuadas durante el programa de noticias de “Democracy Now!, Gostin continuó: “Por eso, el Consejo de Seguridad de la ONU ha hecho un llamado a todos los países del mundo. Junto a Estados Unidos deberían estar la Unión Europea, Australia, Canadá y todos nuestros aliados. Se trata de una crisis humanitaria y de salud de carácter internacional. Se trata de una amenaza a la estabilidad política y económica de la región y, obviamente, lo que es más importante, a la salud de los seres humanos. Deberíamos estar movilizando muchísimos más recursos. Deberíamos haberlo hecho antes. Debemos hacerlo ahora”.

La Organización Mundial de la Salud anunció el más reciente de los brotes de ébola, en Guinea, el 23 de marzo de este año. El brote creció, se extendió a países vecinos y pasó sobre varios otros hasta llegar al país más poblado de África, Nigeria. Causó primero la muerte a decenas de personas y luego a cientos y a miles, pero permaneció en buena medida al margen del mundo hasta que dos personas blancas, dos trabajadores de la salud estadounidenses, contrajeron la enfermedad. El Dr. Kent Brantly y la misionera Nancy Writebol fueron trasladados por avión de regreso a Estados Unidos tras ser diagnosticados con el virus del Ébola. Cuando los primeros pacientes estadounidenses de ébola llegaron al país y fueron ubicados en unidades de aislamiento, la enfermedad se convirtió en noticia de primera plana a lo largo y ancho del país.

Increíblemente, al mismo tiempo que la gente moría masivamente a causa del ébola en África Occidental, estos dos estadounidenses sobrevivieron, luego de ser tratados con algunas de las pocas dosis existentes de un fármaco experimental conocido como ZMapp. Se trata de resultados positivos que son posibles de concretar si se tiene acceso a un buen sistema de salud, que cuente con el presupuesto necesario.

Luego llegó Thomas Eric Duncan. Él también había contraído el virus del Ébola. El progreso de su enfermedad fue bastante distinto. Su sobrino, Josephus Weeks, lo resumió con elocuencia en un artículo publicado por el periódico The Dallas Morning News.

Weeks redactó: “El viernes 25 de septiembre, mi tío Thomas Eric Duncan concurrió al Hospital Presbiteriano de Texas, en Dallas. Tenía fiebre alta y dolores de estómago. Le dijo a la enfermera que había estado en Liberia recientemente. Pero era un hombre de color sin seguro de salud ni recursos para pagar su tratamiento, así que después de unas horas le dieron de alta con la prescripción de algunos antibióticos y analgésicos”.

Duncan regresó a su hogar para ser atendido por su familia, pero progresivamente su estado fue empeorando. Dos días después regresó al hospital y fue ingresado bajo sospechas de que se trataba de Ébola. Rápidamente empeoró y murió el 8 de octubre, tal como lo relató su sobrino, “solo en la habitación de un hospital”. Unos días después, nos enteramos de que una de las trabajadoras de la salud que le brindaron asistencia, la enfermera de cuidados intensivos Nina Pham, había contraído el Ébola. Posteriormente aparecieron síntomas en otra enfermera, Amber Vinson. Horas antes de que se le diagnosticara la enfermedad, viajó en avión desde Cleveland a Dallas junto a más de 130 personas. ¿Qué habría sucedido si nuestro sistema de salud garantizara tratamiento a todos, sin importar si los pacientes tienen o no cobertura de salud privada?

El Congresista republicano Pete Sessions, que representa a una parte de Dallas, dijo a la CNN que se debería impedir que vuelos provenientes de África Occidental ingresaran a Estados Unidos a pesar de que, según dijo, admitiría a los ciudadanos estadounidenses. Consulté a Lawrence Gostin al respecto: “Es una muy mala idea. Y, por varios motivos, es muy egoísta. En primer lugar, no va a hacer que Estados Unidos esté más seguro. De hecho, va a hacer que esté menos seguro. Primero, el hecho de suspender los vuelos significa que los trabajadores de la salud enfrentarían mayores dificultades para ir y venir de la zona afectada. Y esos países enfrentarían dificultades económicas y comerciales. Aumentarían los precios de los alimentos. Y en definitiva, en mi opinión, la epidemia se saldría aún más de control y pondría a esos países en mayor riesgo. Y cuanto mayor sea la cantidad de personas que contraigan la enfermedad en África Occidental, mayor será el riesgo que corramos aquí en Estados Unidos, en Canadá, en la Unión Europea. Es matemática básica, pura y simple. Si hay una gran cantidad de personas infectadas en una parte del mundo y vivimos en un mundo moderno y globalizado, no se puede envolver a toda una región con celofán y pretender que los gérmenes permanezcan afuera. No funciona de esa manera. Al hacerlo, creemos que es el modo de salvarnos, pero en realidad estamos corriendo más riesgos. Y además estaríamos haciendo algo que atenta profundamente contra el espíritu de nuestro país”.

La pequeña isla de Cuba ha enviado a más de 160 médicos a África Occidental para brindar tratamiento a los pacientes y contribuir a contener el avance de esta epidemia. Deberíamos aprender de Cuba. En cambio, el Presidente Barack Obama envió infantes de marina. En breve estarán construyendo hospitales de campaña. Ahora, la pregunta es: ¿quiénes brindarán asistencia en estas nuevas instalaciones? El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha conformado un comando especial de emergencia para hacer frente a la crisis provocada por el Ébola. El mundo debe unirse para salvar vidas y detener esta catástrofe evitable que nos amenaza a todos.

 

 

SAN ANTONIO— En Texas, es posible medir cuánto han avanzado las mujeres en función del camino que deben recorrer. Una gran cantidad de establecimientos médicos  han debido cerrar sus puertas en Texas, dejando así a casi un millón de mujeres a cientos de kilómetros de los centros de salud que podrían resultarles necesarios. ¿El motivo? Uno de los servicios que brindaban estos centros médicos era el aborto legal y seguro. La semana pasada, el Tribunal Federal de Apelaciones del Quinto Circuito confirmó las restricciones impuestas por el estado de Texas al acceso al aborto, lo que provocó el cierre inmediato de otras trece clínicas. En total, el 80% de las clínicas de Texas que incluían entre sus servicios el aborto han cerrado desde que entró en vigor dicha normativa.

Imaginemos que un día nos encontráramos con la siguiente noticia: “Un tribunal de apelaciones de Texas determinó el cierre del 80% de las armerías de Texas”. Los autoproclamados patriotas de Texas se levantarían en armas. Pero en el estado de la estrella solitaria, no todos los derechos nacen iguales. El derecho de una mujer a elegir sobre su maternidad, su derecho a poner fin a un embarazo, su derecho a la privacidad fueron establecidos por la Corte Suprema en 1973, hace más de 40 años, en el histórico fallo emitido en el caso Roe contra Wade.

En 2013, el poder legislativo de Texas, el Gobernador Rick Perry y el Fiscal General (y actual candidato republicano a gobernador) Greg Abbott establecieron una serie de leyes que impusieron barreras al funcionamiento de las clínicas de Texas que practican abortos. En primer lugar, se exigió que los médicos de dichas clínicas contaran con derechos de admisión en hospitales cercanos. Luego se establecieron una serie de requisitos edilicios, aplicables únicamente a clínicas en que se practican abortos, los cuales exigieron importantes reformas a fin de que los establecimientos pudieran permanecer abiertos.

Los grupos que defienden el derecho al aborto calificaron a estas leyes de reglamentación selectiva de los centros en que se practican abortos como “leyes TRAP”, sigla que en inglés significa “trampa”. El instituto de investigación en torno a asuntos de salud reproductiva Guttmacher Institute informó recientemente que “26 estados del país cuentan con leyes o políticas que regulan a los centros médicos que proveen abortos y que exceden lo que resulta necesario para garantizar la seguridad de las pacientes. La totalidad de dichas normativas se aplica a las clínicas en que se practican abortos quirúrgicos”.

Jeffrey Hons, presidente y director ejecutivo de la organización de planificación familiar Planned Parenthood South Texas, me dijo: “El nuestro es el centro ubicado más al sur y más al oeste en el que se puede acceder a un aborto en Texas, pero hay una buena parte de Texas que se encuentra aún más al sur y al oeste que nosotros”. La clínica de Hons es una de las solo tres que quedan en San Antonio que realizan abortos.

Hons describió el impacto en las mujeres más vulnerables, que ahora deben viajar grandes distancias para practicarse un aborto: “Para una mujer que se encuentra en estas zonas alejadas e intenta encontrar un centro quirúrgico, la distancia que debe recorrer, los puestos de control de inmigración que ella y su pareja deben atravesar y el miedo de atravesar estos controles de inmigración, porque puede ser que tengan o no los documentos en regla… todo ello representa una verdadera carga. Y la carga psicológica de saber que debemos abandonar nuestro hogar, nuestra familia, nuestra localidad, nuestro mundo para ir en busca de este tipo de asistencia médica tan privada e íntima, tras un proceso de toma de decisiones que resulta tan difícil, es muy grande. Y más ahora sabiendo que hay que hacerlo en un lugar donde no contamos con nuestra red de apoyo para que nos contenga”.

El Centro de Derechos Reproductivos, que fue la organización que defendió el derecho constitucional al aborto ante el tribunal de apelaciones, destacó que el fallo del tribunal hace que “casi un millón de mujeres de Texas se enfrenten a un viaje de ida y vuelta de casi 500 kilómetros como mínimo para poder ejercer su derecho constitucional a un aborto”.

Lindsay Rodriguez, presidenta del Fondo Lilith, que brinda apoyo económico y educación a mujeres que necesitan acceder a un aborto, expresó: “Todo el tiempo escuchamos historias de gente que tiene que viajar desde zonas como el Valle de Rio Grande hasta San Antonio para intentar acceder a este tipo de atención de la salud”. Rodriguez agregó: “En su gran mayoría, las personas que se van a ver más afectadas por estas leyes son las personas con menos recursos económicos, las personas que tal vez enfrenten problemas migratorios. Puede que sean personas que, por diversos motivos, se encuentran con más barreras para poder acceder a la asistencia médica en general, no sólo para acceder a un aborto, sino para acceder a asistencia médica”.

