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Imaginemos algo diferente

“Imaginen si hiciéramos algo diferente”.

Esas fueron tan solo cinco de las casi 7.000 palabras que el presidente Barack Obama pronunció durante su discurso del Estado de la Unión esta semana. Obama pronunció su discurso ante las dos cámaras del Congreso, cuya mayoría está en manos de sus más implacables opositores. Lo más importante, sin embargo, es que se dirigía al país. De forma característica, Obama empleó una retórica muy encendida para transmitir su mensaje a favor del bipartidismo. “La sombra de la crisis ya pasó, y el Estado de la Unión es fuerte”, aseguró.

¿Para quiénes pasó la sombra de la crisis? ¿Y para quién es fuerte esta Nación?

“¿Aceptaremos una economía donde solo a unos pocos de nosotros les va muy bien? ¿O vamos a comprometernos con una economía que genere mayores ingresos y oportunidades para todos los que hagan el esfuerzo?”.

Oxfam, la organización internacional de lucha contra la pobreza, opinó sobre esta cuestión en un informe publicado el día anterior al discurso de Obama, titulado “Riqueza: Tenerlo todo y querer más”. Oxfam analizó los datos del informe mundial sobre riqueza 2014 publicado por el banco de inversiones Credit Suisse y la lista de la revista Forbes de los multimillonarios del mundo para determinar algunos hechos impactantes sobre la desigualdad mundial.

En primer lugar se concluyó que, a partir de 2014, las 80 personas más ricas del mundo son más ricas en conjunto que la mitad de la población mundial. Vale la pena repetirlo: las 80 personas más ricas, un grupo que podría entrar en un autobús, controla más riqueza que 3.500 millones de personas. Los ricos no sólo están acumulando cada año más riqueza, sino que además lo hacen cada vez más rápido. Oxfam informa que entre 2009 y 2014 la riqueza de esas 80 personas se duplicó. Mientras tanto, el resto del mundo estaba sumido en la llamada Gran Recesión, con un desempleo atroz y los ahorros de toda la vida de las personas viéndose esfumados. Si las tendencias actuales continúan, señala Oxfam, en 2016 el 1% más rico de la población mundial controlará más riqueza que el 99% de la población menos favorecida.

Una de las formas en que los ricos logran aumentar su riqueza, informa Oxfam, es a través de grupos de presión o lobby. El informe identifica dos industrias: la de finanzas y seguros, y la de farmacéutica y salud, como las principales fuentes de riqueza de los más ricos y las principales fuentes de financiamiento político. Cada año estas industrias destinan cientos de millones de dólares a influenciar la política pública y salvaguardar sus ingresos.

Obama también habló sobre este tema en su discurso del Estado de la Unión: “Durante demasiado tiempo, los grupos de presión han manipulado el código impositivo con lagunas tributarias que permiten que algunas empresas no paguen nada mientras las demás pagan toda la carga. Lo han llenado de concesiones para los más ricos, que no las necesitan, y han negado un recorte a las familias de clase media que sí lo necesitan.”.

Obama ha propuesto aumentar los impuestos a los más ricos: “Vamos a eliminar las lagunas tributarias que fomentan la desigualdad al permitir que el 1% más rico evite pagar impuestos sobre su riqueza acumulada”.

David Cay Johnston, periodista ganador del premio Pulitzer, es un experto en impuestos. Lo entrevistamos en “Democracy Now!” poco después del discurso del Estado de la Unión. “La idea de que no hay que ajustar las tasas impositivas para las personas más ricas, y que hacerlo de alguna manera constituye una lucha de clases, es absurda. El presidente está proponiendo que las personas que constituyen la mitad superior del 1% más rico paguen una tasa de impuesto sobre las ganancias de capital similar a la tasa vigente durante el gobierno de Ronald Reagan, que era del 28%. Casi todo el dinero lo pagaría solo la décima parte superior del 1%, que son personas que ganan más de dos millones de dólares. Y los republicanos están diciendo que eso es una barbaridad. Bueno, lo siento, pero siempre nos dijeron que Ronald Reagan era un santo”.

¿Para qué se usaría el dinero de estos impuestos? Entre otras cosas, Obama se comprometió a hacer el cuidado infantil más asequible y prometió educación terciaria gratuita. Estas son buenas ideas, genuinas. Tras su discurso, los republicanos en repetidas ocasiones afirmaron que Obama está abogando por la “redistribución de la riqueza”, es decir, en sus códigos, por el socialismo. Pero la riqueza ya está siendo actualmente redistribuida por el gobierno: solo que de abajo hacia arriba, de los pobres a los ricos, a través de políticas promovidas por los dos grandes partidos, como las lagunas fiscales y los acuerdos de “libre comercio”, que protegen los beneficios de las empresas antes que los derechos de los trabajadores.

¿Y quiénes promulgan estas leyes? El Centro para la Política Receptiva (CRP, por sus siglas en inglés), un observatorio sobre el financiamiento político, informa que, por primera vez en la historia, más de la mitad de los miembros del Congreso son millonarios. El grupo sostiene que esto “representa un punto de inflexión en un momento donde los legisladores están debatiendo cuestiones como prestaciones por desempleo, cupones de alimentos y salario mínimo, que afectan a las personas de menores recursos, además de evaluar la revisión del código tributario”.

Como dijo el presidente Obama en su discurso del Estado de la Unión: “A todos los que todavía se niegan en este Congreso a aumentar el salario mínimo, les digo: ‘Si realmente creen que podrían trabajar a tiempo completo y mantener una familia con menos de 15.000 dólares al año, inténtenlo’”.

La creciente desigualdad económica no sólo perjudica a los pobres y a la clase media y obrera, sino que también desestabiliza a la sociedad en su conjunto. Sí, como dice Obama, “imaginemos si hiciéramos algo diferente”. Todo el mundo debe interesarse por el estado de la nación.

Los otros Charlie

La masacre de Charlie Hebdo, el posterior asesinato de una policía y la matanza en el supermercado kosher Hyper Cachet conmocionaron al mundo. Jóvenes fanáticos con armas automáticas desataron un torrente de violencia y muerte, alimentado por una ferviente intolerancia. En la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo en París, doce personas fueron asesinadas y once resultaron heridas. La única culpa que podía caberle a las víctimas era la de expresar ideas. Sin duda, fiel a la sátira, varias de las ideas eran muy ofensivas para muchas personas; en este caso, las caricaturas del profeta Mahoma.

Tras la masacre, personas de todo el mundo expresaron su solidaridad con las víctimas y con el pueblo de Francia. Entre los líderes mundiales que acudieron a París a condenar los ataques se encontraban algunos de los mayores responsables de represión contra periodistas del mundo, en particular de periodistas árabes y musulmanes.

Reporteros Sin Fronteras, organización también conocida como Reporters Sans Frontieres o RSF, tiene su sede central en París, no muy lejos de la redacción de Charlie Hebdo. La noticia del ataque llegó rápidamente a sus oficinas. Lucie Morillon, directora de programas de RSF, fue una de las primeras personas en llegar a la escena después de la masacre contra los periodistas de Charlie Hebdo. La entrevisté en la ciudad de Nueva York, al día siguiente de que ella participara en la marcha solidaria del pasado domingo en París, que congregó a más de un millón de personas. Ella recordó así los acontecimientos del miércoles siete de enero:

“Estábamos en una reunión tratando temas importantes, cuando un colega entró a la oficina haciendo gestos como si pasara algo importante y nos quisiera interrumpir. Yo le di una mirada dura como diciéndole ‘Más vale que esto sea importante’. Y él dijo: ‘Pasó algo grave. Parece que hubo disparos contra Charlie Hebdo y podría haber muertos’. Fue completamente conmocionante, totalmente surrealista. Agarramos nuestros bolsos, cuadernos y teléfonos y corrimos a las oficinas de Charlie Hebdo. Son cinco estaciones de metro desde nuestra oficina, por lo que llegamos pronto. No había nadie, excepto por los vecinos congregados en las áreas restringidas, hasta que llegaron el Ministro del Interior, el Alcalde de París y un montón de oficiales. Uno de los oficiales nos reconoció a mí y al Secretario General de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire, y pudimos entrar al área restringida con ellos. Terminamos al frente de la oficina. No entramos porque era la escena del crimen, pero igual podíamos ver las balas en el suelo y personas llorando. Un hombre salió de la oficina y se arrojó a los brazos del Presidente [François] Hollande, que ya había llegado, y dijo entre lágrimas, ‘Charb est mort’, ‘Charb está muerto’”. Se refería a Stephane Charbonnier, caricaturista principal y director editorial de Charlie Hebdo.

El domingo, día de las marchas de solidaridad en toda Francia, donde se congregaron cerca de cuatro millones de personas, el grupo declaró en un comunicado de prensa: “Reporteros Sin Fronteras celebra la participación de muchos líderes extranjeros en la marcha de hoy en París, en homenaje a las víctimas de los ataques terroristas de la semana pasada y en defensa de los valores de la república francesa; pero le genera indignación la presencia de autoridades de países que restringen la libertad de información”. El grupo declaró que estaba “consternado por la presencia de los líderes de países donde periodistas y blogueros son perseguidos sistemáticamente, como Egipto, Rusia, Turquía y Emiratos Árabes Unidos”.

A lo largo de todo el planeta fueron difundidas fotos y videos de los líderes mundiales de pie, tomados del brazo, encabezando la multitudinaria marcha. Mucho ruido hubo en Estados Unidos con respecto a la ausencia de autoridades del gobierno de Obama de alta jerarquía. A pesar de que el fiscal general Eric Holder estaba en París ese día, inexplicablemente no asistió a la marcha. Por otra parte, sí asistió el Ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Sameh Shoukry, cuyo gobierno ha encarcelado a muchos periodistas; particularmente a tres periodistas de Al Jazeera, que permanecen detenidos hace más de un año: Peter Greste, Mohamed Fahmy y Baher Mohamed.

El embajador de Arabia Saudí en Francia también participó de la manifestación. Dos días antes, su gobierno había azotado al bloguero Raif Badawi, quien fue condenado a mil latigazos que la monarquía saudí administra a un ritmo de cincuenta por semana. Delphine Hagland, directora de Reporteros Sin Fronteras en Estados Unidos, explicó: “Decidieron dividir los mil azotes en varias sesiones porque tenían miedo de matarlo”.

Ahora se ha informado que los líderes mundiales no estaban en la marcha, sino que se reunieron en una calle cerrada, lejos de la manifestación y bajo vigilancia para hacer la sesión de fotos, de la que salió la imagen que el mundo vio. En pocas palabras, fue el pueblo el que tomó el liderazgo ese día, no los líderes. “Je Suis Charlie” o “Yo soy Charlie”, fue el grito de batalla de muchos. Otros publicaron en Twitter fotos o portaron carteles que decían “Yo no soy Charlie”, condenando la violencia sin apoyar las caricaturas de Charlie Hebdo. Una musulmana tenía un cartel que decía “Je Suis Juif” (“Yo soy judía”, en español), en solidaridad con las víctimas judías. Otras personas tenían pancartas que decían “Yo soy Ahmed” por Ahmed Merabet, el policía francés-musulmán que fue asesinado frente a las oficinas de la revista.

Cerca de cuatro millones de personas salieron a las calles de Francia el pasado domingo exigiendo una sociedad más pacífica, en la que la libertad de prensa y la tolerancia religiosa sean más fuertes que la violencia y el odio.

Hay que cerrar Guantánamo y devolverle el territorio a Cuba

Esta semana se cumplen trece años de la llegada de los primeros prisioneros tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 a la prisión de la Bahía de Guantánamo, la cárcel más tristemente célebre del planeta. Este sombrío aniversario, y el comienzo de la normalización de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, sirven como recordatorio de que tenemos que cerrar definitivamente esta cárcel y devolverle el territorio a sus propietarios legítimos: el pueblo cubano. Es hora de poner fin a este capítulo oscuro de la historia estadounidense.

“El centro de detención de Guantánamo para los individuos contemplados en esta orden ejecutiva se cerrará tan pronto como sea posible”. Eso dijo el presidente Barack Obama cuando anunció hace casi seis años una de sus primeras órdenes ejecutivas, el 22 de enero de 2009. A pesar de eso, la cárcel sigue abierta, con 127 prisioneros que permanecen allí luego de que Kazajstán aceptara recibir a cinco ex prisioneros que fueron puestos en libertad el pasado 30 de diciembre. Según la información pública, ha habido 779 presos retenidos en la base desde 2002, algunos de los cuales permanecieron detenidos por más de diez años sin que se presentaran cargos en su contra ni fueran sometidos a juicio. Gracias a WikiLeaks y a su presunta fuente, Chelsea Manning, sabemos la mayoría de sus nombres.

El coronel Morris Davis fue el fiscal general de Guantánamo entre 2005 y 2007. Dimitió después de que un funcionario designado por George W. Bush anulara su decisión de prohibir el uso de las pruebas obtenidas bajo tortura. En una entrevista, Davis me dijo: “Yo estaba convencido de que no estábamos comprometidos a celebrar juicios completos, justos y abiertos, y que iba a predominar el teatro político más que la justicia”. Obama nombró un enviado especial para el cierre de Guantánamo, aunque la persona que más recientemente ocupó el cargo, Cliff Sloan, renunció abruptamente a finales de diciembre, sin dar motivos. En un artículo de opinión recientemente publicado en el periódico New York Times, Sloan escribió: “Como me dijo una vez un funcionario de seguridad de alto rango de uno de nuestros más firmes aliados en la lucha contra el terrorismo (no de Europa): ‘La mejor medida que puede tomar Estados Unidos para luchar contra el terrorismo es cerrar Guantánamo’”.