Estos viajes más largos y más costosos tendrán como consecuencia que las mujeres demoren el procedimiento, lo cual lo tornará más complejo y oneroso. Con el cierre de estas clínicas, la ley reduce además el acceso a métodos anticonceptivos, lo cual provoca más embarazos no deseados, perpetuando así la demanda de abortos.

Tras el fallo del tribunal de apelaciones, el Centro de Derechos Reproductivos, junto a otras organizaciones, entabló inmediatamente un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Estados Unidos en procura de una orden judicial contra la ley de Texas.

Mientras tanto, los ciudadanos de Texas se preparan para elegir nuevo gobernador. En una de las contiendas seguidas más de cerca en todo el país, el Fiscal General Greg Abbott se enfrenta a su contrincante demócrata, Wendy Davis. Sus posturas no podían ser más opuestas. En junio de 2013, siendo senadora estatal, Davis se opuso y obstruyó esta ley de restricción del aborto durante once horas, demorando así su aprobación, al tiempo que miles de personas se habían congregado en el recinto para brindarle su apoyo. Recientemente, Davis reveló haber puesto fin a dos embarazos por motivos de salud en la década de 1990. Para ella, al igual que para todas las mujeres del país, este asunto político resulta profundamente personal. Se trata de un asunto que debería unir a personas provenientes de todo el espectro político. Se trata de vernos libres de la injerencia del gobierno a la hora de tomar las decisiones más íntimas de nuestras vidas.

Jefferson, Colorado: una gran lección de desobediencia civil

“No hagan de la historia un misterio” decía una de las pancartas sostenida en alto en una marcha realizada en el condado de Jefferson, Colorado hace pocos días. Estudiantes de secundaria de este distrito suburbano han abandonado masivamente sus clases durante la última semana en protesta por la censura prevista por la junta escolar del distrito del plan de estudios del curso de nivel pre-universitario de historia estadounidense del programa Advanced Placement (AP). La junta propuso la creación de una comisión que evalúe dicho curso, así como otros, y le agregue material “que promueva la ciudadanía, el patriotismo, los fundamentos y beneficios del sistema de libre mercado, el respeto por la autoridad y el respeto por los derechos individuales”. La propuesta de cambios incluye también eliminar todo material que en opinión de la junta “fomente o tolere la alteración del orden público, los conflictos sociales o la inobservancia de la ley”. La huelga estudiantil coincide con una protesta de varios días llevada a cabo por los docentes bajo la modalidad de inasistencia colectiva por pedido de licencias médicas. Paradójicamente, el intento de la junta escolar de suprimir la enseñanza de la historia de las protestas sociales en Estados Unidos ha provocado un masivo movimiento de protesta que crece día a día.

Desde hace mucho tiempo, las juntas escolares son uno de los objetivos electorales de la derecha estadounidense. En Jefferson, la actual mayoría conservadora obtuvo la victoria por escaso margen en noviembre de 2013, en una votación realizada fuera de año electoral que contó con escasa participación de votantes. Al respecto, John Ford expresó en el programa de noticias de “Democracy Now!”: “Votó aproximadamente un 33% del total de la población habilitada para votar. Las elecciones son importantes, principalmente las elecciones de las juntas escolares”. Ford es docente de estudios sociales en la secundaria Moore Middle School y presidente de la Asociación de Educación del Condado de Jefferson, que representa a más de 5.000 docentes, bibliotecarios, consejeros y empleados de ese distrito.

Con frecuencia se subestima el poder de las juntas escolares. Ashlyn Maher, una estudiante de nivel avanzado de la escuela Chatfield High School que colaboró en la organización de los paros estudiantiles, expresó: “El año pasado le presté mucha atención al desempeño de la Junta Escolar, y cada vez me preocupa más lo que está sucediendo”. La desobediencia civil ha tenido un importante papel en la historia de Estados Unidos, ampliamente conocido y narrado. La propia Declaración de la Independencia, tan preciada para conservadores y progresistas por igual, señala que “se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla”. Ashlyn Maher sostuvo también: “Considero haber estado defendiendo aquello en lo que creo y eso es lo que el pueblo estadounidense ha hecho durante siglos. Se trata de los cimientos de nuestro país. Yo misma tomé el curso de historia estadounidense de nivel pre-universitario del programa AP y lo único que me mostraron fueron hechos. Y luego yo formé mis opiniones basándome en esos hechos. Nunca se me dijo lo que tenía que pensar. Somos los estudiantes los que estamos al frente de estas manifestaciones y es lo que consideramos correcto hacer”.

Los docentes también se han enfrentado a la mayoría de la junta desde que asumió el poder. John Ford afirma: “Creo que es la combinación de varias cosas. Tenemos una mayoría en la junta que permanentemente durante los pasados diez meses ha actuado en secreto, derrochando el dinero de los contribuyentes y sin el menor respeto por nuestra comunidad. Por lo que si a todo eso le sumamos esta nueva comisión que tiene por objeto sanear o purificar planes de estudio, creo que una vez más están provocando irritación. Y teníamos una larga trayectoria de colaboración con la junta y el superintendente escolar. Pero todo eso ha llegado a su fin”, dijo Ford.

Una organización política de derecha de alcance nacional, Americans for Prosperity, financiada por los multimillonarios hermanos Koch, celebró la victoria conservadora en las elecciones de la junta escolar del condado de Jefferson. Dustin Zvonek, director de la organización para el estado de Colorado, escribió el pasado mes de abril que esas elecciones constituyeron “un momento emocionante y esperanzador para el condado y el distrito escolar”. Zvonek exhortó a los tres representantes por la mayoría a “golpear mientras el hierro esté aún candente”, y aunque podría no parecer el mejor de los consejeros, redactó: “Los integrantes de la junta escolar pueden y deben comenzar a explorar y discutir dichas opciones sin temor a tomar distancia de la amplia mayoría de la población”.

Pues bien, la población ha tomado amplia distancia. Los estudiantes de bachillerato continúan organizándose y a ellos se han unido recientemente los estudiantes de los primeros años de secundaria, quienes también han decidido manifestarse. Docentes universitarios locales han conformado un grupo de solidaridad. El miércoles, la Coalición Nacional Contra la Censura, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles y otras ocho organizaciones nacionales enviaron una carta a la junta escolar manifestando su oposición a la revisión propuesta del plan de estudios. En la carta, sostienen: “Sería casi imposible enseñar historia estadounidense sin hacer referencia a la ‘alteración del orden público’, concepto que se aborda de forma adecuada en relación a la Revolución Estadounidense, el movimiento de los trabajadores, el activismo por los derechos civiles y los derechos de los homosexuales, la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, las protestas por el derecho al voto, las manifestaciones de la población contra la guerra de Vietnam, la oposición al aborto, a la vigilancia por parte del gobierno y a un sinfín de otros hechos significativos en la historia de Estados Unidos. Decir a las escuelas que no pueden utilizar material que ‘fomente o tolere la alteración del orden público’ al tratar estos u otros temas equivale a decirles que dejen de enseñar historia”.

No sólo discrepan con la medida organizaciones de defensa de los derechos civiles. La propia organización College Board, que regula tanto los exámenes universitarios SATcomo el programa de cursos de nivel pre-universitario Advanced Placement, emitió un comunicado de apoyo a las manifestaciones estudiantiles en el que expresa: “Si una institución educativa o distrito escolar censura conceptos esenciales de un curso del programa de nivel pre-universitario Advanced Placement, dicho curso ya no podrá ser designado como parte del programa ‘AP’”.

Ashlyn Maher, sin mostrarse alterada por los comentarios del presentador de Fox News Channel que calificó a los estudiantes que salieron a manifestarse de “títeres” y “vándalos”, reflexionó antes de partir rumbo a la escuela: “Este tema no dejará de afectarme cuando me gradúe. Tengo un hermano y una hermana menores que van a crecer en la comunidad de Jefferson y quiero que tengan la mejor educación que sea posible”.

Y una clase de educación es lo que ciertamente ha brindado a la comunidad la nueva medida propuesta por los representantes por la mayoría en la junta escolar. Los estudiantes están recibiendo, y dando, grandes lecciones sobre el poder de las manifestaciones y la desobediencia civil.

 

El calentamiento global y la guerra: dos crisis mundiales íntimamente ligadas

 

Algunas horas después de que 400.000 personas participaran en la mayor marcha por el clima de la historia, Estados Unidos comenzó a bombardear Siria y así inició otra guerra. El Pentágono afirma que los objetivos eran instalaciones militares del Estado Islámico en Siria e Irak, además de un nuevo grupo terrorista, Khorasan. El Presidente Barack Obama está iniciando una nueva guerra, mientras no hace nada para combatir el cambio climático, que empeora cada día. El mundo atraviesa dos crisis que están íntimamente ligadas: el calentamiento global y las guerras. Existen soluciones a ambos problemas, pero lanzar bombas no es una de ellas.

“En las guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados; se siembran las semillas de conflictos futuros, las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida.” Este fue parte del discurso pronunciado en diciembre de 2009 por el Premio Nobel de la Paz de ese año, el Presidente Barack Obama. Cinco años más tarde, sus declaraciones se parecen a las noticias que recibimos a diario. El grupo pacifista PinkCode está exhortando al Presidente Obama a que devuelva el Premio Nobel.

En el mismo discurso, Obama afirmó: “El mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos durante décadas”. Obama también sostuvo: “Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego”.

De hecho, el Pentágono considera desde hace tiempo que el cambio climático es una gran amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. En su Examen Cuatrienal de Defensa de 2014, el Pentágono observó que los diversos efectos del cambio climático “empeorarán otros problemas en el extranjero como la pobreza, la degradación ambiental, la inestabilidad política y las tensiones sociales. Estas condiciones pueden dar lugar a la actividad terrorista y a otras formas de violencia”.

Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué no abordar la amenaza del cambio climático cuando aún estamos a tiempo? Asad Rehman de la federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional, quien viajó a Nueva York para participar en la Marcha por el clima, me dijo: “Si podemos conseguir los billones [de dólares] que conseguimos para financiar conflictos, ya sea que se trate de una invasión en Irak o Afganistán o ahora para el conflicto en Siria, estoy seguro de que podemos conseguir los fondos necesarios para lograr la transformación que se requiere hacer para brindar energía limpia y renovable a las 1.200 millones de personas que carecen de ella”.

Asad Rehman es un firme opositor del enorme gasto militar. Durante años fue activista contra la guerra y considera que hay un fuerte vínculo entre la guerra y el calentamiento global. “El petróleo ha sido una maldición para la gente de Medio Oriente, ha sido un presagio de los conflictos y de la violencia; de la destrucción de civilizaciones antiguas y de las vidas de millones de personas”.

Medea Benjamin, cofundadora de Code Pink, coincide con Rehman. Benjamin participó en la histórica Marcha por el clima y se sumó a otros miles de manifestantes al día siguiente para participar en la acción “Inundemos Wall Street” (Flood Wall Street), en la que 100 personas fueron arrestadas. Antes de ir a la Casa Blanca a protestar contra el bombardeo en Siria, Medea me dijo: “El petróleo es la base de la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente. Si no fuera por el petróleo de Irak, Estados Unidos nunca hubiera invadido ese país”.

El martes, más de cien líderes mundiales, junto con representantes del sector industrial, participaron en una cumbre no vinculante sobre el clima. La cumbre fue convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, con la esperanza de que daría el impulso necesario para las negociaciones formales sobre el cambio climático que procuran lograr un compromiso vinculante de los países del mundo para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento mundial de la temperatura a 2 grados Celsius. Se considera que un aumento de la temperatura de 2 grados es el límite máximo de aumento que el planeta, tal como lo conocemos, puede soportar.

Mientras las negociaciones sobre el clima no tienen mucho éxito ni atención mediática, el ataque del Presidente Obama contra el Estado Islámico y otros grupos considerados amenazas terroristas dominó la sesión de la Asamblea General de la ONU y fue el tema principal de una sesión especial del Consejo de Seguridad presidida por Obama. Al reflexionar sobre el futuro del movimiento mundial para combatir el cambio climático, Asad Rehman dijo: “Creo que los que participaron en la manifestación sin duda salieron de allí con más entusiasmo y con una mayor convicción de que el poder está en nuestras manos y no en ese edificio en Nueva York, no en la cumbre de la ONU”.

Antes de la invasión de Irak en 2003, el General estadounidense Anthony Zinni estimó que solo se podría tener éxito si se enviaba una fuerza de 400.000 soldados. Donald Rumsfeld envío menos de la mitad de soldados y bromeó al respecto: “Se va a la guerra con el ejército que se tiene, no con el ejército que se quisiera tener”. Fueron 400.000 las personas que asistieron a la marcha por el clima el domingo en Nueva York…un ejército de esperanza para un futuro sustentable.

Una semana por el clima que podría cambiarlo todo

La crisis climática está empeorando más rápido de lo esperado, según todas las previsiones científicas, y ocurre en paralelo a otra crisis: la del fracaso de las negociaciones sobre cambio climático de las Naciones Unidas. “Han estado negociando durante toda mi vida”, afirmó la joven activista Anjali Appadurai en la conferencia sobre cambio climático de la ONU en Durban, Sudáfrica, en 2011. Las negociaciones sobre cambio climático han estado estancadas debido a que varios países, especialmente el Estados Unidos presidido por Obama, están bloqueando el avance y ponen sus intereses nacionales por encima de los del planeta, que continúa calentándose a un ritmo posiblemente irreversible.

Anjali Appadurai, que fue designada portavoz de los jóvenes en la conferencia de Durban, afirmó ante los negociadores enviados por cada país: “Hablo en nombre de más de la mitad de la población del mundo. Somos la mayoría silenciosa. Nos dieron un espacio en este foro, pero nuestros intereses no están representados aquí. ¿Qué hace falta para participar en este juego? ¿Tener lobistas? ¿Tener el poder de influencia que tienen las empresas? ¿Tener dinero?”.

A tres años de esa conferencia, la Organización de las Naciones Unidas realizará una cumbre especial sobre el cambio climático el 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York, a la que se prevé que asistirán más de cien líderes mundiales. A diferencia de las negociaciones formales sobre el cambio climático de las Naciones Unidas, la finalidad de esta cumbre no vinculante, según la ONU, es: “Reunir voluntades políticas y movilizar la acción para generar las condiciones necesarias para alcanzar un resultado exitoso en las negociaciones”. Tras veinte años, los funcionarios de las Naciones Unidas aparentemente se dieron cuenta de que, si se dejan las negociaciones en manos de los sospechosos de siempre, es decir, de los gobiernos y las empresas, jamás se logrará un acuerdo legalmente vinculante sobre el cambio climático, previsto para la cumbre que se celebrará en París en diciembre de 2015. Ahora se considera que la movilización popular es un elemento fundamental para el éxito.

Los activistas defensores del medio ambiente protestaron indignados en la cumbre sobre el cambio climático celebrada en Copenhague en 2009, cuando el Presidente Obama hizo fracasar las negociaciones de la ONU al mantener reuniones a puertas cerradas con los países más contaminadores del planeta. En aquel entonces, la ONUrespondió expulsando a los activistas. Las negociaciones sobre el cambio climático de la ONU se realizan en diferentes partes del mundo, pero siempre dentro de establecimientos con máxima seguridad, lejos de la gente que sufre los efectos directos del cambio climático y lejos de los activistas por la justicia climática que se reúnen en las cumbres con la esperanza de presionar a los negociadores para que logren un acuerdo antes de que sea demasiado tarde.

Apenas días antes de la cumbre sobre el clima de la semana próxima, a la que solamente se puede asistir con invitación expresa de Ban Ki-moon, una amplia coalición realizará la Marcha de los Pueblos por el Clima. Se prevé que será la mayor marcha contra el cambio climático en la historia. Personas proveninentes de los más variados ámbitos sociales se reunirán en el lado oeste del Central Park, en Nueva York, el domingo 21 de septiembre. Los organizadores esperan una participación de más de 100.000 personas y se confirmó la asistencia de más de 32 bandas musicales.

La gente marchará en “bloques”. Al frente de la marcha estará el bloque “Frontlines of Crisis, Forefront of Change” (Primera línea de la crisis, vanguardia del cambio) que incluirá a representantes de pueblos indígenas y de otras comunidades que han sido directamente afectadas por la extracción de combustibles fósiles y los efectos del cambio climático. Los sindicatos de trabajadores y los estudiantes marcharán bajo el eslogan “Podemos construir el futuro”, seguidos de los grupos a favor de la energía alternativa, los alimentos sustentables y el agua, que marcharán bajo el lema “Tenemos soluciones”. El bloque “Sabemos quiénes son los responsables” se centrará en denunciar a las empresas de combustibles fósiles, a los bancos y a otros contaminadores. Los científicos y los activistas de diferentes religiones formarán el grupo “El debate se terminó”. Y, por último, marchará el bloque “Para cambiarlo todo, necesitamos de todos”, que agrupará al resto de las personas.

Uno de los principales organizadores de la Marcha de los Pueblos por el Clima es Bill McKibben, fundador de 350.org, una organización que combate el cambio climático y cuyo nombre proviene de las 350 partes por millón, que según los científicos es la máxima concentración de dióxido de carbono que debe haber en la atmósfera para tener un planeta seguro y sustentable. McKibben afirma: “En este momento, a excepción de un pequeño simulacro en Times Square, realmente no hay mucho más que pueda hacer la comunidad científica para advertirnos. Nuestros sistemas de advertencia temprana han funcionado, la alarma sonó. Todos nuestros satélites y sensores y súper computadoras han producido la información que necesitamos saber. La pregunta es: ¿haremos algo al respecto? Y la respuesta hasta ahora ha sido ‘no’. Ha sido ‘no’ en el Congreso de Estados Unidos, que, sin duda, no ha avanzado nada en este tema. Y no hay esperanzas de que se logren los dos tercios de votos necesarios para ratificar un tratado en el Senado. Esa es la dificultad en este momento en las negociaciones internacionales. La única forma en la que lograremos el cambio aquí o en cualquier otro lado es mediante la construcción de un gran movimiento. Es por eso que el 21 de septiembre en Nueva York, este evento que está siendo coordinado por todos estos grupos, es un día tan importante”.

El fin de semana, el Seminario Teológico de la Unión realizará una conferencia con miembros del clero del mundo entero, para hablar sobre las cuestiones morales planteadas por el calentamiento global provocado por el hombre. El lunes, al día siguiente de la gran marcha, grupos independientes planean “inundar” Wall Street. “Inundemos, bloqueemos, ocupemos y cerremos las instituciones que están lucrando con la crisis climática”, reza la página del grupo, que tiene una casilla para indicar si la persona está dispuesta a arriesgarse a ser arrestada. Un grupo que se autodenomina “Earth Quaker Action Team” realizará una puesta en escena de una investigación de las filiales del banco PNC en la ciudad de Nueva York por el delito de “interferir con el clima” debido a que el banco ha financiado proyectos de minería de carbón de remoción de la cima de la montaña.

Si bien la marcha por el clima del próximo domingo no incluirá discursos, ya que se trata de reunir al movimiento, el lunes, la autora Naomi Klein estará entre los oradores de las acciones que se realizarán en Wall Street. “Porque no tenemos líderes preocupados por el cambio climático reunidos en la ONU, es que la ONU solo ha logrado reunir fracasos. Y algunos de ellos ni siquiera asisten, como el Primer Ministro de mi país, Steven Harper, que es un delincuente climático tan grande que ha decidido saltearse todo el proceso y solamente aparece en las cenas después de la conferencia. Creo que el sentido de urgencia expresado en las calles se transmitirá y creo que será entonces que la gente lo llevará más lejos, lo llevará a quienes son realmente responsables de bloquear el avance. A muchas de las personas que están organizando ‘Flood Wall Street’ las conocí en el contexto de ‘Occupy Wall Street’ y entienden que nuestro sistema económico está sacrificando a la gente en nombre de las ganancias. Ya saben eso. Lo que nos dice el cambio climático es que esta misma lógica de lucro y crecimiento por encima de todo lo demás está sacrificando los propios sistemas vitales de los que todos dependemos. Y esa es una conexión evidente y hace que el movimiento tenga aún más urgencia. No se trata de un nuevo movimiento, son todos nuestros movimientos unidos”. El nuevo libro de Naomi Klein, titulado “Esto lo cambia todo: capitalismo vs. clima”, se publicó esta semana. Se trata de un llamamiento a la acción poderoso y apasionado que rompe con todos los esquemas. En el libro, la autora nos recuerda que: “El cambio climático lo cambia todo. Lo cambia todo porque si seguimos por el camino que estamos ahora, cambiará nuestro mundo físico a tal punto que será irreconocible. Aún es posible detener ese resultado catastrófico, pero eso implica cambiar todo nuestro sistema económico. La buena noticia es que, para mucha gente, ese sistema no está funcionando”.

El cambio climático lo cambia todo. Y por un breve período de tiempo, la naturaleza de ese cambio aún está en nuestras manos.

La marcha por el clima no se detiene

 

“Existen leyes injustas”, escribió Henry David Thoreau en su ensayo de 1849 titulado “Del deber de la desobediencia civil”. Thoreau, un pacifista y naturalista, se preguntaba en su obra: “¿Nos contentaremos con obedecerlas, trataremos de enmendarlas y las obedecemos hasta que lo hayamos conseguido o las transgrediremos desde un comienzo?”. Su respuesta fue simple: “Transgredan la ley”.

Eso es precisamente lo que hicieron Ken Ward Jr. y Jay O’Hara 164 años más tarde, el 15 de mayo de 2013. Navegaron en un pequeño barco pesquero llamado “Henry David T.” hasta un lugar de la costa de Massachusetts, cerca de la planta Brayton Point, una enorme central eléctrica de carbón construida en 1963 que es la mayor fuente de emisiones de carbono de la región. Anclaron allí y bloquearon el acceso al muelle, impidiendo que un buque descargara 40.000 toneladas de carbón. Colgaron carteles en el bote con la leyenda “El carbón es absurdo” y “350”, en referencia al grupo internacional de acción por el clima 350.org. Su nombre alude al nivel de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, 350 partes por millón (ppm), que los científicos consideran es el máximo aceptable para evitar que el cambio climático provocado por el hombre se convierta en catastrófico. Ward y O’Hara lograron impedir la descarga de carbón. Desde el bote llamaron a la policía local y más tarde fueron arrestados por la Guardia Costera de Estados Unidos.

O’Hara, un velero cuáquero de Cabo Cod, explicó: “Nos acusaron de cuatro delitos: de alterar el orden, de conspirar para alterar el orden, de manejo negligente de un buque a motor y de no haber impedido la colisión de un bote”. Por todo ello afrontaban una posible pena de varios años de prisión. Invocaron la “defensa por necesidad” al reconocer que incumplieron la ley, argumentando que lo hicieron para evitar un mal peor, es decir, la quema de carbón que aumenta el calentamiento global. El lunes 8 de septiembre, finalmente comparecieron ante el tribunal. El Fiscal de Distrito del Condado de Bristol, Sam Sutter, les ofreció un acuerdo: retirar los cargos penales en su contra a cambio de que se declararan culpables de un delito civil y fueran condenados al pago de una multa. Pero el fiscal Sutter fue incluso más lejos, bastante más lejos: cruzó la plaza que está frente al tribunal y pronunció un breve discurso que sorprendió a los dos acusados y a las alrededor de cien personas que estaban allí apoyándolos:

“La decisión que adoptamos Robert Kidd, el vicefiscal de Distrito a cargo del caso, y yo, fue una decisión que sin duda tuvo en cuenta el costo para los contribuyentes de Somerset, pero fue adoptada pensando en sus hijos, en los niños del Condado de Bristol y en los demás niños. El cambio climático es una de las peores crisis que nuestro planeta ha enfrentado en toda su historia. En mi humilde opinión, los líderes políticos no han hecho lo suficiente al respecto. Me llena de esperanza que hayamos logrado forjar un acuerdo que complace a ambas partes y que parece satisfacer a la policía y a las personas que están aquí para apoyar a los acusados. Además, me complace enormemente que hayamos alcanzado un acuerdo que simboliza el compromiso de la Oficina del Fiscal de Distrito del Condado de Bristol de asumir un papel de liderazgo con respecto a este tema”.

La increíble muestra de liderazgo político del fiscal de distrito Sam Sutter sin duda llega en un buen momento. Esta semana, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó su último boletín sobre los gases de efecto invernadero, en el que da a conocer estadísticas preocupantes acerca de la aceleración del cambio climático. “La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo récord en 2013”, informó la Organización Meteorológica Mundial. La concentración actual de dióxido de carbono es de 396 partes por millón. La OMM también advirtió que “El índice actual de acidificación de los océanos parece no tener precedentes, al menos en los últimos 300 millones de años”. El otro acusado de la acción frente a la planta Brayton Point, Ken Ward, ex director ejecutivo de Greenpeace Estados Unidos, señaló la urgencia con la que considera el cambio climático: “Este verano aprendimos que la capa de hielo de la Antártida occidental se está derrumbando de forma inevitable, lo que significa tres metros por encima del nivel del mar. Eso, para mí es realmente todo lo que necesitaba saber. Es decir, es un acontecimiento simbólico. De ahora en más, todo empeorará. Deberíamos estar adoptando medidas de emergencia en todas partes y la primera medida de emergencia es dejar de utilizar carbón”.

Henry David Thoreau es sobre todo conocido por su libro “Walden”, en el que describe el año que vivió en una cabaña que construyó en Walden Pond, cerca de Concord, Massachusetts. Thoreau se opuso a la invasión de Estados Unidos en México en 1847 y era un firme opositor de la esclavitud. Para protestar contra estas políticas violentas, decidió que no pagaría los impuestos. Cuando lo enviaron a prisión por ello, recibió una visita de su amigo, el poeta Ralph Waldo Emerson. Según cuenta la historia, Emerson le preguntó: “Henry, ¿qué estás haciendo aquí dentro?”, a lo que Thoreau respondió: “Waldo, ¿qué estás haciendo tú allí afuera?”. El ensayo de Thoreau sobre la desobediencia civil fue una de las primeras expresiones modernas de la táctica no violenta de la no cooperación. Sus palabras y sus acciones inspiraron a millones de personas, entre ellas a Gandhi y a Martin Luther King Jr.

El domingo 21 de septiembre se realizará en la ciudad de Nueva York la Marcha de los Pueblos por el Clima. Los organizadores prevén que será la mayor marcha por el clima en la historia. Su eslogan es: “Para cambiarlo todo, necesitamos de todos”. Sam Sutter dijo que participará, al igual que los dos activistas a los que condenó. Les pregunté al fiscal de distrito y a los acusados si marcharán juntos. Sonrieron. El fiscal Sutter respondió: “¿Por qué no? Me pueden llamar. Les daré mi

Internet Slowdown: prepárense para una red más lenta

Si el próximo miércoles 10 de septiembre sus sitios web preferidos demoran mucho tiempo en cargar, puede deberse a la campaña “Internet Slowdown”, un día de acción mundial organizado por Battle for the Net, un grupo que defiende la neutralidad en Internet. Quienes participen en esta acción no enlentecerán realmente la red, sino que colocarán en sus sitios web íconos animados que señalen que la página se está “cargando” para simbolizar lo que pronto podría ocurrir con Internet. Los organizadores de la acción denominan a esta señal “la gran rueda giratoria de la muerte”. Mientras gira la rueda, se están redefiniendo las reglas de funcionamiento de Internet. Las grandes empresas proveedoras de este servicio en Estados Unidos, como Comcast, Time Warner, AT&T y Verizon, están intentando cambiar el modo en que se rige nuestra actividad en la red.

La lucha por estas reglas se está librando ahora mismo. Las empresas proveedoras de Internet quieren crear una red de dos categorías, en la que algunos sitios web o proveedores de contenidos paguen para obtener acceso preferencial a los usuarios. Las grandes proveedoras de contenidos como Netflix, una empresa gigante de transmisión de películas en línea, pagarían más para garantizar que su contenido llegue a los usuarios a través de la vía rápida. Pero si, por ejemplo, una empresa nueva intentara competir con Netflix, pero no pudiera pagar a los grandes proveedores de Internet los elevados costos de utilizar la vía rápida, los usuarios podrían sufrir grandes demoras para acceder al servicio y, por lo tanto, no se suscribirían a él.

Internet está protegida de esta práctica discriminatoria de dos categorías mediante la denominada “neutralidad de la red”, un principio fundamental de navegación por Internet que permite a cualquier usuario acceder libremente a la red sin que ninguna empresa censure el contenido ni enlentezca la conexión. El catedrático Tim Wu fue quien desarrolló el concepto de neutralidad en la red. Actualmente, es candidato a Vicegobernador de Nueva York. “El motivo por el cual un millón de personas se tomaron el trabajo de escribir comentarios al Gobierno federal acerca de la neutralidad de la red es que consideran que la igualdad está siendo amenazada y conciben una Internet abierta, que ha sido siempre la base de la igualdad de expresión, en la que la voz de un bloguero desconocido tiene un peso similar al de un periódico poderoso, y dicen: ‘Queremos una Internet abierta. Creemos en una sociedad más igualitaria’. De algún modo, la pasión que despierta la defensa de la neutralidad de la red en este momento refleja realmente una preocupación más profunda con respecto a la creciente desigualdad en este país. La campaña “Internet slowdown” está pensada para mostrar cómo sería tener una red en la que los ricos obtengan una navegación más rápida y los pobres una más lenta. Es como dividir la acera a la mitad, o algo así. Es tan terrible que la gente se ha comenzado a entusiasmar al respecto”.