Estados Unidos ha impuesto un aplastante bloqueo a Cuba desde hace más de medio siglo, con el pretexto de castigar al pequeño país por su forma de gobierno. ¿Qué tipo de alternativa les mostramos a los cubanos en esa esquina de su isla controlada por Estados Unidos? Una cárcel militar infernal, que está fuera del alcance de las leyes de Estados Unidos, donde cientos de hombres han sido retenidos, la mayoría sin cargos, y muchos de los cuales han sido golpeados y torturados.

El presidente Obama critica con toda razón a Egipto por el encarcelamiento de tres periodistas de Al Jazeera: Peter Greste, Mohamed Fahmy y Baher Mohamed. “Tanto de forma pública como privada fuimos claros respecto a que deben ser liberados”. Eso dijo el presidente Obama a la prensa el pasado mes de agosto. Sin embargo, y por desgracia, basta con que Egipto mire a Estados Unidos para determinar cuál es el tratamiento aceptable de los periodistas de Al Jazeera. Sami al-Hajj era camarógrafo de esta cadena de noticias y se hallaba cubriendo la invasión estadounidense de Afganistán en 2001 cuando los militares paquistaníes lo apresaron y entregaron a las fuerzas estadounidenses. Tras diecisiete días brutales en la Base Aérea de Bagram fue trasladado a Guantánamo, donde estuvo detenido sin cargos durante más de seis años. Fue torturado, golpeado y humillado. Al-Hajj inició una huelga de hambre de 480 días y fue sometido a alimentación forzada a través de tubos nasales. Quedó en libertad en mayo de 2008.

En diciembre de 2012 estuve con Sami al-Hajj en la sede de Al Jazeera en Doha, Qatar, donde dirigía la oficina de Derechos Humanos y Libertades Públicas de la cadena. Me dijo que durante el tiempo que permaneció en Guantánamo, Estados Unidos intentó forzarlo a convertirse en espía:

“Empezaron a hacerme la oferta de darme la nacionalidad estadounidense y cuidar de mi familia si trabajaba para ellos en la CIA mientras continuaba con mi trabajo de periodista para Al Jazeera. Querían que les envíe información sobre el vínculo entre Al Jazeera y Al Qaeda y otros grupos terroristas y algunas personas en Medio Oriente. Por supuesto que me negué a hacerlo. Les dije: ‘Yo soy periodista, y moriré siendo periodista'”.

Estados Unidos sabía que Sami al-Hajj era inocente pero quería que espiara a Al Jazeera, y por ello lo sometió a varios años de duro encarcelamiento en un intento de quebrarlo.

Estados Unidos tomó la Bahía de Guantánamo por la fuerza en 1898 durante la Guerra hispano-estadounidense y obtuvo de parte de Cuba la cesión y usufructo indefinido de la propiedad en 1903. Devolverle la Bahía de Guantánamo a Cuba significaría comenzar a remediar más de un siglo de agravios perpetrados por el gobierno de Estados Unidos allí. Y más importante aún: la devolución de la base naval y prisión de la Bahía de Guantánamo hará que sea más difícil que los futuros criminales de guerra, ya sea que estén liderando la Casa Blanca, el Pentágono o la CIA, y sus partidarios en el Congreso, utilicen Guantánamo como un calabozo fortificado y remoto para infligir tortura y terrorismo contra los prisioneros, muchos de ellos inocentes, lejos de los ojos del pueblo estadounidense y lejos del alcance de la justicia.

Negación del cambio climático: la industria de la cortina de humo de la duda

Hace poco más de 50 años, el entonces Director General de Salud Pública de Estados Unidos, Luther Terry, hacía público el revolucionario informe “Tabaco y salud”. El informe concluía: “Fumar cigarrillos es un riesgo de salud de suficiente importancia en Estados Unidos como para ordenar la aplicación de medidas restrictivas oportunas”. Tras la publicación del informe, la industria tabacalera intensificó la campaña para defender el cigarrillo, por medio de la financiación de institutos de investigación fraudulentos y pseudociencia. Actualmente, se está desatando una guerra similar contra la verdad, esta vez por parte de la industria de los combustibles fósiles, con el objetivo de desacreditar a la ciencia del cambio climático.
“Nuestro negocio es la duda”, afirma un memorando de 1969 de la tabacalera Brown and Williamson, “ya que es la mejor forma de competir con el ‘conjunto de hechos’ que tiene en la mente la población”. Brown and Williamson era parte del grupo de gigantes tabacaleras –conocido como “Big Tobacco” en Estados Unidos– junto con Philip MorrisUSA, R.J. Reynolds, Lorillard Tobacco Company, U.S. Tobacco, Liggett Group y American Tobacco. En 1994 los directores ejecutivos de estas siete empresas mintieron ante el Congreso, declarando que la nicotina no era adictiva, aún cuando una investigación secreta realizada por sus corporaciones había demostrado lo contrario. La imagen de los siete ejecutivos con la mano derecha en alto, jurando decir la verdad, se volvió el ícono de una industria engañosa y letal.
A mediados de la década de 1990, algunos estados comenzaron a demandar a las tabacaleras para recuperar los miles de millones de dólares que se estaban gastando para tratar las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Para noviembre de 1998 los casos se habían resuelto en el marco del “Acuerdo Transaccional Principal” del tabaco, por el que las empresas se comprometieron a pagar a los estados 206.000 millones de dólares a lo largo de 25 años. También acordaron dejar de realizar campañas publicitarias de cigarrillos destinadas a los niños. Gran parte del dinero del acuerdo se ha invertido en educar a la población, especialmente a los niños, sobre los riesgos de vida que conlleva fumar.
En 1999, el gobierno federal presentó una demanda contra las gigantes tabacaleras bajo la Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por el Crimen Organizado (RICO, por su sigla en inglés). El Departamento de Justicia alegó que “los acusados han participado y realizado, y lo siguen haciendo, de una gran conspiración de 50 años para defraudar a la población, sobre todo a los consumidores de cigarrillos”. A pesar de estas pérdidas jurídicas locales, estas grandes tabacaleras aún prosperan a nivel mundial, gracias a mecanismos como la Organización Mundial del Comercio, que usan para frustrar las medidas antitabaco en otros países por ser impedimentos para el “libre comercio”. Y todavía están investigando formas de generar nuevos adictos a la nicotina, recientemente con los cigarrillos electrónicos.
Hoy en día, la industria de los combustibles fósiles ha sembrado una cortina de humo de duda, al igual que las gigantes tabacaleras. Greenpeace Estados Unidos publicó un informe en 2013, “Dealing in Doubt” (Comerciando con la duda, en español), que traza la historia de la industria de la refutación del cambio climático, con sus participantes clave y sus financiadores. Curiosamente, hay una relación directa entre las grandes tabacaleras y los desacreditadores del cambio climático. Muchos de los más antiguos detractores de la ciencia sobre el cambio climático comenzaron como voceros en favor de las grandes tabacaleras, argumentando en contra de los riesgos planteados por el humo de segunda mano.
Estos “escépticos” del cambio climático se encuentran diseminados en varios de los autodenominados “think tanks” del libre mercado, tales como Americans for Prosperity, Cato Institute, American Petroleum Institute, Competitive Enterprise Institute y Heartland Institute. Guiados por las empresas globales de relaciones públicas como Hill and Knowlton, estas instituciones organizan campañas mediáticas para rebatir informes respetados sobre el cambio climático, con poco o ningún respaldo científico que respalde sus afirmaciones. Si bien las gigantes de los combustibles fósiles como ExxonMobil tradicionalmente financian a estos refutadores profesionales, la publicidad negativa ha conducido a los patrocinadores a refugiarse en las sombras. Por ejemplo, los hermanos Koch –Charles y David– que obtienen sus miles de millones de dólares a partir de la industria de los combustibles fósiles y financian agresivamente las acciones para bloquear su regulación, además de financiar directamente a estos grupos e instituciones, también realizan donaciones encubiertas. Ellos y otros más hacen contribuciones caritativas a una organización sin fines de lucro llamada “Donors Trust” y a otra organización asociada, “Donors Capital Fund”, que a su vez hacen llegar los fondos a las instituciones que se encargan de desmentir el cambio climático, otorgando el anonimato a los donantes originales.
Los Koch y otros actores de la industria de los combustibles fósiles también invierten dinero en las elecciones estadounidenses, y esa es una de las razones por las que el Senado de Estados Unidos pasó a tener mayoría republicana tras las elecciones del pasado mes de noviembre. En consecuencia, una comisión clave del Senado que trata directamente el tema del cambio climático ahora estará presidida por el senador republicano de Oklahoma James Inhofe. Este senador sostiene que el cambio climático inducido por la humanidad es un mito y ha comparado a la Agencia de Protección Ambiental con la Gestapo.
Al igual que los impactos del tabaco sobre la salud, la ciencia del cambio climático es sólida. Cerca de 2.000 científicos que participan del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas han generado una gran cantidad de investigaciones que documentan la grave amenaza que significa para el clima la tasa actual de emisiones de carbono generadas por la humanidad. Los líderes mundiales se reunirán en París el próximo mes de diciembre, con la esperanza de que se comprometan a un acuerdo vinculante que reduzca las emisiones y limite el aumento de la temperatura media mundial a dos grados Celsius.
La industria de la negación del cambio climático seguirá trabajando a toda máquina para hacer fracasar cualquier progreso, haciendo uso de su principal estrategia de marketing: sembrar la duda. En el pasado, el objetivo de los refutadores profesionales era generar una cortina de humo para las gigantes tabacaleras. Ahora hacen eso mismo para la industria del petróleo y el carbón. Esta vez, las consecuencias de su mentira profesional sobre el clima podría fácilmente causar muertes y desastres para los miles de millones de personas que estamos aquí en el planeta Tierra.

Mark Udall, el senador demócrata saliente por Colorado, está a punto de dejar su cargo en menos de una semana, pero podría tener aún por delante su tarea más importante como senador. Durante la semana que le queda en el cargo, todavía será miembro de la Comisión de Inteligencia del Senado, dato que no es menor, dado que como miembro del comité trabajó en el épico informe de 6.700 páginas sobre el programa de detención e interrogatorios de la CIA, también conocido como “Informe sobre la tortura”, que aún permanece en secreto. La Comisión de Inteligencia ha publicado recientemente un resumen desclasificado del informe, redactado bajo estricta censura, en el que se han hecho públicos por primera vez nuevos y terribles detalles de la tortura llevada a cabo durante el gobierno de Bush y Cheney.

Udall está furioso por el programa de tortura de Estados Unidos y por la gran censura que hubo sobre el resumen ejecutivo. También está furioso por la interferencia de la CIA y la Casa Blanca en la labor de supervisión de la Comisión de Inteligencia y quiere que el informe completo esté a disposición de la población. Aunque todavía tiene calidad de secreto, Udall podría publicar el documento clasificado en su totalidad. Para poder entender cómo es útil volver a 1971 y recordar la publicación de los Papeles del Pentágono y a un senador de Alaska llamado Mike Gravel.

Los documentos conocidos como “Los Papeles del Pentágono” son una crónica secreta de la participación de Estados Unidos en Vietnam, escrita por orden del entonces Secretario de Defensa Robert McNamara. Daniel Ellsberg, uno de los analistas de inteligencia que trabajaron en el proyecto, filtró los Papeles del Pentágono al periódico The New York Times. Ellsberg me dijo: “Me encontré ante 7.000 páginas de documentos altamente secretos que demostraban comportamiento inconstitucional por parte de una sucesión de presidentes, la violación de su juramento y la violación del juramento de cada uno de sus subordinados [incluyéndome], que habían participado en ese fraude horrible e indecente a lo largo de los años en Vietnam, que nos arrojó a una guerra inútil”.

El New York Times publicó su primera crónica sobre los Papeles del Pentágono el 13 de junio de 1971. Un tribunal federal ordenó al periódico que dejara de publicar notas sobre el tema, por lo que Ellsberg buscó un senador federal cercano a su causa que pudiera hacer incluir los Papeles del Pentágono en el Registro del Congreso. Por esta vía lograría además que todos los documentos quedaran a disposición de la población en su versión completa, no solamente los extractos seleccionados por el Times y otros periódicos. Ellsberg encontró a Mike Gravel.

Gravel se oponía a la guerra en Vietnam y había realizado maniobras obstruccionistas en el Senado para bloquear el servicio militar obligatorio. Ellsberg le había entregado una copia de los documentos secretos del Pentágono a Ben Bagdikian, editor del Washington Post, bajo la condición de que le diera una copia al senador Gravel. Bagdikian se reunió con Gravel una medianoche frente al Hotel Mayflower y trasladó los documentos del baúl de un coche a otro. Para lograr incluir estos documentos clasificados en el Registro del Congreso, Gravel halló un vacío legal sobre el que me habló recientemente en “Democracy Now!”:

“Como era el presidente del Subcomité de Edificios y Terrenos del Senado, yo podía convocar ese subcomité a sesión en cualquier momento, tomando como precedente a la Comisión de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes, que se llamaba a sesión en cualquier lugar del país y a cualquier hora con el objetivo de lograr que la gente testificara, muchas veces bajo engaño. En ese momento eran cerca de las 11 [pm] y decidí convocar de manera urgente al subcomité. Habíamos podido conseguir un congresista de Nueva York, [John G.] Dow, que se presentó ante el comité a testificar. Él quería que se construyera un edificio federal en su distrito. Y yo le dije, ‘Bueno, lo comprendo y me encantaría autorizar la construcción de un edificio federal en su distrito, pero no tenemos el dinero. Y la razón por la que no tenemos el dinero es que estamos malgastándolo en el sudeste de Asia. Permítame que le lea cómo nos metimos en ese lío’. Y luego procedí a leer en voz alta los Papeles del Pentágono”.

Exhausto, conmocionado y sin certezas sobre las consecuencias jurídicas de sus acciones, Gravel comenzó a leer el registro de los horrores de la guerra de Vietnam de los que dan cuenta los Papeles del Pentágono. Y si bien no pudo seguir leyendo porque rompió en llanto, ya no importaba: al haber leído una parte del documento, el resto se podía entregar al registro público del Congreso para su divulgación completa. Sin embargo, los intentos para lograr que la población conociera el contenido de los Papeles del Pentágo no habían terminado. Gravel procuró que fueran publicados por el brazo editorial de la Iglesia de la Asociación Unitaria Universalista, Beacon Press, pero el gobierno de Nixon hizo todo cuanto estaba en su poder para detener la publicación, al punto de casi llegar a destruir la Iglesia. La edición de los Papeles del Pentágono, dividida en varios tomos, finalmente vio la luz, con la cara de Gravel en la portada.

Recientemente, Dick Cheney respondió preguntas sobre el uso de la tortura en “Meet the Press”. Allí dijo: “Lo haría de nuevo en un minuto”. ¿En serio? ¿El submarino? ¿Muerte por hipotermia o golpes? ¿Alimentación rectal? ¿Privación del sueño? Tal vez al ex vicepresidente le gustaría que la práctica de la tortura continúe, pero no es algo que dependa de él. Depende del pueblo estadounidense. Y para ello, el pueblo necesita información.

Ahí es donde entra en juego el senador Mark Udall. Él puede publicar el informe completo sobre la tortura. Como senador, está protegido por la cláusula de Discurso y Debate de la Constitución y no puede ser procesado. El ex Senador Mike Gravel tiene un consejo para el todavía Senador Mark Udall. Dado que el informe secreto sobre la tortura ya forma parte del Registro del Congreso, Gravel afirmó: “Lo único que tiene que hacer es (…) tomar este documento de 6.000 páginas, publicar un comunicado de prensa que detalle por qué lo va a hacer público y presentarlo a la población. Es así de simple”.

La política infructuosa de Estados Unidos contra Cuba, que ha clausurado por más de medio siglo las relaciones entre estos países vecinos e inflingido daño a varias generaciones del pueblo cubano, podría finalmente estar llegando a su fin. El miércoles por la mañana nos enteramos de que Alan Gross, un contratista del gobierno estadounidense condenado en Cuba por espionaje, había sido puesto en libertad después de cinco años de prisión. Otra persona, un cubano no identificado encarcelado en Cuba desde hace veinte años por espiar para Estados Unidos, también fue liberado. Este acontecimiento ha sido noticia a nivel mundial. No tan bien explicada en los medios estadounidenses fue la liberación de tres presos cubanos en Estados Unidos. Son los tres miembros de los Cinco de Cuba que seguían encarcelados. Los Cinco fueron detenidos a finales de 1990 bajo cargos de espionaje, pero no estaban espiando al gobierno de Estados Unidos. Estaban en Miami con el objetivo de infiltrarse en los grupos paramilitares cubano-estadounidenses instalados allí con la finalidad de lograr la destitución violenta del gobierno cubano.

Al mediodía del miércoles, el presidente Barack Obama dio oficialmente la noticia: esto no fue un simple intercambio de prisioneros. “El día de hoy, Estados Unidos de América está cambiando su relación con el pueblo de Cuba. Estamos produciendo los cambios más significativos de nuestra política hacia Cuba en más de cincuenta años. Vamos a dar por terminado el enfoque obsoleto que durante décadas no ha logrado promover nuestros intereses y, en su lugar, comenzaremos a normalizar las relaciones entre nuestros dos países. A través de estos cambios, tenemos la intención de crear más oportunidades para el pueblo estadounidense y para el pueblo cubano y comenzar un nuevo capítulo entre los países de las Américas. He instruido al Secretario [de Estado John] Kerry a que inicie de inmediato el diálogo con Cuba para restablecer las relaciones diplomáticas que fueron interrumpidas en enero de 1961”.

Fue el presidente Dwight Eisenhower quien rompió relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961, dos años después de que Fidel Castro tomara el poder. Más adelante, el presidente John F. Kennedy extendería el bloqueo. Pocos meses después de que Kennedy asumiera el cargo, la invasión de la CIA a la Bahía de Cochinos, con la intención de derrocar al gobierno de Fidel Castro, tuvo un resultado desastroso. Es universalmente considerado como uno de los mayores fiascos militares de la era moderna. Decenas de personas fueron asesinadas, y Cuba encarceló a más de 1.200 mercenarios de la CIA.

Cuba se convirtió en una zona caliente, sobre todo cuando la Unión Soviética intentó emplazar misiles nucleares de corto alcance en la isla, lo que precipitó la llamada crisis de los misiles en octubre de 1962. Este episodio es ampliamente considerado como lo más cerca que han estado estas dos potencias mundiales de embarcarse en una guerra nuclear. Estados Unidos intentó también asesinar a Castro. Mientras el Comité Church del Senado de Estados Unidos identificó ocho intentos de ello, Fabián Escalante, ex jefe de la contrainteligencia cubana, descubrió al menos 638 intentos de asesinato.

La revolución cubana tiene sus detractores, pero la transformación de la vida cotidiana allí no se puede negar. A lo largo de la década de 1950, durante el gobierno del dictador Fulgencio Batista, la mayoría de los cubanos padecieron pobreza extrema, con acceso escaso a la educación, a la salud y a puestos de trabajo bien remunerados. El régimen de Batista era brutal, con detenciones arbitrarias, tortura y ejecuciones. Batista se alió con la mafia estadounidense, beneficiándose personalmente de la corrupción generalizada, especialmente de los opulentos hoteles y casinos de La Habana. Actualmente, los cubanos disfrutan de la misma esperanza de vida que sus vecinos estadounidenses y tienen una menor tasa de mortalidad infantil. Cuba tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo, superada solamente por Finlandia, Dinamarca, Nueva Zelanda y Australia, según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, que ubica a Estados Unidos en el lugar 21 del ranking mundial, dos niveles por encima de Kazajstán.

Cuba, a menudo azotada por huracanes, ha desarrollado uno de los mejores sistemas de respuesta médica a desastres naturales en el mundo. Recientemente ha desplegado 250 médicos en África Occidental para combatir el ébola. En el año 2005, el entonces presidente Fidel Castro ofreció enviar 1.500 médicos a Estados Unidos tras el huracán Katrina. El gobierno de George W. Bush nunca respondió.

El bloqueo ha sido durante mucho tiempo central para la política electoral estadounidense, ya que la comunidad cubana en Miami, buena parte de la cual es histórica y resueltamente anticastrista, se ha considerado crucial para ganar el estado de Florida en una elección presidencial. Miami también ha servido como refugio para los grupos terroristas anticastristas. Uno de los Cinco, René González, fue liberado en 2011 después de trece años de cárcel. Lo entrevisté en 2013, poco tiempo después de su regreso definitivo a La Habana. Me dijo: “Formó parte de la experiencia común de mi generación ver que gente proveniente de Miami asaltaba nuestras costas, disparaba a los hoteles, mataba gente aquí en Cuba y atentaba contra aviones cubanos”.

En 1976, un atentado terrorista hizo estallar un vuelo de Cubana de Aviación. El avión explotó en el aire y las 73 personas que iban a bordo murieron en el acto. En 1997, una serie de atentados con bomba en hoteles de La Habana provocaron la muerte de un turista italiano. El ex agente de la CIA Luis Posada Carriles reconoció su participación en los atentados a los hoteles, y existen pruebas que lo vinculan fuertemente con el atentado del avión. Los Cinco de Cuba fueron declarados culpables de investigar las actividades terroristas de estos hombres y de los grupos sin fines de lucro que les servían como fachada de apoyo, como la Fundación Nacional Cubano Americana y Hermanos al Rescate. Posada Carriles vive actualmente en Florida como un hombre libre.

La guerra fría ha terminado. El gobierno de Cuba es comunista, pero también lo son los gobiernos de China y Vietnam, con los cuales Estados Unidos mantiene fuertes lazos. Los once millones de ciudadanos de Cuba, así como todos los que vivimos aquí, en Estados Unidos, merecemos un vínculo fluido y abierto como vecinos, sobre la base de la igualdad y arraigado en la paz.

LIMA, Perú–Lima, la capital de Perú, se ha convertido en una ciudad de renombre culinario, que atrae aficionados al turismo gourmet de todo el mundo, que llegan para degustar platos que van desde el famoso ceviche a los productos típicos de la región andina. Esto quizá la convierta en un lugar apropiado para lo que se ha convertido en un auténtico ritual anual móvil, la serie de cumbres itinerantes organizadas por Naciones Unidas en diversos puntos del planeta para hacer frente a la crisis del cambio climático. El encuentro de este año, conocido como “COP 20”, la 20ª Conferencia de las Partes del Protocolo de Kyoto, será la última reunión con participación de presidentes y primeros ministros antes de la cumbre sobre cambio climático de diciembre de 2015, que se llevará a cabo en París.

Una de las expectativas para el encuentro de París es lograr una extensión del Protocolo de Kyoto; un nuevo tratado mundial legalmente vinculante para limitar el calentamiento global a un aumento de la temperatura promedio mundial de solo dos grados Celsius. Por ende, todos los ojos están puestos en París. Pero si el problema está en los detalles, es aquí en Lima donde los detalles se están elaborando. No se puede decir “clima” sin decir “Lima”.

En primer lugar, es necesario comprender el contexto, y conocer quién fue invitado a participar del debate y quién no. En el interior, la cumbre se lleva a cabo de forma ordenada, con la policía de la ONU monitoreando todo y un aire enrarecido de decoro diplomático. No hay una sensación de urgencia en las salas de audiencias, lo cual es sorprendente, ya que la ciencia es clara: el mundo se calienta rápidamente y, si no se hace algo al respecto, pronto tendremos un cambio climático irreversible y catastrófico.

La cumbre oficial se lleva a cabo en una base del ejército peruano, conocida con el inquietante nombre de “El Pentagonito”. En esta zona militarizada, la cumbre climática de la ONU se produce en una especie de “Pueblo Potemkin” e incluye ceremonias formales y protestas intermitentes previamente aprobadas.

El simbolismo no pasa desapercibido para muchos de los peruanos organizados por la justicia climática. Wilfredo Saavedra Marreros, presidente del Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca, declaró a Democracy Now!: “LaCOP 20 no es más que una suerte de engaño, muchachos; es una farsa, nosotros lo concebimos así. Se han reunido los representantes de los Estados del mundo en un lugar que está manchado con sangre. En el Pentagonito, ese resguardo militar, allí se han asesinado extrajudicialmente a hermanos nuestros, los han quemado, los han desaparecido”.

Afuera, en las bulliciosas calles de Lima, una ciudad de más de ocho millones de habitantes con atascos de tráfico interminables, los movimientos sociales organizan su propia “cumbre de los pueblos” contra el cambio climático en un parque público de la ciudad. El diez de diciembre, Día de los Derechos Humanos, miles de personas marcharon por las calles en demanda de medidas concretas para revertir el cambio climático.

Pascoe Sabido, del grupo Corporate Europe Observatory (CEO, por su sigla en inglés), participa de la organización de actividades tanto dentro como fuera de la COP 20. Publicó junto con otros grupos un informe titulado “Corporate Conquistadors: The Many Ways Multinationals Both Drive and Profit From Climate Destruction” (Conquistadores empresariales: varias formas en que las multinacionales impulsan y se benefician de la destrucción del clima). En una de las instancias de adentro, Sabido y otros activistas participaron de una reunión patrocinada por las gigantes petroleras Shell, Chevron y otros intereses de la industria de los combustibles fósiles. “Había montones y montones de personas muy enojadas intentado protestar contra la presencia de la industria de los combustibles fósiles en estas conversaciones”, me dijo Pascoe. “Hace veinte años que existen estas negociaciones y no se ha logrado avanzar hacia el acuerdo ambicioso y justo que necesitamos para frenar el cambio climático. Una de las grandes razones es la presión agresiva de la industria de los combustibles fósiles, tanto en el ámbito nacional como aquí en las negociaciones internacionales”.

Otro activista presente en la COP 20 es el líder ambiental nigeriano Nnimmo Bassey, quien dijo: “Antes de partir de Nigeria me tomaron la temperatura dos veces para determinar si tenía fiebre alta o ébola. Ahora bien, la temperatura del planeta Tierra se ha elevado a un punto de 0,8 grados por encima de los niveles preindustriales. Si la Tierra tuviera que pasar por el mismo proceso… hubiera sido puesta en cuarentena, porque se habría determinado que tenía fiebre alta o ébola. Pero no podemos poner en cuarentena a la Tierra. Tenemos que encontrar a quienes están atacando el clima y ponerlos en cuarentena a ellos”.