Debido a que gran parte del tráfico mundial de Internet pasa por Estados Unidos, el modo en que este país regule Internet afectará al mundo entero. Lamentablemente, la situación de la reglamentación sobre Internet en Estados Unidos, a cargo de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), está en crisis. Tom Wheeler, el presidente de la FCC nombrado por Obama, propuso una nueva reglamentación para Internet que eliminaría la neutralidad de la red y permitiría a las empresas proveedoras de este servicio crear dos vías separadas de transmisión de datos: una rápida y una lenta.

Analicemos el ejemplo de Netflix. La transmisión de video on line requiere un amplio ancho de banda. Los clientes del servicio de Internet para hogares de Comcast se quejaron de que su transmisión de Netflix era muy lenta y que sufría frecuentes interrupciones. De modo que en febrero de este año, Netflix accedió a pagar a Comcast una suma adicional para tener “prioridad de descarga”, lo que significa que la conexión a Internet de Netflix tendrá una velocidad de descarga más rápida que la de otros sitios, es decir, que sus contenidos se transmitirán por la vía rápida. Desde entonces, Netflix ha realizado acuerdos similares con AT&T, Verizon y Time Warner.

VHX es una pequeña nueva empresa de transmisión de video por Internet con sede en Nueva York. Su director ejecutivo, Jamie Wilkinson, expresó su preocupación en el blog de VHX: “Las empresas con las que competimos (Apple, Amazon, Google y las propias empresas de cable) pueden pagar por una ‘vía rápida’ de transmisión de contenidos…Nosotros no podemos darnos ese lujo”. Y añadió que VHX “vivirá o morirá” en función de la fuerza de la reglamentación de la neutralidad en la red.

También preocupa la censura que puedan ejercer las empresas. Supongamos que tenemos un sitio web que defiende los derechos sindicales y apoya a un grupo de trabajadores en huelga. Una gran empresa proveedora de servicios de Internet podría bloquear el sitio web y negar el acceso a información muy importante para la población. No se trata de un caso hipotético. En Canadá, en 2005, los trabajadores de la empresa proveedora de Internet Telus realizaron una huelga. Uno de ellos creó un sitio web denominado ‘Voices for Change’, en apoyo a la huelga. Telus negó a sus clientes de Internet acceso al sitio web hasta que la censura de la empresa se volvió noticia en todo el país. Sin embargo, si los grandes proveedores de Internet logran su objetivo, este tipo de censura se volverá habitual.

Además de la acción “Internet Slowdown” que se realizará el 10 de septiembre, los organizadores prometen “lograr que haya un número sin precedentes de correos electrónicos y llamadas telefónicas a legisladores”. La fundación Sunlight analizó 800.000 comentarios ya presentados ante la FCC sobre este tema, de los cuales un 99% apoyaba normas estrictas para proteger la neutralidad en la red. Los organizadores de la protesta están exigiendo que Internet sea considerado un servicio público, al igual que el teléfono. Lo que podría suceder con Internet si se pierde el principio de neutralidad es equiparable a que una empresa de telefonía pueda disminuir la calidad de sus llamadas telefónicas porque usted no contrató el servicio ‘premium’. Gracias a que los servicios públicos básicos, como el telefónico, están regulados por normas que impiden todo tipo de discriminación, toda la gente obtiene el mismo servicio. En la actualidad, la FCC ha clasificado a Internet como un “servicio de información”, lo que la somete a normas de protección del consumidor menos restrictivas.

Desde hace mucho tiempo se considera que la FCC es un “organismo cooptado”, controlado por las empresas que se supone debe regular. Antes de convertirse en presidente de la FCC, Tom Wheeler era un importante lobista de la industria de la telefonía celular y del cable. En las anteriores luchas por la reglamentación de Internet, las protestas públicas ganaron la batalla. Si el poder de la población no logra superar el poder del dinero de las empresas en Washington, entonces la campaña “Internet Slowdown”, más que un día de protesta, se convertirá en una situación permanente. Más allá de la postura que adopten, envíen un correo electrónico al Presidente Barack Obama y al presidente de la FCC, Tom Wheeler, mientras aún puedan hacerlo.

En su épico libro ganador del Premio Pulitzer “Los Cañones de Agosto”, la historiadora Barbara Tuchman relata cómo comenzó la Primera Guerra Mundial en 1914 y cómo la beligerancia, la vanidad y las políticas mediocres de líderes poderosos llevaron a millones de personas a una muerte sangrienta durante ese conflicto de cuatro años. Antes de que la gente se diera cuenta de que las guerras debían numerarse, a la Primera Guerra Mundial se la llamaba “La Gran Guerra” o “La Guerra que Pondrá Fin a Todas las Guerras”, lo cual no sucedió. Se trató de la primera guerra moderna, con matanzas masivas y tropas mecanizadas en tierra, mar y aire. Podemos mirar esa guerra en retrospectiva, hoy, a 100 años de su comienzo, como a través de un espejo distante. El reflejo de la situación en la que nos encontramos hoy luce desalentador visto desde el país más bélico de la historia de la humanidad, Estados Unidos.

Durante los primeros años del siglo XX, los líderes de los países de Europa tejieron una red de alianzas mediante tratados por los que cada país se obligaba a actuar militarmente en defensa de otro en caso de guerra. Cuando el hijo del emperador austríaco, el Archiduque Francisco Fernando, se encontraba de visita en Sarajevo el 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip, un nacionalista serbio de diecinueve años de edad, lo asesinó. Como relata Barbara Tuchman en su libro publicado en 1962, el Imperio austrohúngaro atacó a Serbia, lo cual desató una reacción en cadena, que implicó el involucramiento de Rusia, Francia, Bélgica y Gran Bretaña en la guerra contra el Imperio austrohúngaro, Alemania y el Imperio otomano.

Tras fracasar los planes de guerra de las distintas potencias, se inició un período de despiadada guerra de trincheras durante el cual millones de personas perdieron sus vidas bajo el incesante fuego de morteros, ametralladoras, gas mostaza y modernos aviones equipados con ametralladoras y bombas. Se estima que a lo largo de la guerra habrían muerto unos 9.700.000 soldados y 6.800.000 civiles.

¿Qué hemos aprendido del desastre de la Primera Guerra Mundial… si es que hemos aprendido algo? Pensemos en Gaza o en Ferguson, Missouri. Después de los casi 50 días de bombardeos sobre Gaza, por parte de un ejército israelí equipado con las armas más sofisticadas y mortíferas financiadas por Estados Unidos, las autoridades sanitarias de Gaza ubican la cifra de palestinos fallecidos en 2.139, de los cuales más de 490 son niños. Israel reportó 64 soldados fallecidos a consecuencia de su invasión terrestre en Gaza, así como la muerte de seis civiles. La angosta Franja de Gaza es uno de los lugares más densamente poblados de la Tierra y se encuentra sometida a un implacable sitio impuesto por Israel. Actualmente es una pila de escombros en la que las personas hurgan en busca de los cuerpos de sus seres queridos.

En Estados Unidos, la violencia de la policía en Ferguson, Missouri, suscitó manifestaciones y un debate a nivel nacional luego de que el agente Darren Wilson disparara y causara la muerte al adolescente afroestadounidense desarmado Michael Brown, pocos días antes de que éste ingresara a la universidad. El pequeño barrio de Ferguson, en St. Louis, cuenta con una fuerza policial altamente militarizada, con chalecos antibalas, vehículos blindados y armas automáticas. No es una casualidad que las imágenes de Ferguson sean similares a las de las calles de Bagdad o Kabul. El ejército estadounidense tiene un programa por el cual distribuye el excedente de material bélico entre fuerzas policiales municipales. Resulta menos oneroso para un Pentágono justo de presupuesto deshacerse de la artillería pesada que ya no desea y pasársela a la policía local en lugar de mantener un monumental arsenal de material en desuso. Pero, ¿para qué necesita armas de guerra nuestra policía?

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), Estados Unidos gastó en armamento militar 640 mil millones de dólares en 2013, poco más de un tercio del total mundial, que asciende a 1,7 millones de millones de dólares. El aumento del gasto en armamento por parte de otros países, principalmente China y Rusia, indica que no están conformes con el hecho de que Estados Unidos sea la única superpotencia mundial.

¿A dónde nos llevan esos millones y millones de dólares invertidos en armas? En pocas palabras: a la guerra. Gaza es solamente uno de los tantos ejemplos. La guerra civil en Siria atraviesa su tercer año y lleva ya más de 200.000 personas fallecidas. El grupo de combatientes islámicos conocido como ISIS ha tomado el control de extensas zonas de Siria e Irak. Su éxito cruel constituye otro ejemplo de lo que salió mal tras la desastrosa invasión y ocupación de Irak por parte de Estados Unidos y se ha visto enardecido además por la ira generada ante la devastación que Israel deja a su paso en Gaza. La Libia “liberada” por los ataques aéreos de la OTAN se encuentra en un estado de violenta anarquía. Siguen estallando conflictos, de los que prácticamente no se informa, en Sudán del Sur y en los lugares en los que, tal como informa Jeremy Scahill en su libro “Dirty Wars”, Estados Unidos sigue librando aún sus “guerras sucias”, por ejemplo Yemen, Somalia y Afganistán. La violencia se ha incrementado también en Ucrania, donde, según Naciones Unidas, han fallecido 1.200 personas a causa del conflicto armado, tomando en cuenta tan sólo el mes pasado.

Los millones de personas que murieron en vano durante la Primera Guerra Mundial han sido mayormente olvidadas un siglo después. Próximo a cumplirse el 50 aniversario de aquella guerra, Barbara Tuchman finalizó “Los Cañones de Agosto” con estas palabras: “Los países se vieron acorralados en una trampa… una trampa de la que no hubo y no ha habido salida”. Sin embargo, existe una fuerza más poderosa que la de los gobiernos de todos esos países: el poder de la gente que en todas partes dice “no”. La guerra no es la respuesta a los conflictos en el siglo XXI.

Espionaje y amenazas a la libertad de prensa en EE.UU.