También es importante tener en cuenta quién no está presente en la COP 20. Yeb Sano fue el principal negociador de Filipinas el pasado año. Para sorpresa de muchos, fue retirado de la delegación de este año y se encuentra en su hogar, mientras su país se ve devastado por otro tifón más, el Hagupit. Sano tuiteó: “Pueden silenciar mi boca. Pero no pueden silenciar mi alma”. Sano convulsionó la COP 19 de Varsovia, Polonia el año pasado. En ese momento, Filipinas estaba siendo azotada por el tifón Haiyan. Sano no sabía si su familia había sobrevivido. En un emotivo discurso pronunciado en una sesión plenaria de la cumbre, preguntó: “Si no somos nosotros, ¿entonces quiénes? Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es aquí, entonces ¿dónde?”. Muchos activistas en defensa del clima de Filipinas piensan que la presión concertada por parte los gobiernos europeos y de Estados Unidos provocaron la destitución de Sano, ya que se estaba convirtiendo en un defensor enérgico de la justicia climática para el Sur Global.

Atossa Soltani, fundadora de la organización sin fines de lucro Amazon Watch, me dijo que, a pesar de todas las deficiencias de la cumbre, igual se alegra de que este encuentro mundial se haga aquí, en Perú, donde más del 60% del país (un área del tamaño de Texas) es de selva tropical. “Es la primera COP que se realiza en un país amazónico. Y la selva amazónica es realmente importante en el debate sobre el cambio climático. No solamente porque la deforestación es una gran fuente de emisiones, sino también porque la selva tropical del Amazonas es la máquina de lluvia del planeta. Esta selva genera los ríos voladores que básicamente brindan lluvia fértil para el continente entero y el resto del mundo. Es el corazón del planeta, que bombea humedad y vapor al resto. Esa es la importancia de esta COP: poner el Amazonas en el mapa, llevar los derechos indígenas fundamentales al centro del debate, y pedir el fin de la era de los combustibles fósiles. Es por eso que estamos aquí”.

Arriba las manos (y ojalá no te asfixien)

Otro afroestadounidense muerto a manos de la policía. Otro gran jurado que decide no presentar cargos contra el policía responsable: ni por asesinato, ni por homicidio culposo, ni por agresión. Ni siquiera por conducta imprudente y temeraria. Vivimos en un país donde reina la impunidad; al menos para quienes están del lado del poder.

El verano pasado, tras cubrir las protestas en Ferguson, Missouri, volví a la ciudad de Nueva York y fui directamente a Staten Island a cubrir la marcha en protesta del asesinato a manos de un policía de Eric Garner, un afroestadounidense de 43 años de edad, padre de seis hijos. El caso fue notablemente similar al asesinato en Ferguson, donde el oficial de policía Darren Wilson disparó y mató al adolescente afroestadounidense desarmado Michael Brown. Ambos casos involucraron oficiales de policía blancos que aplicaron fuerza letal. Ambas víctimas eran afroestadounidenses desarmados. En ambos casos los fiscales locales, con estrechos vínculos con los departamentos de policía locales, pudieron controlar el gran jurado. Pero hubo algunas diferencias entre los casos. La principal es que el asesinato de Eric Garner fue registrado en video.

Si se observa cuidadosamente el video, en el momento en que Daniel Pantaleo, el oficial de la policía de Nueva York, lo somete a una llave de estrangulamiento prohibida, se ve a Eric Garner alzar las manos en señal de rendición, tal como se entiende internacionalmente. Acto seguido, es derribado por un grupo de policías y se lo escucha decir varias veces que no puede respirar. Lo dice un total de once veces antes de dejar de forcejear y morir.

¿De dónde provino este video? Un joven llamado Ramsey Orta se encontraba cerca de Garner en esa tarde del 17 de julio cuando llegó la policía. Orta sacó su celular y filmó todo el hecho. Pantaleo fue atrapado in fraganti y la prueba fue expuesta a la vista de todo el mundo. Pese a ello, el gran jurado decidió no presentar cargos contra él. Solo dos personas fueron arrestadas tras la muerte de Garner: Ramsey Orta, quien filmó el video, y su esposa, Chrissie Ortiz. Chrissie declaró a una estación de televisión local que desde que Ramsey fue identificado como el autor del video, ambos habían sido sometidos a acoso policial. Ramsey fue arrestado al día siguiente de que el médico forense de la ciudad declarara que la muerte de Garner había sido un homicidio. Poco después, Chrissie también fue arrestada. Los vi en la marcha de Staten Island aquel sábado, parados cerca del lugar donde murió Garner. Les pedí comentarios, pero tenían miedo y se refugiaron en la misma escalera donde estaba Ramsey mientras filmaba la muerte de Garner.

En esa marcha de Staten Island del 23 de agosto, si bien Ramsey y Chrissie optaron por no hablar, muchas otras personas lo hicieron. Una de ellas fue Constance Malcolm, madre de otro joven afroestadounidense muerto a manos de la policía: “Mi nombre es Constance Malcolm. Soy la madre de Ramarley Graham. El [procurador general] de Staten Island no debería estar a cargo de este caso. No queremos que ocurran las mismas cosas que en el Bronx cuando nos fallaron en el caso de Ramarley. No podemos permitir que eso pase. Necesitamos que vengan funcionarios federales y se ocupen del caso ahora mismo. Es necesario que se responsabilice a los culpables”,

También entrevisté a Imani Morrias, una niña de tan solo 12 años de edad: “Necesitamos mostrarle a la comunidad que estos oficiales de policía deben ser disciplinados y sentenciados por todo lo que causaron. Ya causaron mucho dolor”.

Cerca de allí, otra joven afroestadounidense que solo dio su nombre propio, Aniya, marchaba solemnemente. Aniya tiene 13 años de edad. Le pregunté qué deseaba lograr con la protesta: “Vivir hasta los 18 años sin que me disparen. Quiero crecer, vivir la vida. No quiero morir en cuestión de segundos por culpa de la policía”.

La noticia sobre la decisión del gran jurado en el caso de Garner fue difundida en Staten Island al mismo tiempo que, a cientos de kilómetros de distancia, en Cleveland, se terminaba de celebrar el funeral de otro afroestadounidense muerto a manos de la policía. Tamir Rice, de 12 años, estaba agitando una pistola de juguete en un parque público el 22 de noviembre cuando un policía de Cleveland llegó en un patrullero, bajó bruscamente y le disparó de muerte. El sueño de Aniya de unos meses atrás aparece como un fantasma en el funeral de Tamir: “Vivir hasta los 18 años sin que me disparen”.

Mientras se difundía que el oficial Daniel Pantaleo no sería imputado por la muerte de Eric Garner, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, respaldó a los líderes afroestadounidenses en Staten Island. “Este debe ser un momento nacional de duelo, de dolor y de búsqueda de soluciones. Hemos escuchado decir una y otra vez la misma frase básica de parte de personas de diversos orígenes: que las vidas afroestadounidenses importan. Y lo han dicho porque era lo que había que decir. Es una frase que no debería tener que pronunciarse jamás, debería ser evidente. Pero, lamentablemente, nuestra historia exige que lo digamos. Porque, como dije el otro día, no es un problema del año 2014. No se trata de años de racismo que condujeron a esto, ni de décadas, sino siglos de racismo que nos han conducido al día de hoy. Esa es la profundidad de la crisis”. Miles de personas se congregaron a lo largo de la ciudad de Nueva York para repudiar la decisión del gran jurado. Se juntaron en Staten Island, en la escena del crimen, donde Garner murió, y en Harlem, Times Square y Union Square. Entre los carteles se podía leer “Ferguson está en todas partes”.

Las protestas en contra de la impunidad recién están comenzando.

El sacudido cielo de Ferguson, Missouri

“Mientras se siga postergando la justicia, siempre estaremos al borde de estas noches oscuras de disturbios sociales”. Esto decía Martin Luther King Jr. en un discurso pronunciado el 14 de marzo de 1968, apenas tres semanas antes de ser asesinado.

El asesinato del joven afroestadounidense Michael Brown en agosto sigue desatando conmoción en Ferguson, Missouri y más allá. La noche del pasado lunes, el anuncio del fiscal del condado de Saint Louis Robert McCulloch de que no se presentarían cargos penales contra Darren Wilson, el policía que mató a Michael Brown, desencadenó una noche de disturbios. Por algún motivo incomprensible, McCulloch retrasó la revelación del fallo del gran jurado hasta el anochecer. La conferencia de prensa del fiscal resultó profundamente indignante para muchas personas, ya que McCulloch defendió enérgicamente las acciones de Darren Wilson y atacó el carácter de la víctima, Michael Brown.

Poco después del anuncio de McCulloch, Ferguson entró en erupción. Se incendiaron edificios, que se quemaron por completo. Se vieron coches envueltos en llamas. La policía antidisturbios reprimió violentamente a los manifestantes y, haciendo caso omiso de las tan pregonadas “reglas de compromiso” acordadas con los organizadores de la protesta, lanzó gases lacrimógenos a los residentes indignados. A lo largo de la noche también resonaron algunos disparos de arma de fuego.

“La vida de los afroestadounidenses no importa”, dijo un joven que participó de la protesta en Ferguson, durante la noche helada del lunes. Cerca de allí, el gas lacrimógeno se mezclaba con el humo nocivo del fuego arrasador. Otra manifestante, Katrina Redmon, explicó su frustración por la decisión de no imputar a Darren Wilson: “Él mató a un joven afroestadounidense desarmado. No hay excusa para eso. Un hombre fue asesinado y nadie paga por ello… queremos respuestas. Porque parece ser que la única manera en que se puede esquivar el castigo por asesinato es tener una placa de policía”.

Entrevisté a algunos manifestantes frente a la comisaría de Ferguson, que estaba rodeada de policías antidisturbios. No estábamos muy lejos del lugar donde mataron a Michael Brown, que recibió al menos seis disparos de parte de Darren Wilson, y de donde su cadáver fue dejado en la calle, boca abajo y sangrando, durante más de cuatro horas bajo el sol ardiente de agosto mientras sus amigos y vecinos contemplaban la escena horrorizados. Luego de que aumentaran las protestas tras la muerte de Brown, las policías estatal y local desplegaron una batería sorprendente de equipamiento y armas militares, lo que expone cómo el Pentágono ha estado repartiendo silenciosamente el arsenal de guerra excedente de Irak y Afganistán a miles de ciudades y poblaciones de todo el país. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 se ha transferido armamento de este tipo por un valor de más de cinco mil millones de dólares. Estados Unidos tiene ahora una fuerza militar de ocupación: la policía.

La policía antidisturbios y la Guardia Nacional acordonaron los barrios blancos de Ferguson, mientras que el lado afro de la ciudad, a lo largo de West Florissant Avenue, estaba en llamas. Casi no había policías allí. El gobernador de Missouri, Jay Nixon, declaró el estado de emergencia la semana previa a que se emitiera la decisión del gran jurado; sin embargo, los efectivos de la Guardia Nacional que fueron desplegados no se encontraban en ningún lado de esta parte de la ciudad. Una decena de negocios ardieron en llamas. ¿Por qué quedó desprotegida la zona de West Florissant Avenue? ¿Las autoridades dejaron que Ferguson ardiera?

En su discurso de 1968, “El otro Estados Unidos”, el Dr. King habló de los temores de un inminente verano de disturbios como los que azotaron a Newark, Nueva Jersey, Detroit y otras ciudades del interior en 1967. King expresó:

“No alcanza con que yo me presente ante ustedes esta noche y condene los disturbios. Hacerlo sería moralmente irresponsable sin condenar al mismo tiempo las condiciones intolerables que existen en nuestra sociedad. Estas condiciones son lo que causa que las personas sientan que no tienen otra alternativa que participar en rebeliones violentas para obtener atención. Y tengo que decir esta noche que los disturbios son el lenguaje de quienes no son escuchados”.

Aquellos no escuchados de hoy, los ciudadanos de Ferguson que han estado tomando las calles por más de cien días, no fueron quienes iniciaron el incendio. Ellos exigían justicia. Las manifestaciones de solidaridad masivas realizadas a lo largo y ancho del país y alrededor del mundo están amplificando sus demandas, vinculando las luchas, construyendo un movimiento de masas.

“Vamos a hacer sacudir el cielo”, me dijo un joven, mientras se enfrentaba a la policía antidisturbios. Podía verse su aliento en el aire helado de esa noche. Estaba temblando de frío, pero no se iba a ir a ninguna parte. Ese fuego, ese compromiso inextinguible, y no las brasas ardientes de los edificios, es lo que más deberían temer aquellos que se benefician de la injusticia.

Keystone, el cambio climático y el frío

Esta semana, el Senado vivió una escena conmovedora. Mientras la senadora que presidía la sesión, Elizabeth Warren, anunciaba la derrota del oleoducto Keystone XL, un miembro de la tribu sioux de Crow Creek, de Dakota del Sur, que se encontraba en una de las galerías del Senado, se puso a cantar. El enorme movimiento popular en favor del clima y en contra de la extracción del petróleo más sucio del planeta finalmente prevaleció… al menos por ahora.

Fue una senadora demócrata, Mary Landrieu de Louisiana, quien representó los intereses de la industria petrolera e intentó impulsar la aprobación del oleoducto. Landrieu esperaba que la aprobación la ayudara en la segunda vuelta electoral del seis de diciembre, en la que debe enfrentar al congresista Bill Cassidy, que patrocinó un proyecto de ley similar en la Cámara de Representantes. Los republicanos han prometido volver a introducir el proyecto de ley cuando asuman el control del Senado en el mes de enero.

La coalición contra el oleoducto Keystone XL tiene una base amplia. Comprende ambientalistas, activistas indígenas, agricultores y ganaderos, todos preocupados por el cambio climático y la protección de sus tierras. Les preocupa la posibilidad de que se produzcan derrames de petróleo en el acuífero de Ogallala, uno de los más grandes del mundo, que se extiende desde Dakota del Sur hasta Texas y provee agua a millones de personas. El nombre de una de las organizaciones asociadas señala el rasgo único de esta coalición: Vaqueros e Indios Unidos. En las dunas y grandes llanuras del oeste, los residentes que en el sigloXIX eran más que propensos a ser adversarios, ahora se han unido para enfrentar el agresivo plan de la empresa transnacional TransCanada para imponer una traza del oleoducto que pase a través de sus tierras.

Cyril Scott, presidente de la tribu sioux de Rosebud, de Dakota del Sur, me dijo: “Como todos sabemos, la lucha, solo acaba de comenzar. Los republicanos asumen el control de la Cámara de Representantes en enero. Tenemos que prepararnos, estar listos y comenzar nuestra propia campaña para asegurarnos suficiente apoyo para poner fin a esta serpiente negra que va a dañar no solo el país de los indígenas, sino todo Estados Unidos de América”.

La función principal del oleoducto Keystone XL será trasladar el petróleo de las arenas alquitranadas de la región de Alberta en Canadá, a las instalaciones portuarias de la costa sur de Texas, para el envío del petróleo a los clientes de ultramar. También permitirá ampliar la extracción de las arenas alquitranadas, una forma de petróleo mucho más destructiva para el medio ambiente que otras. El climatólogo James Hansen, ex director del Instituto Goddard de la NASA para Estudios Espaciales, escribió en el New York Times: “Si Canadá sigue adelante y no hacemos nada, el clima será historia”. Hansen es una de las más de 1.200 personas que han sido arrestadas frente a la Casa Blanca en manifestaciones contra el Keystone XL.

Tiempo atrás, el presidente Barack Obama había declarado que si no se aprobaba el oleoducto Keystone XL, TransCanada de todos modos construiría otro oleoducto que evitaría pasar por Estados Unidos totalmente y enviaría el petróleo a través de Canadá, a su costa este u oeste. Naomi Klein, activista en defensa del clima y autora de una especie de biblia de este nuevo movimiento que se titula “This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate” (Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, en español), afirma que el argumento ya no tiene vigencia. El día anterior a la votación en el Senado, me dijo: “El oleoducto Keystone está estrechamente vinculado a los planes de las industrias petroleras y del gas para ampliar drásticamente la producción en las arenas alquitranadas de Alberta.Las arenas alquitranadas están realmente rodeadas de oposición. Por donde quiera que se intente construir un nuevo oleoducto o expandir uno existente, se enfrentará a una feroz acción directa, así como a impugnaciones legales de los pueblos indígenas y otros intereses. Así que, la idea de que si no se construye Keystone el petróleo va a salir de todos modos, es absurda”.

TransCanada está claramente preocupada por el movimiento. Documentos filtrados obtenidos por Greenpeace revelan que TransCanada ha contratado a Edelman, la compañía de relaciones públicas más grande del mundo, para librar una campaña contra los grupos que intentan bloquear sus proyectos de oleoductos. Los documentos revelan que Edelman ya ha creado un grupo artificial, una especie de organización civil falsa que promueve una agenda a favor del oleoducto, y ha hecho la propuesta de que 40 profesionales de relaciones públicas de Edelman trabajen para acosar y confundir a los grupos de protesta.

El presidente Obama señaló antes de la votación del Senado que se ha vuelto escéptico respecto al oleoducto Keystone XL y a las afirmaciones de quienes lo proponen de que generará empleos y reducirá el precio de la gasolina en el país: “Comprendan lo que es este proyecto. Es darle a Canadá la capacidad de extraer su petróleo, enviarlo a través de nuestro territorio hasta el golfo de México, desde donde será exportado a cualquier otra parte del mundo”.

Mientras tanto, otro presidente, Cyril Scott, de la tribu sioux de Rosebud, dijo en un comunicado: “Vamos a cerrar las fronteras de nuestra reserva al Keystone XL. Autorizar el Keystone XL es un acto de guerra contra nuestro pueblo”.

Con el récord de frío que azota el país esta semana, y la nevada equivalente a la de un año en Buffalo, Nueva York en un solo día, tenemos que preguntarnos: ¿Qué se necesita para escuchar a la ciencia y enfrentar de manera contundente la amenaza global que representa un cambio climático catastrófico?

Según el Departamento de Asuntos de los Veteranos, en el pasado mes de junio había 8.920.000 veteranos de guerra en Estados Unidos. En algún momento del domingo o lunes pasado, horas antes de comenzar el Día de los Veteranos, esa cantidad bajó un número cuando Tomas Young murió en su hogar de Seattle, con su esposa a su lado. Era uno de los muchos soldados que fueron enviados a Irak y resultaron gravemente heridos.

Probablemente la ciudadanía estadounidense conozca más de Tomas Young que de la mayoría de los veteranos de guerra gracias al notable documental “Body of War” (Cuerpo de guerra, en español) dirigido y producido por el legendario presentador de televisión Phil Donahue y la realizadora cinematográfica Ellen Spiro. Su travesía, su lucha y ahora su muerte trazan un arco que une las trágicas guerras y ocupaciones de Estados Unidos en este mundo posterior a los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Como a muchos otros, lo ocurrido ese 11 de septiembre inspiró a Tomas a unirse al ejército. Le sorprendió enterarse, sin embargo, que sería enviado a Irak y no a Afganistán. El 4 de abril de 2004, a los cinco días de haber llegado a Bagdad, Tomas recibió un impacto de bala en la columna y quedó paralizado del pecho hacia abajo. La herida lo dejó parapléjico, causándole una serie de otras complicaciones. Tenía dificultades para respirar. Su cuerpo no podía regular bien la temperatura, por lo que a veces debía usar un chaleco con hielo. A pesar de los enormes desafíos, Tomas hizo acopio de sus fuerzas y tomó el camino del activismo contra la guerra.

Durante el verano de 2005 se unió a Cindy Sheehan, una madre en duelo que se convirtió en activista por la paz, en el campamento de protesta Camp Casey situado en Crawford, Texas, no muy lejos de la estancia del entonces Presidente George W. Bush. Cindy bautizó el campamento en honor a su fallecido hijo, Casey, quien murió el mismo día y en la misma ciudad donde hirieron a Tomas: Sadr City. Cindy Sheehan decidió manifestarse frente al refugio de Bush mientras él se encontraba allí de vacaciones, y la protesta creció y creció. Tomas también se unió a la organización Veteranos de Irak contra la guerra, y fue parte de su junta directiva.

En 2008 entrevisté a Tomas Young, que dirigió un comentario al entonces Vicepresidente Dick Cheney: “De parte de uno de esos soldados que se ofrecieron voluntariamente para ir a Afganistán después del 11 de septiembre, que era donde las pruebas señalaban que debíamos ir, le digo a [Cheney], el maestro de evitar ir a luchar a Vietnam por su condición de estudiante: muchos de nosotros fuimos como voluntarios a una guerra con sentimientos patrióticos en el corazón, para terminar viéndolos trastocados y bastardeados por el gobierno, que nos envió al país equivocado”.

“Body of War” pone el foco de atención sobre el costo personal de la guerra. En una de las escenas más conmovedoras del documental, Young se reúne con el Senador Robert Byrd, el senador con más tiempo de mandato y con la mayor cantidad de votos emitidos en la historia del Senado de Estados Unidos (más de 18.000). En la escena, Byrd cuenta que su voto en contra de dar autorización a la guerra de Irak fue el más importante de su vida. Luego, Young lo ayuda a leer los nombres de los 23 senadores que votaron en contra de ir a la guerra con Irak. Byrd reflexiona: “Los inmortales 23. Nuestros fundadores estarían orgullosos”. Y, dirigiéndose a Young, le dice: “Gracias por su servicio. Ha hecho un gran sacrificio, sin duda. Ha servido bien a su país”. Young le responde: “Tal como usted, señor”.

El estreno de “Body of War” colocó a Tomas en un primer plano, mientras el país se veía envuelto en el calor del verano y las elecciones presidenciales de 2008. Fue entonces cuando un coágulo de sangre se alojó en su brazo, causándole graves complicaciones. Perdió la mayor parte de la movilidad de sus brazos y su capacidad para hablar disminuyó. Nunca perdió su profundo compromiso con la paz, ni la esperanza de que los responsables de la guerra un día rindieran cuentas por sus actos.

En febrero de 2013, en una presentación de “Body of War” en Litchfield, Connecticut, mediante videoconferencia, Tomas sorprendió al público cuando dijo que pensaba poner fin a su vida.

Todavía se encontraba viviendo en su ciudad natal de Kansas, Missouri con su esposa, Claudia Cuellar. Tomas estaba luchando contra un intenso dolor crónico y, como Claudia nos dijo después de su muerte, había encontrado algo de alivio en la marihuana, que es ilegal en Kansas y Missouri. Así que se mudaron a Oregon, donde el uso médico de la marihuana es legal. Desafortunadamente, Claudia percibió que el hospital de Asuntos de los Veteranos de Portland no apoyó el uso de marihuana como parte de su tratamiento y a modo de castigo le redujo la prescripción de medicamentos para el dolor. Buscando un lugar seguro y compasivo para Tomas, se trasladaron a Seattle, otro lugar donde la marihuana medicinal (y ahora también la recreativa) es legal. Tomas y Claudia sintieron que el departamento de Asuntos de los Veteranos les puso demasiadas trabas en el camino, lo que causó que ellos mismos tuvieran que racionar las pastillas para el dolor.

Fue en medio de este sufrimiento que Claudia encontró a Tomas, en la mañana del pasado lunes, reposando en un profundo silencio. Estaba muerto.

Dieciocho meses atrás, Tomas había escrito una carta abierta a George W. Bush y Dick Cheney y nos la leyó en el programa de noticias de Democracy Now. La carta concluye con estas palabras: “Está llegando mi hora de la verdad. Ya llegará la suya. Espero que sean juzgados. Pero sobre todo espero, por su propio bien, que puedan hallar el coraje moral para enfrentar lo que me hicieron, a mí y a muchísimos otros que merecían vivir. Espero que antes de que termine su vida en la Tierra, como está terminando la mía, reúnan suficiente valor para comparecer ante el pueblo estadounidense y el mundo, y en particular ante el pueblo iraquí, y pedir perdón”.

Que Tomas Young, que en vida luchó con tanta fuerza por la paz, ahora descanse en paz.

Las elecciones en Estados Unidos dependen sobre cualquier otra cosa del dinero; mucho dinero, que proviene cada vez más de fuentes “oscuras”, imposibles de rastrear. Sin embargo, la historia no está hecha de dinero sino de movimientos. La holgada victoria republicana en las elecciones legislativas de esta semana ha sido ampliamente descrita como una ola, un baño de sangre, una paliza. Más allá de la hipérbole, más allá de las declaraciones de los comentaristas políticos, fuertes corrientes están en movimiento, cambiando lentamente nuestra sociedad. Uno de los movimientos que logró visibilidad en medio de la maraña electoral es el que tiene como demanda principal un aumento del salario mínimo, el cual se impuso aún en algunos de los estados más conservadores.

En contra de las tendencias partidarias, los votantes de Alaska, Arkansas, Nebraska y Dakota del Sur aprobaron iniciativas de leyes para aumentar el salario mínimo, como lo hicieron los votantes de San Francisco y Oakland, California. En Illinois y en varios condados de Wisconsin, estados que eligieron gobernadores republicanos, importantes mayorías aprobaron iniciativas no vinculantes para aumentar el salario mínimo. Dado que los republicanos (y algunos demócratas) en el Congreso han bloqueado insistentemente un incremento del salario mínimo nacional, el pueblo está tomando el control del tema en sus comunidades y consiguiendo un apoyo rotundo en todo el espectro político.

El salario mínimo federal es de 7,25 dólares la hora, que con el ajuste por inflación es menor al de 1968. Esto se traduce en un salario de poco más de 15.000 dólares al año para alguien que tenga un trabajo a tiempo completo, quedando por debajo del umbral de la pobreza para las familias de dos personas. Por último, el Presidente Barack Obama ha hecho del aumento del salario mínimo un objetivo central de su presidencia. El pasado mes de febrero emitió una orden ejecutiva que obligó a las empresas que trabajan bajo contratos federales a pagar a sus empleados un mínimo de 10,10 dólares la hora porque, según dijo en su discurso del “Estado de la Unión” dos semanas antes: “Si cocinas para nuestras tropas o lavas sus platos, no deberías tener que vivir en la pobreza. Por supuesto, para mayores logros, el Congreso debe participar. Así que les pido que se unan al resto del país. Digan que sí. Denle un aumento a Estados Unidos”.