El fantasma de Dred Scott recorre las calles de Ferguson. Miles de personas han participado esta semana en las manifestaciones contra el asesinato por parte de la policía de Michael Brown, un joven afroestadounidense que estaba desarmado, en el barrio de Ferguson, en St. Louis, Missouri. Pocos días antes de comenzar sus estudios universitarios, Brown murió desangrado a causa de los disparos policiales. Fue a plena luz del día. La policía dejó el cadáver del joven tirado en medio de la calle durante cuatro horas, detrás de la cinta policial, mientras los vecinos se acercaban a observar la escena horrorizados. Los ciudadanos protestaron, indignados, y la policía los reprimió con brutalidad. Vestidos con equipos paramilitares y desde vehículos blindados, los policías lanzaron gases lacrimógenos, balas de acero revestidas en goma y granadas de mano, y apuntaron armas automáticas contra los manifestantes. Una gran cantidad de periodistas y de manifestantes que protestaban pacíficamente fueron arrestados.

Las manifestaciones ocurrieron en la Avenida West Florissant, en Ferguson. A 6,5 kilómetros al sur del epicentro de las protestas, en la misma calle, en la tranquilidad del Cementerio de Calvary, yacen los restos de Dred Scott, un hombre que nació esclavo y que se volvió famoso por haber luchado ante la justicia para obtener su libertad. El fallo del caso de Dred Scott, emitido en 1857, fue ampliamente considerado el peor de la historia de la Corte Suprema de Estados Unidos. La Corte falló que los afroestadounidenses, esclavos o libres, jamás podrían ser ciudadanos.

Dred Scott nació en la esclavitud en Virginia alrededor del año 1799 (el mismo año en que murió el Presidente George Washington, un conocido propietario de esclavos de Viriginia). El dueño de Scott se mudó a Virginia y lo llevó a Missouri, un estado esclavista. Fue vendido a John Emerson, un cirujano del Ejército de Estados Unidos. En 1847, Scott entabló una demanda contra Emerson ante un tribunal de St. Louis para exigir su libertad. Scott y su familia ganaron el juicio y su libertad en primera instancia, pero esta decisión más tarde fue revocada por la Corte Suprema de Missouri. El caso luego pasó a consideración de la Corte Suprema de Estados Unidos.

En el fallo de la Corte, el Presidente, Roger Taney, defensor de la esclavitud, escribió: “Un negro libre de raza africana, cuyos ancestros fueron traídos a este país y vendidos como esclavos, no es un ‘ciudadano’ en el sentido en que lo establece la Constitución de los Estados Unidos”. Fue así que la Corte falló que todas las personas afroestadounidenses, libres o esclavas, no eran ciudadanos y jamás lo serían.

El fallo también declaraba inconstitucional el Compromiso de Missouri, un acuerdo que convertía a Missouri en estado esclavista, pero establecía que los territorios del norte de Estados Unidos, un país que experimentaba una rápida expansión, serían territorios libres donde la esclavitud estaría prohibida. El fallo del caso Dred Scott abrió estos nuevos territorios a la esclavitud y fue considerado una victoria para los estados esclavistas del sur. La decisión sorprendió a todo el país. Abraham Lincoln invocó la decisión en su famoso discurso conocido como “Casa dividida”: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie. Creo que este gobierno no puede continuar de forma permanente siendo mitad esclavo y mitad libre”, afirmó Lincoln. El fallo Dred Scott ayudaría a que Lincoln fuera elegido presidente y contribuiría a empujar al país a la guerra civil.

El catedrático john a. powell (que escribe su nombre en minúscula) dicta cursos sobre Dred Scott. powell es profesor de derecho y estudios afroestadounidenses de la Universidad de California, Berkeley y considera que existe un vínculo entre ese terrible fallo y los problemas que atraviesa actualmente Estados Unidos. Powell me dijo: “Aún no hemos reconocido plenamente a los negros y a otras personas como ciudadanos plenos, como personas plenas”. Las manifestaciones en Ferguson surgen en parte, según afirma, debido a que “la comunidad negra tiende a sufrir en forma excesiva el control policial y está desprotegida”.

Ferguson simboliza las profundas divisiones raciales que persisten hoy en día en Estados Unidos. Desde la década de 1980, la ciudad ha pasado de tener una población mayoritariamente blanca a una mayoritariamente negra. Sin embargo, el alcalde es blanco. El concejo municipal de la ciudad está integrado mayoritariamente por personas de raza blanca, al igual que la junta escolar. Quizá el hecho más significativo para las protestas sea que 50 de los 53 oficiales de policía son blancos. El Pastor Michael McBride, de Berkeley, California, ha estado en Ferguson organizando a la comunidad tras el asesinato de Michael Brown. Parado de pie a tan solo unos metros de un vehículo militar Humvee, afirmó que la violencia policial sistémica es consecuencia del “miedo irracional a los hombres de raza negra…Y si le temen tanto a los hombres negros, no deberían ser policías en las comunidades negras”.

Los habitantes de Ferguson exigen justicia para Michael Brown y el arresto de Darren Wilson, el oficial de policía que lo mató. Varios grupos están exigiendo que un fiscal especial se haga cargo del caso, que se retire de Ferguson a la Guardia Nacional y que el Departamento de Justicia inicie una investigación de todos los casos en que la policía ha disparado a personas no blancas que no portaban armas.

Dred Scott perdió el juicio ante la Corte Suprema de Estados Unidos en 1857, pero con el tiempo ganó su libertad de otro dueño. Lamentablemente, Scott murió de tuberculosis un año más tarde, en 1858. A pocos kilómetros del lugar donde yacen sus restos, en medio de la nube de gases lacrimógenos, aún resuena el eco de su vida y de su lucha.

Espionaje y amenazas a la libertad de prensa en EE.UU.

Según lo previsto, pronto se iniciará el juicio en la causa por espionaje iniciada por el gobierno de Obama contra el presunto informante de la CIA Jeffrey Sterling, seis años después de la presentación de cargos en su contra. Aparte de Sterling, se llevará a juicio además a uno de los principales pilares de nuestra sociedad democrática: la libertad de prensa. Los fiscales federales alegan que Sterling filtró información confidencial al autor y periodista del New York Times, James Risen. Risen ha escrito varios artículos en los que saca a la luz asuntos de seguridad nacional. En uno de ellos, publicado en su libro de 2006 “State of War” (en español: “Estado de Guerra”), Risen detalla una operación fallida de la CIA cuyo objetivo era hacer entrega de planos defectuosos de bombas nucleares al gobierno de Irán a fin de perjudicar el supuesto programa de armamento de ese país.

Los fiscales consideran que fue Sterling quien filtró los detalles de esa operación a Risen y pretenden que éste haga pública su fuente ante la justicia. Risen se ha negado hasta el momento a divulgar su fuente, amparándose en las protecciones a la libertad de prensa establecidas en la Primera Enmienda y ha jurado ir a la cárcel antes que “renunciar a todo aquello en lo que creo”, según sus propias palabras.

El rol que juegan las fuentes confidenciales en el periodismo de investigación tal vez haya sido demostrado de manera fehaciente por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein. Woodward y Bernstein tenían una fuente confidencial apodada “Garganta Profunda” que les dio pistas, les confirmó información y les sugirió “rastrear la ruta el dinero”. Con ayuda de esa fuente descubrieron actos ilícitos llevados a cabo en las más altas esferas del gobierno, los cuales posteriormente llevaron a presentar su renuncia al Presidente Richard Nixon hace más de 40 años, en 1974, a fin de evitar un juicio político.

Aproximadamente en el mismo momento, revelaciones acerca de hechos ilícitos y rotundos delitos en el seno delFBI, la CIA y la NSA suscitaron investigaciones por parte del Congreso que derivaron en la aprobación de nuevas leyes, como la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés), la cual se suponía debía controlar los abusos, al exigir órdenes judiciales para la vigilancia.

Pero luego tuvieron lugar los ataques del 11 de septiembre de 2001, y como da cuenta actualmente el sentido común, “todo cambió”. El gobierno de George W. Bush dio inicio a una amplia gama de actividades, entre ellas, tortura, secuestros, escuchas telefónicas sin orden judicial y, por supuesto, la invasión y ocupación de Irak sobre la base de información de inteligencia falsa y de una extensa campaña propagandística, llevada a cabo con amplia complicidad de los medios masivos de comunicación.

Estos abusos salieron a la luz gracias a la labor de periodistas de investigación como James Risen y de informantes que corrieron grandes riesgos, a nivel personal y profesional, para llamar la atención de la población sobre los abusos de poder cometidos. Risen llevó su caso ante la justicia y logró que un juez de distrito dejara sin efecto la citación que pendía sobre él. El Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito, que tiene jurisdicción sobre Virginia y Maryland, donde la CIA y la NSA tienen sus respectivas sedes principales, reinstauró la citación. Posteriormente, la Corte Suprema de Estados Unidos, a instancias del gobierno de Obama, se negó a tratar el caso. Risen agotó entonces sus posibilidades de apelación y deberá testificar en el juicio de Sterling o enfrentar cargos por desacato, que podrían implicar importantes multas y tiempo de reclusión.

“Mientras sea Fiscal General”, sostuvo el Fiscal General Eric Holder, “ningún periodista que esté haciendo su trabajo irá a la cárcel”. Pero si los fiscales federales del caso Sterling obligan a Risen a atestiguar, no queda claro de qué servirá la promesa de Holder.

Uno de los motivos por los que el juez federal dejó sin efecto la citación de Risen fue que, según razonó el juez, los fiscales ya tenían un caso firme contra Sterling y no necesitaban que Risen confirmara que Sterling fue la fuente. Las evidencias contra Sterling incluyen los estados de cuenta de las tarjetas de crédito y cuentas bancarias de James Risen, así como sus registros telefónicos y otra información que presuntamente los vincularía. He aquí otra profunda amenaza al periodismo: el nivel sin precedentes de vigilancia de todas las personas, incluidos los periodistas. Paradójicamente, fueron James Risen y su colega Eric Lichtblau quienes primero sacaron a la luz el programa de escuchas telefónicas sin orden judicial del gobierno de Bush en un artículo escrito en el año 2004 que fue retenido por el entonces editor en jefe, Bill Keller, hasta después de las elecciones presidenciales del 2004, en las que resultó reelecto el Presidente Bush.