Ralph Nader, el legendario defensor de los consumidores y ex candidato presidencial del Partido Verde, ha luchado por un aumento del salario mínimo durante años. Nader acompañó a “Democracy Now!” en la cobertura especial de las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2014 y vinculó los malos resultados de los demócratas con el hecho de no haber atendido el tema del salario mínimo: “A último momento asumieron el único tema que el sitio de noticias Politico.com afirmó que podría favorecer a los demócratas: el aumento del salario mínimo para 30 millones de estadounidenses que actualmente ganan menos que los trabajadores de 1968, si hacemos los ajustes por inflación. 30 millones de personas y sus familias, un montón de votantes, pero no le dieron la importancia que merecía el tema. Hace unas tres semanas y media le dije al Senador Harry Reid que este debate tenía que ser llevado al plano nacional por el presidente en una campaña por todo el país. Él estuvo de acuerdo y dijo que iba a llamar al presidente. Pero ¿qué logramos? Un presidente que pasó casi dos semanas en los salones de Nueva York, Maine, San Francisco y Los Ángeles recaudando fondos para los demócratas en lugar de hacer campaña en el país con un tema que tiene un 80% de apoyo. Hasta los ex candidatos a presidente republicanos Mitt Romney y Rick Santorum se manifestaron a favor de actualizar el salario mínimo”.

Nader comentó particularmente una de las contiendas más seguidas de la noche, la elección del senador por Arkansas, donde el demócrata Mark Pryor perdió el escaño que ocupaba ante su rival republicano Tom Cotton: “Una vez que ingresó al Senado, el Senador Mark Pryor se aseguró de darle la espalda a los grupos de ciudadanos, a los grupos liberales, los grupos progresistas. Estuvo a cargo del Subcomité de Asuntos del Consumidor y no pudimos ni siquiera conseguir una reunión con él. Los demócratas han dejado de lado las posturas económicas que les hicieron ganar las elecciones una y otra vez a Franklin Delano Roosevelt y Harry Truman. Ya no pueden defender a nuestro país de los programas más militaristas, corporativos y crueles, de las políticas en contra de los trabajadores y los consumidores, en contra del ambiente y de las mujeres e, incluso, en contra de los niños”

Arkansas, donde se encuentra la sede del empleador privado más grande del mundo, Wal-Mart, en realidad tiene el salario mínimo más bajo del país: 6,25 dólares la hora, más bajo incluso que el mínimo federal de 7,25 dólares la hora (en estos casos, los empleadores están obligados a pagar el mínimo federal). Allí, la iniciativa para el aumento del salario mínimo se aprobó con más del 65% de los votos.

La coalición Give Arkansas a Raise Now (Por un aumento del salario mínimo en Arkansas, en español) trabajó arduamente durante meses para lograr este resultado, y es solamente una de las coaliciones regionales que se ocupan de llevar este tema al electorado porque el Congreso se niega a asumirlo como prioridad.

Los trabajadores también están haciendo demandas directas a sus empleadores, con una campaña cada vez mayor entre los trabajadores de la industria de la comida rápida, que están exigiendo 15 dólares la hora. En manifestaciones coordinadas, realizadas en 150 ciudades el pasado mes de septiembre, más de 400 personas fueron detenidas en actos de desobediencia civil no violenta.

Imara Jones, colaborador de Colorlines.com, escribió que las elecciones de medio término de 2014 estarían marcadas por la falta de justicia económica y comentó el tema en la cobertura especial de las elecciones que hizo Democracy Now!

“La justicia económica estuvo presente en las elecciones nacionales en todos los aspectos. Antes que nada, en términos de participación de votantes se está hablando de apatía, pero la apatía es una elección. La decisión de no votar es una elección, y dada la situación económica y la falta de progreso y equidad económica, no es una decisión extraña. No debería sorprendernos para nada. Este es uno de los primeros aspectos importantes; la gente no acudió a las urnas, particularmente las comunidades que sufrieron el peor golpe de la economía: afroestadounidenses, mujeres solteras y jóvenes menores de 30 años son quienes no se presentaron y quienes fueron más afectados por la economía. No tienen opción.” De hecho, solo alrededor de un tercio de los ciudadanos habilitados para votar acudió a las urnas, con una participación muy baja entre los jóvenes menores de 30 años, las mujeres solteras y las personas de color.

La iniciativa popular en demanda de un salario mínimo justo es tan solo uno de los movimientos sociales que crecen día a día en Estados Unidos. El movimiento por los derechos de los inmigrantes, el movimiento por una reforma carcelaria y del sistema de justicia penal, el movimiento contra el cambio climático inducido por la humanidad, o contra la guerra sin fin son movimientos que inspiran a la acción, que conducen a las personas a las calles, a menudo arriesgándose a ser arrestadas, o incluso deportadas. A pesar de las apariencias tras las elecciones legislativas de este año, la gente es una fuerza más poderosa que el dinero.

El profano ataque de los republicanos al sagrado derecho a votar

 

Existe en Arkansas una base de datos en la que podría figurar su nombre… Eso en caso de que usted viva en uno de los 28 estados de Estados Unidos que participan del Programa Interestatal de Verificación de Registro de Votantes. Se trata de uno de los crecientes componentes de una agresiva iniciativa desarrollada por los republicanos a lo largo y ancho de Estados Unidos que tiene por objetivo impedir que muchos estadounidenses puedan votar.

Varios estados han dado inicio al período de votación anticipada para las elecciones legislativas 2014 de Estados Unidos, que se llevarán a cabo este 4 de noviembre. Está en juego el control del Senado de Estados Unidos, así como muchas gobernaciones cruciales, bancas en el Congreso y referéndums. Una interrogante que surge en torno a estas elecciones es qué tan significativo será el impacto de las iniciativas para privar del derecho al voto a una gran cantidad de ciudadanos.

Hablé con Dolores Internicola en Fort Lauderdale, Florida, una de las zonas más afectadas por los esfuerzos del asediado gobernador republicano de Florida, Rick, Scott, por eliminar votantes de los padrones. Dolores perdió a su esposo, Bill, recientemente. Bill fue noticia en el año 2012, cuando a los 91 años de edad recibió por correo una notificación oficial de que su ciudadanía estaba en duda, por lo que debía comprobarla a fin de evitar ser eliminado de los padrones electorales. Como veterano de la Segunda Guerra Mundial que luchó en la batalla de las Ardenas, el oriundo de Nueva York se vio entristecido ante la posibilidad de no poder participar en el sistema electoral que él mismo había ayudado a defender contra la Alemania nazi. “Fue terrible”, recordó su viuda. Bill logró votar en las elecciones de 2012, pero la misma amenaza de ser arbitrariamente inhabilitadas para votar se cierne sobre millones de personas este año.

El periodista de investigación Greg Palast y el documentalista Richard Rowley recorrieron el país y documentaron el impacto del Programa de Verificación de Votantes. La crucial investigación que hizo Palast sobre la ahora legendaria debacle electoral que vivió Florida en el año 2000 contribuyó a exponer de qué manera la entonces Secretaria de Estado de Florida, Katherine Harris, supervisó una depuración de votantes errónea y a gran escala que fue determinante para llevar a la presidencia a George W. Bush en las que continúan siendo las elecciones presidenciales más polémicas de la historia de Estados Unidos.

Greg Palast plantea una pregunta fundamental en su especial de dos partes producido por Al-Jazeera America sobre presuntos electores que votan dos veces. “Me interesé en este tema cuando Bush ganó por 527 votos. Y ahora, quince años después, escucho que denuncian ‘fraude electoral. Un millón de personas cometen fraude electoral’. ¿Existe realmente esta inmensa ola de crímenes?”

El sistema de verificación que describe Palast comenzó como una iniciativa del Secretario de Estado de Kansas, el republicano Kris Kobach. Toma los registros electrónicos de los votantes de los estados intervinientes, los recopila en una base de datos centralizada en Arkansas e intenta identificar a cada uno de los votantes que pudiera haber votado en más de un estado. Estos “votos duplicados” fueron responsables, según el comentarista conservador Dick Morris, de más de un millón de votos fraudulentos en favor de Barack Obama, que le permitieron supuestamente “robarse las elecciones” de 2012. Aún así, según informa Palast, no se ha llevado a cabo ni un solo procesamiento por fraude electoral a consecuencia del sistema de verificación. En lugar de ello, la verificación ha provocado una depuración a gran escala de votantes habilitados, con frecuencia debido a problemas en la recopilación y organización de los datos.

La depuración de los padrones electorales es solamente una de las formas en que los republicanos procuran restringir el voto. En las últimas semanas, la justicia ha emitido fallos clave que han hecho de todo menos garantizar que se preserve el derecho al voto de decenas de miles de votantes. Texas aprobó recientemente una ley de identificación de votantes por fotografía que resulta altamente restrictiva. La Corte Suprema de Estados Unidos decidió no expedirse respecto a su contenido hasta después de las elecciones a fin de evitar confusiones. Al emitir su voto en desacuerdo, la Ministra de la Corte Ruth Bader Ginsburg expresó: “La mayor amenaza a la confianza de la población en las elecciones en este caso es la perspectiva de que se aplicará una ley resueltamente discriminatoria que probablemente imponga un impuesto inconstitucional al voto e implique el riesgo de negar el derecho a votar a cientos de miles de votantes habilitados”.

También se ha permitido que procedan leyes restrictivas de identificación de votantes y otras obstrucciones al voto en Wisconsin y Carolina del Norte. Desde hace tiempo se reconoce que exigir la presentación de documentos de identidad con fotografía afecta de forma desproporcionada a las personas de menores recursos y a las personas de color, dos sectores de la población que tienden a votar por el Partido Demócrata.

En el otoño de 1980, Paul Weyrich, un activista conservador que fundó instituciones de derecha como The Heritage Foundation, Moral Majority y American Legislative Exchange Council, habló durante una conferencia en Dallas. “No quiero que voten todas las personas”, dijo, y continuó: “Las elecciones no se ganan con la mayoría de la población, nunca ha sido así desde los inicios de nuestro país y no es así ahora. De hecho, nuestra ventaja en las elecciones aumenta considerablemente cuando disminuye la población de votantes”. Aquel sueño expresado por Paul Weyrich en 1980 se ha convertido en la triste realidad de 2014. El derecho a votar es sagrado y protegerlo es responsabilidad de todos nosotros.

 

Estados Unidos tiene ahora un “zar del ébola”. Sin embargo, sigue sin tener un director general de salud pública. ¿Por qué? Los grupos de lobby a favor de las armas han logrado detener su nombramiento, al menos hasta ahora.

La epidemia del ébola es una crisis mundial de salud que exige una respuesta conjunta a nivel mundial. Aquí, en Estados Unidos, las medidas que se tomaron fueron desarticuladas, y parecen estar más bien motivadas por el miedo que por la ciencia. Hay una razón clara para ello: el nombramiento del funcionario seleccionado por el Presidente Barack Obama para ocupar el cargo de Director Genera de Salud Pública, el Dr. Vivek Murthy, sigue estancado en el Senado. Uno podría imaginar que una epidemia como la del ébola haría que la gente trascienda la política partidaria, pero Vivek Murthy, a pesar de los impresionantes méritos de su labor médica, cometió un error crucial antes de ser nombrado: declaró que las armas eran un problema de salud pública. Eso provocó la oposición de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por su sigla en inglés), que es todo lo que se necesita para detener el progreso de cualquier votación en el Senado estadounidense.

En octubre de 2012, el Dr. Murthy escribió en su cuenta de twitter: “Estoy cansado de los políticos que hacen política jugando con la problemática de las armas, poniendo en riesgo la vida de millones de personas por miedo a la NRA. Las armas son un problema de salud pública”. Un año después, la Casa Blanca anunció su nominación para el cargo de director general de salud y el cuatro de febrero de 2014 testificó ante el Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado. Obtuvo el apoyo tanto de los demócratas como de los republicanos en el comité, pero su nombramiento todavía no fue sujeto a votación en el Senado, presumiblemente porque el Senador Harry Raid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, sabe que no contarán con los votos suficientes para aprobarlo. Los nombramientos necesitan solo una mayoría simple de 51 votos para ser aprobados. Como los demócratas tienen una mayoría de 55 a 45 en el Senado (al menos por ahora), la aprobación de Murthy como director general de salud pública debería haber sido cuestión de rutina.

Sin embargo, el temor percibido al poder de la Asociación Nacional del Rifle provocó que varios demócratas –sobre todo aquellos que se enfrentan a una reelección ajustada en 2014– indicaran que no votarán en apoyo a Murthy. Entre quienes se espera que voten en contra se encuentran Mary Landrieu, de Louisiana, Mark Pryor, de Arkansas, y Mark Begich, de Alaska. Estos senadores demócratas y otros senadores que aspiran a la reelección no quieren arriesgarse a provocar a la NRA antes de las elecciones de noviembre. Así que Estados Unidos no tiene director general de salud pública.

¿De qué se ocupa el Director General de Salud exactamente? El cargo se remonta a 1798, cuando el Congreso estableció el primer servicio de salud con financiamiento público para los marinos mercantes que padecían enfermedades. Ahora, el director general tiene al mando a más de 6.500 trabajadores de la salud del “Cuerpo Comisionado” de los servicios de salud, que tiene la tarea de proteger la salud pública estadounidense.

Otro papel igualmente importante del director general es oficiar como “médico del país”, utilizar su cargo para organizar campañas de salud pública y educar e inspirar a las personas a tomar en serio la salud. Entonces, si bien hay un director interino, Boris Lushniak, que mantiene funcionando la organización, no ha asumido el papel público que el puesto requiere. En 1964, el entonces Director General de Salud Pública, Luther Terry, dio a conocer un revolucionario informe, “Tabaco y Salud”, que provocó cambios significativos en las políticas de tabaco, como la impresión de etiquetas de advertencia en los paquetes de cigarrillos y la prohibición de publicidad de tabaco en radio y televisión. En la década de 1980, el Director General de Salud del presidente Ronald Reagan, C. Everett Koop, abogó por la educación y la lucha contra elVIH/SIDA, en contra de los deseos del propio Reagan, que ni siquiera pronunció la frase “SIDA” durante los primeros seis años de su gobierno, mientras miles de personas morían a causa de la enfermedad.

Podemos suponer que, si el Dr. Murthy fuera confirmado como director general, sería la voz cantante de la razón en la respuesta nacional a la epidemia del ébola. En su lugar, tenemos personajes desinformados que exigen prohibiciones de viaje desde y hacia los países de África Occidental, algo que todos los funcionarios de salud pública afirman que sería exacerbar la epidemia, conduciendo a las personas infectadas a cruzar ilegalmente las fronteras y evitar los puestos de control donde podrían ser derivadas para recibir tratamiento. Este escenario definitivamente provocaría más casos de ébola en Estados Unidos.

¿Y cuál es el problema de que el director general de salud impulse políticas de sentido común, basadas en datos de la realidad, para reformar nuestras leyes de tenencia de armas? La Campaña Brady para Prevenir la Violencia con Armas de Fuego señala en sus informes la escala del problema con las armas: en promedio, 128 estadounidenses resultan muertos o heridos por armas de fuego todos los días. Más de 30.000 mueren por violencia con armas todos los años. La Campaña Brady recibe su nombre por el secretario de prensa del Presidente Reagan, el difunto James Brady, que fue herido de gravedad en un intento de asesinato a Reagan.

Hasta donde sabemos, solo dos personas en Estados Unidos tienen ébola actualmente. En cambio, hay 300 millones de armas de fuego en circulación. El ébola se puede detener con procedimientos adecuados de salud pública y con el envío de una gran cantidad de trabajadores de la salud, equipos y otros recursos a Liberia, Sierra Leona y Guinea. El Senado debería votar inmediatamente para aprobar el nombramiento del Dr. Vivek Murthy como Director General de Salud.

Por estos días, en Estados Unidos, las noticias alternan hora a hora entre el virus del Ébola y el Estado Islámico. Con frecuencia se repite la pregunta acerca de si deberíamos desplegar tropas en el territorio. La respuesta es sí, pero no en Medio Oriente. Necesitamos contar con decenas de miles de efectivos presentes en el terreno para hacer frente al ébola. Tropas de médicos, de enfermeras, de profesionales de la salud que luchen contra este desastre sanitario mundial totalmente prevenible.

El ébola es un pequeño virus que está poniendo de manifiesto los grandes problemas presentes en los sistemas de salud pública del mundo. Los pocos casos conocidos aquí en Estados Unidos han provocado un clima de temor y creciente conciencia de lo vulnerables que somos ante el brote de una enfermedad viral en nuestra sociedad. Imaginemos cómo se siente la población de países empobrecidos de África Occidental como Guinea, Sierra Leona y Liberia, donde la cifra de casos asciende a miles y la infraestructura simplemente no puede hacer frente a la cada vez mayor cantidad de personas infectadas.

Lawrence Gostin, director del Instituto O’Neill de la Universidad de Georgetown, especializado en investigaciones sobre salud, dijo sobre la situación actual: “Debemos recordar que esta es la segunda vez en la historia de Naciones Unidas que el Consejo de Seguridad de la ONU declara que estamos frente a una amenaza sanitaria, una amenaza a la paz y la seguridad en el mundo. La primera fue el SIDA, la segunda es el ébola”. En declaraciones efectuadas durante el programa de noticias de “Democracy Now!, Gostin continuó: “Por eso, el Consejo de Seguridad de la ONU ha hecho un llamado a todos los países del mundo. Junto a Estados Unidos deberían estar la Unión Europea, Australia, Canadá y todos nuestros aliados. Se trata de una crisis humanitaria y de salud de carácter internacional. Se trata de una amenaza a la estabilidad política y económica de la región y, obviamente, lo que es más importante, a la salud de los seres humanos. Deberíamos estar movilizando muchísimos más recursos. Deberíamos haberlo hecho antes. Debemos hacerlo ahora”.

La Organización Mundial de la Salud anunció el más reciente de los brotes de ébola, en Guinea, el 23 de marzo de este año. El brote creció, se extendió a países vecinos y pasó sobre varios otros hasta llegar al país más poblado de África, Nigeria. Causó primero la muerte a decenas de personas y luego a cientos y a miles, pero permaneció en buena medida al margen del mundo hasta que dos personas blancas, dos trabajadores de la salud estadounidenses, contrajeron la enfermedad. El Dr. Kent Brantly y la misionera Nancy Writebol fueron trasladados por avión de regreso a Estados Unidos tras ser diagnosticados con el virus del Ébola. Cuando los primeros pacientes estadounidenses de ébola llegaron al país y fueron ubicados en unidades de aislamiento, la enfermedad se convirtió en noticia de primera plana a lo largo y ancho del país.

Increíblemente, al mismo tiempo que la gente moría masivamente a causa del ébola en África Occidental, estos dos estadounidenses sobrevivieron, luego de ser tratados con algunas de las pocas dosis existentes de un fármaco experimental conocido como ZMapp. Se trata de resultados positivos que son posibles de concretar si se tiene acceso a un buen sistema de salud, que cuente con el presupuesto necesario.

Luego llegó Thomas Eric Duncan. Él también había contraído el virus del Ébola. El progreso de su enfermedad fue bastante distinto. Su sobrino, Josephus Weeks, lo resumió con elocuencia en un artículo publicado por el periódico The Dallas Morning News.

Weeks redactó: “El viernes 25 de septiembre, mi tío Thomas Eric Duncan concurrió al Hospital Presbiteriano de Texas, en Dallas. Tenía fiebre alta y dolores de estómago. Le dijo a la enfermera que había estado en Liberia recientemente. Pero era un hombre de color sin seguro de salud ni recursos para pagar su tratamiento, así que después de unas horas le dieron de alta con la prescripción de algunos antibióticos y analgésicos”.

Duncan regresó a su hogar para ser atendido por su familia, pero progresivamente su estado fue empeorando. Dos días después regresó al hospital y fue ingresado bajo sospechas de que se trataba de Ébola. Rápidamente empeoró y murió el 8 de octubre, tal como lo relató su sobrino, “solo en la habitación de un hospital”. Unos días después, nos enteramos de que una de las trabajadoras de la salud que le brindaron asistencia, la enfermera de cuidados intensivos Nina Pham, había contraído el Ébola. Posteriormente aparecieron síntomas en otra enfermera, Amber Vinson. Horas antes de que se le diagnosticara la enfermedad, viajó en avión desde Cleveland a Dallas junto a más de 130 personas. ¿Qué habría sucedido si nuestro sistema de salud garantizara tratamiento a todos, sin importar si los pacientes tienen o no cobertura de salud privada?

El Congresista republicano Pete Sessions, que representa a una parte de Dallas, dijo a la CNN que se debería impedir que vuelos provenientes de África Occidental ingresaran a Estados Unidos a pesar de que, según dijo, admitiría a los ciudadanos estadounidenses. Consulté a Lawrence Gostin al respecto: “Es una muy mala idea. Y, por varios motivos, es muy egoísta. En primer lugar, no va a hacer que Estados Unidos esté más seguro. De hecho, va a hacer que esté menos seguro. Primero, el hecho de suspender los vuelos significa que los trabajadores de la salud enfrentarían mayores dificultades para ir y venir de la zona afectada. Y esos países enfrentarían dificultades económicas y comerciales. Aumentarían los precios de los alimentos. Y en definitiva, en mi opinión, la epidemia se saldría aún más de control y pondría a esos países en mayor riesgo. Y cuanto mayor sea la cantidad de personas que contraigan la enfermedad en África Occidental, mayor será el riesgo que corramos aquí en Estados Unidos, en Canadá, en la Unión Europea. Es matemática básica, pura y simple. Si hay una gran cantidad de personas infectadas en una parte del mundo y vivimos en un mundo moderno y globalizado, no se puede envolver a toda una región con celofán y pretender que los gérmenes permanezcan afuera. No funciona de esa manera. Al hacerlo, creemos que es el modo de salvarnos, pero en realidad estamos corriendo más riesgos. Y además estaríamos haciendo algo que atenta profundamente contra el espíritu de nuestro país”.

La pequeña isla de Cuba ha enviado a más de 160 médicos a África Occidental para brindar tratamiento a los pacientes y contribuir a contener el avance de esta epidemia. Deberíamos aprender de Cuba. En cambio, el Presidente Barack Obama envió infantes de marina. En breve estarán construyendo hospitales de campaña. Ahora, la pregunta es: ¿quiénes brindarán asistencia en estas nuevas instalaciones? El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha conformado un comando especial de emergencia para hacer frente a la crisis provocada por el Ébola. El mundo debe unirse para salvar vidas y detener esta catástrofe evitable que nos amenaza a todos.

 

 

SAN ANTONIO— En Texas, es posible medir cuánto han avanzado las mujeres en función del camino que deben recorrer. Una gran cantidad de establecimientos médicos  han debido cerrar sus puertas en Texas, dejando así a casi un millón de mujeres a cientos de kilómetros de los centros de salud que podrían resultarles necesarios. ¿El motivo? Uno de los servicios que brindaban estos centros médicos era el aborto legal y seguro. La semana pasada, el Tribunal Federal de Apelaciones del Quinto Circuito confirmó las restricciones impuestas por el estado de Texas al acceso al aborto, lo que provocó el cierre inmediato de otras trece clínicas. En total, el 80% de las clínicas de Texas que incluían entre sus servicios el aborto han cerrado desde que entró en vigor dicha normativa.

Imaginemos que un día nos encontráramos con la siguiente noticia: “Un tribunal de apelaciones de Texas determinó el cierre del 80% de las armerías de Texas”. Los autoproclamados patriotas de Texas se levantarían en armas. Pero en el estado de la estrella solitaria, no todos los derechos nacen iguales. El derecho de una mujer a elegir sobre su maternidad, su derecho a poner fin a un embarazo, su derecho a la privacidad fueron establecidos por la Corte Suprema en 1973, hace más de 40 años, en el histórico fallo emitido en el caso Roe contra Wade.

En 2013, el poder legislativo de Texas, el Gobernador Rick Perry y el Fiscal General (y actual candidato republicano a gobernador) Greg Abbott establecieron una serie de leyes que impusieron barreras al funcionamiento de las clínicas de Texas que practican abortos. En primer lugar, se exigió que los médicos de dichas clínicas contaran con derechos de admisión en hospitales cercanos. Luego se establecieron una serie de requisitos edilicios, aplicables únicamente a clínicas en que se practican abortos, los cuales exigieron importantes reformas a fin de que los establecimientos pudieran permanecer abiertos.

Los grupos que defienden el derecho al aborto calificaron a estas leyes de reglamentación selectiva de los centros en que se practican abortos como “leyes TRAP”, sigla que en inglés significa “trampa”. El instituto de investigación en torno a asuntos de salud reproductiva Guttmacher Institute informó recientemente que “26 estados del país cuentan con leyes o políticas que regulan a los centros médicos que proveen abortos y que exceden lo que resulta necesario para garantizar la seguridad de las pacientes. La totalidad de dichas normativas se aplica a las clínicas en que se practican abortos quirúrgicos”.

Jeffrey Hons, presidente y director ejecutivo de la organización de planificación familiar Planned Parenthood South Texas, me dijo: “El nuestro es el centro ubicado más al sur y más al oeste en el que se puede acceder a un aborto en Texas, pero hay una buena parte de Texas que se encuentra aún más al sur y al oeste que nosotros”. La clínica de Hons es una de las solo tres que quedan en San Antonio que realizan abortos.

Hons describió el impacto en las mujeres más vulnerables, que ahora deben viajar grandes distancias para practicarse un aborto: “Para una mujer que se encuentra en estas zonas alejadas e intenta encontrar un centro quirúrgico, la distancia que debe recorrer, los puestos de control de inmigración que ella y su pareja deben atravesar y el miedo de atravesar estos controles de inmigración, porque puede ser que tengan o no los documentos en regla… todo ello representa una verdadera carga. Y la carga psicológica de saber que debemos abandonar nuestro hogar, nuestra familia, nuestra localidad, nuestro mundo para ir en busca de este tipo de asistencia médica tan privada e íntima, tras un proceso de toma de decisiones que resulta tan difícil, es muy grande. Y más ahora sabiendo que hay que hacerlo en un lugar donde no contamos con nuestra red de apoyo para que nos contenga”.

El Centro de Derechos Reproductivos, que fue la organización que defendió el derecho constitucional al aborto ante el tribunal de apelaciones, destacó que el fallo del tribunal hace que “casi un millón de mujeres de Texas se enfrenten a un viaje de ida y vuelta de casi 500 kilómetros como mínimo para poder ejercer su derecho constitucional a un aborto”.