La organización Human Rights Watch y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles emitieron conjuntamente en el mes de julio un informe titulado: “Con libertad para vigilar a todos: Cómo la vigilancia a gran escala de Estados Unidos perjudica al periodismo, a la ley y a la democracia estadounidense”. Al detallar los impactos negativos que tiene la vigilancia masiva sobre el periodismo, citan a Brian Ross, corresponsal en jefe de investigaciones de ABC News, quien expresó: “Siento que tenemos que actuar como si fuéramos de la mafia. Tenemos que ir por ahí con un monedero lleno y si se encuentra un teléfono público, hay que usarlo, o como hacen los traficantes de drogas, hay que usar teléfonos prepagos desechables. Estos son los pasos que tenemos que dar para librarnos del rastreo electrónico. Tener que tomar este tipo de medidas hace que los periodistas nos sintamos como si fuésemos criminales y como si estuviésemos haciendo algo malo. Y no creo que sea así. Creo que estamos brindando un servicio útil a los estadounidenses para que sepan lo que está pasando en su gobierno y lo que está sucediendo”.

No, los periodistas de investigación no son culpables de hacer nada malo. La organización activista online Roots Action ha publicado una solicitud, que cuenta con más de 125.000 firmas, en la que exhorta al Presidente Obama y al Fiscal General Holder a detener las acciones judiciales contra James Risen. Varias organizaciones en favor de la libertad de prensa han expresado su apoyo a Risen públicamente, al igual que lo han hecho veinte ganadores de Premios Pulitzer. En definitiva, reprimir a la prensa viola el derecho de la población a saber. Existe una razón por la que el periodismo se encuentra amparado por la Constitución de Estados Unidos: la libertad de prensa es una instancia fundamental de control y equilibrio, necesaria para que quienes detentan el poder rindan cuentas ante la sociedad. El periodismo resulta esencial para el funcionamiento de una sociedad democrática.

Hiroshima y Nagasaki 69 años después

“Odio la guerra”, afirmó Koji Hosokawa cuando nos encontrábamos junto a la llamada Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima, Japón. En un extremo del Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima se erige el esqueleto de un edificio de cuatro pisos. El edificio fue uno de los pocos que quedaron en pie después de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto de 1945 a las 8.15 de la mañana. Tres días más tarde, Estados Unidos lanzó una segunda bomba en Nagasaki. Cientos de miles de civiles murieron, muchos al instante y otros tantos lentamente como consecuencia de quemaduras graves y de lo que más tarde pasó a conocerse como enfermedades provocadas por la radiación.

El mundo observa horrorizado los diversos conflictos militares de la actualidad, que dejan tras de sí solo más destrucción. En Libia y en Gaza, en Siria, en Irak, Afganistán y Ucrania. No muy lejos de los muertos y los heridos de esos conflictos, los misiles nucleares aguardan alertas, en espera del terrible momento en que la arrogancia, un accidente o la falta de humanidad provoquen el próximo ataque nuclear. “Odio la guerra”, reiteró Hosokawa. “Odio la guerra, no a los estadounidenses. La guerra vuelve locas a las personas”.

En 1945, Koji Hosokawa tenía 17 años. Trabajaba en el edificio de la compañía telefónica, a menos de 3 kilómetros de distancia de la zona cero, donde cayó la bomba: “Estaba a tres kilómetros hacia el noreste de esta zona. Allí fui expuesto a la bomba. Había un edificio muy robusto, de modo que sobreviví de milagro”. Su hermana de 13 años no corrió con la misma suerte: “Mi hermana menor también había ido a trabajar y se encontraba a 700 u 800 metros de distancia del hipocentro y allí fue expuesta a la bomba. Estaba con una maestra y los alumnos. En total, las 228 personas que estaban allí junto a ella murieron”.

Caminamos por el parque hacia el Museo de la Paz de Hiroshima. Allí se exhiben las imágenes de la muerte: las sombras de las víctimas quemadas proyectadas en los muros de los edificios, las fotografías del caos que sobrevino a la bomba y de las víctimas de la radiación. Casi siete décadas más tarde, a Hosokawa aún se le llenan los ojos de lágrimas al relatar lo sucedido. “El mayor dolor de mi vida es que mi hermana menor haya muerto por la bomba atómica”, sostuvo.

Un día antes de reunirme con Koji Hosokawa estuve en Tokio, donde entrevisté a Kenzaburo Oe, ganador del Premio Nobel de Literatura. “Cuando era niño, a los 12 años de edad, Japón ingresó en la guerra y fue al final de la guerra que Japón sufrió los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. En aquel entonces sufrí una gran conmoción, pero también mi madre, nuestras familias, todas las personas en aquel entonces estaban azoradas por la bomba atómica. Se trataba de la mayor catástrofe que jamás habíamos experimentado, por eso el sentimiento de tener que sobrevivir a esto, de superarlo y empezar de nuevo fue muy poderoso”.

Ahora, con casi 80 años, Kenzaburo Oe ha reflexionado mucho acerca de la conexión que existe entre la bomba atómica y el desastre de Fukushima, la planta nuclear que colapsó cuando un terremoto y un tsunami devastadores azotaron Japón el 11 de marzo de 2011. El Premio Nobel le dijo al periódico francés Le Monde: “Hiroshima debe quedar grabado en nuestra memoria: es una catástrofe más terrible que los desastres naturales porque fue provocada por el hombre. Repetirla, al mostrar la misma falta de respeto por la vida humana con la construcción de plantas de energía nuclear, es la peor traición a la memoria de las víctimas de Hiroshima”, afirmó.

Tras el desastre de Fukushima, Oe afirmó: “Todos los japoneses sintieron un profundo arrepentimiento …El aire que se respiraba en Japón era casi el mismo que tras la bomba de Hiroshima al finalizar la guerra. Debido a este clima, el Gobierno [en 2011], con el consentimiento de la población japonesa, prometió deshacerse o desactivar las más de 50 plantas nucleares de Japón”, sostuvo el Premio Nobel.

Sobrevivientes de la bomba atómica como Koji Hosokawa, escritores como Kenzaburo Oe, al igual que cientos de miles de personas que ahora son ancianas, han sido testigos del surgimiento de la era nuclear en 1945 y han vuelto a experimentar sus devastadoras posibilidades recientemente en Fukushima. A pesar de plantear riesgos diferentes para la humanidad, hay un vínculo entre los arsenales de armas nucleares y las plantas nucleares, ya que los productos derivados de algunas plantas nucleares pueden utilizarse como material para fabricar ojivas nucleares. Ya sea que se trate de un acto de guerra, de un acto de terrorismo proveniente de un arma nuclear que cayó en manos de un actor no estatal o de un accidente en una planta nuclear, los desastres nucleares son terriblemente destructivos, pero son totalmente evitables. Necesitamos una nueva forma de pensar, un nuevo esfuerzo para eliminar las armas nucleares y pasar a utilizar energía segura y renovable en todo el mundo.

Cuando nos íbamos del Parque de la Paz de Hiroshima, Koji Hosokawa me pidió que me detuviera. Me miró a los ojos y me dijo que no me olvidara de las víctimas: “Todas esas personas vivían aquí”, afirmó. “Vivían aquí”.

Una venerable voz judía a favor de la paz

El ataque de Israel contra la población palestina de la Franja de Gaza ya lleva más de tres semanas. El actual ataque militar terrestre, marítimo y aéreo ha durado más que el terrible ataque de 2008/2009, en el que murieron 1.400 palestinos. El número de muertos es de al menos 1.400 personas, en su gran mayoría civiles. Al momento de escribir esta columna, las Naciones Unidas confirmaron que una escuela de la ONU en Gaza, en la que miles de civiles estaban refugiados, fue atacada por las Fuerzas de Defensa israelíes, dejando un saldo de al menos 20 personas muertas. Las Naciones Unidas informaron 17 veces las coordenadas exactas del refugio a las fuerzas israelíes.

Democracy Now! entrevistó a Henry Siegman, un referente del pensamiento judío en Estados Unidos y presidente del “US/Middle East Project” (Proyecto Medio Oriente/Estados Unidos). Siegman es rabino y ex director ejecutivo del Congreso Judío Estadounidense y del Consejo de Sinagogas de Estados Unidos, dos de las principales organizaciones judías del país. Siegman sostiene que la ocupación israelí de los territorios palestinos debe terminar.

“Hay un dicho talmúdico en la ‘Ética de los padres’ que sostiene ‘No juzgues a tu prójimo hasta no haber estado en su lugar’. Entonces, mi primera pregunta al abordar cualquier problema relacionado con la cuestión israelí-palestina es: ¿qué haríamos si estuviéramos en su lugar’. ¿Qué sucedería si la situación se reviritera y la población judía fuera sitiada o se le dijera: ‘Les damos menos de un 2% de Palestina. Ahora compórtense. Nada de resistencia y permítannos encargarnos del resto’. ¿Acaso algún judío hubiera dicho que es una propuesta razonable?”.

Siegman continuó: “En las circunstancias actuales, Israel tiene derecho de hacer lo que está haciendo ahora y, por supuesto, como se ha sostenido, incluso el Presidente de Estados Unidos lo ha afirmado en reiteradas ocasiones, ningún país aceptaría vivir bajo esa amenaza permanente. Aunque le faltó decir, y es lo que invalida y socava el principio, es que ningún país ni ninguna población aceptaría vivir del modo en que se ha obligado a vivir a la gente de Gaza. Y, por consiguiente, eso también invalida esta ecuación moral que pone a Israel en el lugar de la víctima que debe actuar para evitar que la situación continúe de esta manera. Y nuestros medios rara vez señalan que los palestinos de Gaza o Hamas, la organización a cargo de Gaza, que son los atacantes, también tienen derecho a tener una vida normal y digna y que ellos también deben pensar ‘¿qué podemos hacer para poner fin a esta situación?’”.