Lindsay Rodriguez, presidenta del Fondo Lilith, que brinda apoyo económico y educación a mujeres que necesitan acceder a un aborto, expresó: “Todo el tiempo escuchamos historias de gente que tiene que viajar desde zonas como el Valle de Rio Grande hasta San Antonio para intentar acceder a este tipo de atención de la salud”. Rodriguez agregó: “En su gran mayoría, las personas que se van a ver más afectadas por estas leyes son las personas con menos recursos económicos, las personas que tal vez enfrenten problemas migratorios. Puede que sean personas que, por diversos motivos, se encuentran con más barreras para poder acceder a la asistencia médica en general, no sólo para acceder a un aborto, sino para acceder a asistencia médica”.

Estos viajes más largos y más costosos tendrán como consecuencia que las mujeres demoren el procedimiento, lo cual lo tornará más complejo y oneroso. Con el cierre de estas clínicas, la ley reduce además el acceso a métodos anticonceptivos, lo cual provoca más embarazos no deseados, perpetuando así la demanda de abortos.

Tras el fallo del tribunal de apelaciones, el Centro de Derechos Reproductivos, junto a otras organizaciones, entabló inmediatamente un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Estados Unidos en procura de una orden judicial contra la ley de Texas.

Mientras tanto, los ciudadanos de Texas se preparan para elegir nuevo gobernador. En una de las contiendas seguidas más de cerca en todo el país, el Fiscal General Greg Abbott se enfrenta a su contrincante demócrata, Wendy Davis. Sus posturas no podían ser más opuestas. En junio de 2013, siendo senadora estatal, Davis se opuso y obstruyó esta ley de restricción del aborto durante once horas, demorando así su aprobación, al tiempo que miles de personas se habían congregado en el recinto para brindarle su apoyo. Recientemente, Davis reveló haber puesto fin a dos embarazos por motivos de salud en la década de 1990. Para ella, al igual que para todas las mujeres del país, este asunto político resulta profundamente personal. Se trata de un asunto que debería unir a personas provenientes de todo el espectro político. Se trata de vernos libres de la injerencia del gobierno a la hora de tomar las decisiones más íntimas de nuestras vidas.

Jefferson, Colorado: una gran lección de desobediencia civil

“No hagan de la historia un misterio” decía una de las pancartas sostenida en alto en una marcha realizada en el condado de Jefferson, Colorado hace pocos días. Estudiantes de secundaria de este distrito suburbano han abandonado masivamente sus clases durante la última semana en protesta por la censura prevista por la junta escolar del distrito del plan de estudios del curso de nivel pre-universitario de historia estadounidense del programa Advanced Placement (AP). La junta propuso la creación de una comisión que evalúe dicho curso, así como otros, y le agregue material “que promueva la ciudadanía, el patriotismo, los fundamentos y beneficios del sistema de libre mercado, el respeto por la autoridad y el respeto por los derechos individuales”. La propuesta de cambios incluye también eliminar todo material que en opinión de la junta “fomente o tolere la alteración del orden público, los conflictos sociales o la inobservancia de la ley”. La huelga estudiantil coincide con una protesta de varios días llevada a cabo por los docentes bajo la modalidad de inasistencia colectiva por pedido de licencias médicas. Paradójicamente, el intento de la junta escolar de suprimir la enseñanza de la historia de las protestas sociales en Estados Unidos ha provocado un masivo movimiento de protesta que crece día a día.

Desde hace mucho tiempo, las juntas escolares son uno de los objetivos electorales de la derecha estadounidense. En Jefferson, la actual mayoría conservadora obtuvo la victoria por escaso margen en noviembre de 2013, en una votación realizada fuera de año electoral que contó con escasa participación de votantes. Al respecto, John Ford expresó en el programa de noticias de “Democracy Now!”: “Votó aproximadamente un 33% del total de la población habilitada para votar. Las elecciones son importantes, principalmente las elecciones de las juntas escolares”. Ford es docente de estudios sociales en la secundaria Moore Middle School y presidente de la Asociación de Educación del Condado de Jefferson, que representa a más de 5.000 docentes, bibliotecarios, consejeros y empleados de ese distrito.

Con frecuencia se subestima el poder de las juntas escolares. Ashlyn Maher, una estudiante de nivel avanzado de la escuela Chatfield High School que colaboró en la organización de los paros estudiantiles, expresó: “El año pasado le presté mucha atención al desempeño de la Junta Escolar, y cada vez me preocupa más lo que está sucediendo”. La desobediencia civil ha tenido un importante papel en la historia de Estados Unidos, ampliamente conocido y narrado. La propia Declaración de la Independencia, tan preciada para conservadores y progresistas por igual, señala que “se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla”. Ashlyn Maher sostuvo también: “Considero haber estado defendiendo aquello en lo que creo y eso es lo que el pueblo estadounidense ha hecho durante siglos. Se trata de los cimientos de nuestro país. Yo misma tomé el curso de historia estadounidense de nivel pre-universitario del programa AP y lo único que me mostraron fueron hechos. Y luego yo formé mis opiniones basándome en esos hechos. Nunca se me dijo lo que tenía que pensar. Somos los estudiantes los que estamos al frente de estas manifestaciones y es lo que consideramos correcto hacer”.

Los docentes también se han enfrentado a la mayoría de la junta desde que asumió el poder. John Ford afirma: “Creo que es la combinación de varias cosas. Tenemos una mayoría en la junta que permanentemente durante los pasados diez meses ha actuado en secreto, derrochando el dinero de los contribuyentes y sin el menor respeto por nuestra comunidad. Por lo que si a todo eso le sumamos esta nueva comisión que tiene por objeto sanear o purificar planes de estudio, creo que una vez más están provocando irritación. Y teníamos una larga trayectoria de colaboración con la junta y el superintendente escolar. Pero todo eso ha llegado a su fin”, dijo Ford.

Una organización política de derecha de alcance nacional, Americans for Prosperity, financiada por los multimillonarios hermanos Koch, celebró la victoria conservadora en las elecciones de la junta escolar del condado de Jefferson. Dustin Zvonek, director de la organización para el estado de Colorado, escribió el pasado mes de abril que esas elecciones constituyeron “un momento emocionante y esperanzador para el condado y el distrito escolar”. Zvonek exhortó a los tres representantes por la mayoría a “golpear mientras el hierro esté aún candente”, y aunque podría no parecer el mejor de los consejeros, redactó: “Los integrantes de la junta escolar pueden y deben comenzar a explorar y discutir dichas opciones sin temor a tomar distancia de la amplia mayoría de la población”.

Pues bien, la población ha tomado amplia distancia. Los estudiantes de bachillerato continúan organizándose y a ellos se han unido recientemente los estudiantes de los primeros años de secundaria, quienes también han decidido manifestarse. Docentes universitarios locales han conformado un grupo de solidaridad. El miércoles, la Coalición Nacional Contra la Censura, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles y otras ocho organizaciones nacionales enviaron una carta a la junta escolar manifestando su oposición a la revisión propuesta del plan de estudios. En la carta, sostienen: “Sería casi imposible enseñar historia estadounidense sin hacer referencia a la ‘alteración del orden público’, concepto que se aborda de forma adecuada en relación a la Revolución Estadounidense, el movimiento de los trabajadores, el activismo por los derechos civiles y los derechos de los homosexuales, la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, las protestas por el derecho al voto, las manifestaciones de la población contra la guerra de Vietnam, la oposición al aborto, a la vigilancia por parte del gobierno y a un sinfín de otros hechos significativos en la historia de Estados Unidos. Decir a las escuelas que no pueden utilizar material que ‘fomente o tolere la alteración del orden público’ al tratar estos u otros temas equivale a decirles que dejen de enseñar historia”.

No sólo discrepan con la medida organizaciones de defensa de los derechos civiles. La propia organización College Board, que regula tanto los exámenes universitarios SATcomo el programa de cursos de nivel pre-universitario Advanced Placement, emitió un comunicado de apoyo a las manifestaciones estudiantiles en el que expresa: “Si una institución educativa o distrito escolar censura conceptos esenciales de un curso del programa de nivel pre-universitario Advanced Placement, dicho curso ya no podrá ser designado como parte del programa ‘AP’”.

Ashlyn Maher, sin mostrarse alterada por los comentarios del presentador de Fox News Channel que calificó a los estudiantes que salieron a manifestarse de “títeres” y “vándalos”, reflexionó antes de partir rumbo a la escuela: “Este tema no dejará de afectarme cuando me gradúe. Tengo un hermano y una hermana menores que van a crecer en la comunidad de Jefferson y quiero que tengan la mejor educación que sea posible”.

Y una clase de educación es lo que ciertamente ha brindado a la comunidad la nueva medida propuesta por los representantes por la mayoría en la junta escolar. Los estudiantes están recibiendo, y dando, grandes lecciones sobre el poder de las manifestaciones y la desobediencia civil.

 

El calentamiento global y la guerra: dos crisis mundiales íntimamente ligadas

 

Algunas horas después de que 400.000 personas participaran en la mayor marcha por el clima de la historia, Estados Unidos comenzó a bombardear Siria y así inició otra guerra. El Pentágono afirma que los objetivos eran instalaciones militares del Estado Islámico en Siria e Irak, además de un nuevo grupo terrorista, Khorasan. El Presidente Barack Obama está iniciando una nueva guerra, mientras no hace nada para combatir el cambio climático, que empeora cada día. El mundo atraviesa dos crisis que están íntimamente ligadas: el calentamiento global y las guerras. Existen soluciones a ambos problemas, pero lanzar bombas no es una de ellas.

“En las guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados; se siembran las semillas de conflictos futuros, las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida.” Este fue parte del discurso pronunciado en diciembre de 2009 por el Premio Nobel de la Paz de ese año, el Presidente Barack Obama. Cinco años más tarde, sus declaraciones se parecen a las noticias que recibimos a diario. El grupo pacifista PinkCode está exhortando al Presidente Obama a que devuelva el Premio Nobel.

En el mismo discurso, Obama afirmó: “El mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos durante décadas”. Obama también sostuvo: “Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego”.

De hecho, el Pentágono considera desde hace tiempo que el cambio climático es una gran amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. En su Examen Cuatrienal de Defensa de 2014, el Pentágono observó que los diversos efectos del cambio climático “empeorarán otros problemas en el extranjero como la pobreza, la degradación ambiental, la inestabilidad política y las tensiones sociales. Estas condiciones pueden dar lugar a la actividad terrorista y a otras formas de violencia”.

Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué no abordar la amenaza del cambio climático cuando aún estamos a tiempo? Asad Rehman de la federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional, quien viajó a Nueva York para participar en la Marcha por el clima, me dijo: “Si podemos conseguir los billones [de dólares] que conseguimos para financiar conflictos, ya sea que se trate de una invasión en Irak o Afganistán o ahora para el conflicto en Siria, estoy seguro de que podemos conseguir los fondos necesarios para lograr la transformación que se requiere hacer para brindar energía limpia y renovable a las 1.200 millones de personas que carecen de ella”.

Asad Rehman es un firme opositor del enorme gasto militar. Durante años fue activista contra la guerra y considera que hay un fuerte vínculo entre la guerra y el calentamiento global. “El petróleo ha sido una maldición para la gente de Medio Oriente, ha sido un presagio de los conflictos y de la violencia; de la destrucción de civilizaciones antiguas y de las vidas de millones de personas”.

Medea Benjamin, cofundadora de Code Pink, coincide con Rehman. Benjamin participó en la histórica Marcha por el clima y se sumó a otros miles de manifestantes al día siguiente para participar en la acción “Inundemos Wall Street” (Flood Wall Street), en la que 100 personas fueron arrestadas. Antes de ir a la Casa Blanca a protestar contra el bombardeo en Siria, Medea me dijo: “El petróleo es la base de la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente. Si no fuera por el petróleo de Irak, Estados Unidos nunca hubiera invadido ese país”.

El martes, más de cien líderes mundiales, junto con representantes del sector industrial, participaron en una cumbre no vinculante sobre el clima. La cumbre fue convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, con la esperanza de que daría el impulso necesario para las negociaciones formales sobre el cambio climático que procuran lograr un compromiso vinculante de los países del mundo para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento mundial de la temperatura a 2 grados Celsius. Se considera que un aumento de la temperatura de 2 grados es el límite máximo de aumento que el planeta, tal como lo conocemos, puede soportar.

Mientras las negociaciones sobre el clima no tienen mucho éxito ni atención mediática, el ataque del Presidente Obama contra el Estado Islámico y otros grupos considerados amenazas terroristas dominó la sesión de la Asamblea General de la ONU y fue el tema principal de una sesión especial del Consejo de Seguridad presidida por Obama. Al reflexionar sobre el futuro del movimiento mundial para combatir el cambio climático, Asad Rehman dijo: “Creo que los que participaron en la manifestación sin duda salieron de allí con más entusiasmo y con una mayor convicción de que el poder está en nuestras manos y no en ese edificio en Nueva York, no en la cumbre de la ONU”.

Antes de la invasión de Irak en 2003, el General estadounidense Anthony Zinni estimó que solo se podría tener éxito si se enviaba una fuerza de 400.000 soldados. Donald Rumsfeld envío menos de la mitad de soldados y bromeó al respecto: “Se va a la guerra con el ejército que se tiene, no con el ejército que se quisiera tener”. Fueron 400.000 las personas que asistieron a la marcha por el clima el domingo en Nueva York…un ejército de esperanza para un futuro sustentable.