Henry Siegman nació en Alemania en 1930. Él y su familia fueron perseguidos por los nazis. “Viví dos años bajo la ocupación Nazi, la mayor parte del tiempo corriendo de un lugar a otro, ocultándome. Siempre pensé que la lección más importante del Holocausto no es que existe el mal, que hay personas malvadas en el mundo que pueden hacer las cosas más crueles e inimaginables. Ese no fue el principal aprendizaje del Holocausto. El gran aprendizaje del Holocausto es que la gente de bien, cultivada, que generalmente consideraríamos buenas personas, puede permitir que ese mal se imponga. La población alemana, que no eran monstruos, permitió que la maquinaria nazi hiciera lo que hizo”.

El padre de Siegman fue uno de los líderes del movimiento sionista europeo, que reclamaba una patria para el pueblo judío. Siegman contó: “Yo era un ferviente sionista ya desde niño. Recuerdo que en el barco que me trajo aquí, cuando estábamos viniendo a Estados Unidos y tendría 10 u 11 años de edad, escribía poesía y canciones sobre el cielo azul de Palestina. En aquella época la denominábamos Palestina”.

En Estados Unidos, Henry Siegman se convirtió en un importante referente de la vida judía estadounidense. Cuando le pedí que reflexionara sobre el ataque actual contra Gaza, sostuvo: “Es desastroso. Tanto en términos políticos como desde el punto de vista humanitario. Cuando uno se pone a pensar que esto es lo que hace falta para que Israel sobreviva, que el sueño sionista se basa en el asesinato reiterado de personas inocentes a la escala que vemos hoy en la televisión, se trata de una crisis muy profunda del pensamiento de todos los que estamos comprometidos con la creación de un Estado y su éxito”.

Le pedí a Siegman que mirara un fragmento del programa “Face the Nation”, de la cadena CBS. El presentador, Bob Schieffer, finalizó recientemente el programa con el siguiente comentario: “En Medio Oriente, el pueblo palestino se encuentra bajo el control de un grupo terrorista que se ha embarcado en una estrategia para que sus propios niños sean asesinados para lograr compasión con su causa. Esta estrategia probablemente esté funcionando, al menos en algunas partes. La semana pasada, encontré una cita de hace muchos años de Golda Meir, una de las primeras líderes de Israel, que bien podría haber sido pronunciada ayer: ‘Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos’, afirmó, ‘pero jamás podremos perdonarlos por obligarnos a matar a sus hijos’”.

Siegman dijo que había visto el programa y respondió: “Conocí a Golda Meir y escuché su comentario. En aquel entonces pensé —y ahora también pienso— que es una declaración terriblemente hipócrita. Esta declaración la realizó la misma mujer que dijo: ‘Los palestinos…no existen los palestinos. Yo soy palestina’. Si no quieres matar a los palestinos, si te provoca tanto dolor, no debes matarlos. Puedes darles sus derechos y puedes poner fin a la ocupación. Y, ¿culpar a los palestinos de la ocupación y del asesinato de inocentes del que estamos siendo testigos en este momento en Gaza? ¿Por qué? ¿Por querer un Estado propio? ¿Por querer lo que los judíos quisieron y lograron? Lo encuentro, para decirlo en términos suaves, poco digno de admiración. Hay algo profundamente hipócrita acerca de su declaración original y acerca de repetirlo al aire ahora como una gran reflexión moral”.

Mientras Estados Unidos continúa suministrando armas a Israel, más de 250 niños han muerto en Gaza. En lugar de darle armas, Estados Unidos y el resto del mundo deberían presionar a Israel para que ponga fin a la matanza.

Bloqueo informativo sobre Gaza: un enemigo a vencer

Según información de Naciones Unidas, durante los últimos dos días ha sido asesinado un niño por hora en Gaza. En total, el ejército israelí ha asesinado a más de 700 palestinos, en su amplia mayoría civiles, desde el comienzo de los ataques contra Gaza hace más de dos semanas. Detalles de la masacre salen a la luz en medios de comunicación de todo el mundo y dan horrenda cuenta de niños asesinados en la playa, de bombardeos contra unidades de cuidado intensivo de hospitales, de trabajadores de emergencia médica asesinados por francotiradores israelíes mientras buscaban heridos entre los escombros. Las organizaciones de la resistencia armada de Gaza, principalmente el brazo armado del gobierno electo de la zona, Hamas, han lanzado miles de cohetes de fabricación casera que han provocado la muerte de tres personas en Israel. Desde que Israel inició su invasión terrestre a Gaza han muerto más de 30 soldados israelíes. Una de las mayores dificultades para poder comprender la situación en Israel y los territorios palestinos ocupados es obtener información confiable. Esta última ofensiva contra Gaza reafirma el papel clave que desempeñan los medios masivos de comunicación estadounidenses en mantener el bloqueo informativo. Pone de relieve además la creciente importancia de la presión que ejercen las redes sociales.

Hay un titular que lo dice todo: “Misil en café de playa de Gaza encuentra a clientes reunidos para ver la Copa Mundial de Fútbol”. Este titular fue publicado por el periódico New York Times en referencia a un misil lanzado por Israel, que causó la muerte de al menos ocho personas en una playa de la localidad de Khan Younis en Gaza. Ali Abunimah, destacado periodista palestino-estadounidense cofundador del sitio web The Electronic Intifada, publicó irónicamente en Twitter: “Misil israelí pasa por café de Gaza para tomar algo y conversar con sus amigos palestinos”. La extraña y pasiva formulación del titular original desató una tempestad de comentarios en las redes sociales. Ali Abunimah se refirió a ello en el programa de DemocracyNow!: “Es muy simple, el titular del New York Times hace pensar que el misil de Israel pasó por el café para mantener una amistosa conversación. Pero lo que el misil hizo en realidad fue volar en mil pedazos a varias personas que habían ido a la playa a fin de escapar del horror de la matanza que lleva a cabo Israel en el resto de Gaza para mirar un partido de la Copa Mundial de Fútbol como miles de millones de personas en todo el mundo. Y murieron allí. Eso es lo que sucedió. Pero no es eso lo que surge del titular del New York Times”. Finalmente, el New York Times reemplazó el titular por: “Buscan entre escombros de café de Gaza a víctimas que habían ido a ver un partido de fútbol”.

No se trata de la primera vez que un importante medio de comunicación recibe un golpe por su cobertura de esta última ofensiva contra Gaza. El 16 de julio, el periodista deNBC Ayman Mohyeldin fue testigo de un ataque israelí perpetrado en una playa de Gaza que causó la muerte a cuatro niños que jugaban al fútbol. Tras el mortal ataque, las explícitas publicaciones en Twitter de Mohyeldin alarmaron al mundo con la noticia. Su tuit decía: “Cuatro niños palestinos asesinados en un ataque aéreo israelí. Minutos antes de que fueran asesinados frente a nuestro hotel, yo estaba jugando a la pelota con ellos #gaza”. Mohyeldin publicó que eran todos primos hermanos. Y publicó también sus nombres y sus edades:

“1) Ahed Atef Bakr, 10 años

2) Zakaria Ahed Bakr, 10 años

3) Mohamed Ramez Bakr, 11 años

4) Ismael Mohamed Bakr, 9 años”

Ayman Mohyeldin se trasladó rápidamente al hospital Al-Shifa y presenció el momento en que la familia Bakr se enteró del asesinato de los niños. Lo normal hubiera sido que el testigo presencial del hecho diera la noticia, pero en lugar de ello, apareció en la pantalla del programa NBCNightly News el periodista Richard Engel informando desde Tel Aviv. El periodista ganador del Premio Pulitzer Glenn Greenwald me contó durante el programa de noticias de Democracy Now! lo que sabía respecto a la decisión tomada por la NBC en relación a Mohyeldin luego de que informó sobre las muertes: “Lo que resulta increíble en realidad es que, más tarde, ese mismo día, luego de lo que podría considerarse el mayor, o uno de los mayores sucesos de la carrera periodística de Mohyeldin, tras provocar realmente un gran impacto en la comprensión que el mundo tiene de lo que está pasando en Gaza, no sólo le impidieron aparecer al aire para hablar de ello en NBCNews, sino que además le ordenaron abandonar Gaza inmediatamente”.

Las redes sociales se encendieron en señal de protesta, con el hashtag #letAymanreport (“dejen-que-Ayman-informe”, en español). El viernes por la noche, NBC anunció que Mohyeldin regresaría a Gaza. Mohyeldin publicó en Twitter: “Gracias por todo su apoyo. Regreso a #Gaza para informar. Orgulloso del permanente compromiso de la NBCcon dar cobertura al lado palestino de la historia”.

Sin embargo, en los estudios de NBC, el problema no estaba resuelto. Rula Jebreal es una escritora y analista política palestina. Trabaja como colaboradora externa para el canal de noticias MSNBC, donde, durante una entrevista efectuada esta semana, criticó la cobertura sobre Gaza realizada por esa cadena de televisión por cable.

“Somos ridículos. En relación a este tema, nuestra cobertura es asquerosamente parcial. Miren [cuánto] tiempo de aire destinan diariamente [al Primer Ministro Benjamin] Netanyahu y los suyos los programas de este canal. Nunca he visto que entrevisten a ningún palestino en relación a los mismos temas”. Poco después, Rula publicó en Twitter: “¡Mi próxima aparición en televisión fue cancelada! ¿Existe alguna relación entre lo que expuse y la cancelación?” Si bien el presentador de MSNBC Chris Hayes valientemente la invitó a su programa para hablar sobre sus críticas, Jebreal no está segura de que le renovarán su contrato.

A comienzos de esta última ofensiva contra Gaza, le pregunté a Joshua Hantman, alto asesor del embajador de Israel en Estados Unidos, acerca de la creciente cifra de muertos, la mayoría de los cuales son civiles. Su respuesta provoca escalofríos: “Seré honesto, la precisión es espectacular. No ha habido otro ejército en la historia del mundo que de hecho haya utilizado blancos de tanta precisión”. El terror y la muerte sembrados por la precisión de la cual se enorgullece Hantman quedan claros día tras día gracias a la labor de demasiados pocos periodistas valientes, que reciben apoyo de una ciudadanía mundial comprometida que hace uso de las redes sociales para vencer el bloqueo impuesto por los medios masivos de comunicación tradicionales.