Shopping Cart

Your shopping cart is empty
Visit the shop

Your Adv Here

Los Angeles— El buque escuela mexicano Cuauhtémoc arribó al puerto…

Seúl, Corea A más de seis meses de que un…

Washington— Todos los pasajeros que arriben a Estados Unidos provenientes…

Distrito Federal– Con la finalidad de dar a conocer información…

A new study says that cheap, abundant natural gas will…


More Shoot 'Em Up games from Miniclip '); ?>

Estados Unidos tiene ahora un “zar del ébola”. Sin embargo, sigue sin tener un director general de salud pública. ¿Por qué? Los grupos de lobby a favor de las armas han logrado detener su nombramiento, al menos hasta ahora.

La epidemia del ébola es una crisis mundial de salud que exige una respuesta conjunta a nivel mundial. Aquí, en Estados Unidos, las medidas que se tomaron fueron desarticuladas, y parecen estar más bien motivadas por el miedo que por la ciencia. Hay una razón clara para ello: el nombramiento del funcionario seleccionado por el Presidente Barack Obama para ocupar el cargo de Director Genera de Salud Pública, el Dr. Vivek Murthy, sigue estancado en el Senado. Uno podría imaginar que una epidemia como la del ébola haría que la gente trascienda la política partidaria, pero Vivek Murthy, a pesar de los impresionantes méritos de su labor médica, cometió un error crucial antes de ser nombrado: declaró que las armas eran un problema de salud pública. Eso provocó la oposición de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por su sigla en inglés), que es todo lo que se necesita para detener el progreso de cualquier votación en el Senado estadounidense.

En octubre de 2012, el Dr. Murthy escribió en su cuenta de twitter: “Estoy cansado de los políticos que hacen política jugando con la problemática de las armas, poniendo en riesgo la vida de millones de personas por miedo a la NRA. Las armas son un problema de salud pública”. Un año después, la Casa Blanca anunció su nominación para el cargo de director general de salud y el cuatro de febrero de 2014 testificó ante el Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado. Obtuvo el apoyo tanto de los demócratas como de los republicanos en el comité, pero su nombramiento todavía no fue sujeto a votación en el Senado, presumiblemente porque el Senador Harry Raid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, sabe que no contarán con los votos suficientes para aprobarlo. Los nombramientos necesitan solo una mayoría simple de 51 votos para ser aprobados. Como los demócratas tienen una mayoría de 55 a 45 en el Senado (al menos por ahora), la aprobación de Murthy como director general de salud pública debería haber sido cuestión de rutina.

Sin embargo, el temor percibido al poder de la Asociación Nacional del Rifle provocó que varios demócratas –sobre todo aquellos que se enfrentan a una reelección ajustada en 2014– indicaran que no votarán en apoyo a Murthy. Entre quienes se espera que voten en contra se encuentran Mary Landrieu, de Louisiana, Mark Pryor, de Arkansas, y Mark Begich, de Alaska. Estos senadores demócratas y otros senadores que aspiran a la reelección no quieren arriesgarse a provocar a la NRA antes de las elecciones de noviembre. Así que Estados Unidos no tiene director general de salud pública.

¿De qué se ocupa el Director General de Salud exactamente? El cargo se remonta a 1798, cuando el Congreso estableció el primer servicio de salud con financiamiento público para los marinos mercantes que padecían enfermedades. Ahora, el director general tiene al mando a más de 6.500 trabajadores de la salud del “Cuerpo Comisionado” de los servicios de salud, que tiene la tarea de proteger la salud pública estadounidense.

Otro papel igualmente importante del director general es oficiar como “médico del país”, utilizar su cargo para organizar campañas de salud pública y educar e inspirar a las personas a tomar en serio la salud. Entonces, si bien hay un director interino, Boris Lushniak, que mantiene funcionando la organización, no ha asumido el papel público que el puesto requiere. En 1964, el entonces Director General de Salud Pública, Luther Terry, dio a conocer un revolucionario informe, “Tabaco y Salud”, que provocó cambios significativos en las políticas de tabaco, como la impresión de etiquetas de advertencia en los paquetes de cigarrillos y la prohibición de publicidad de tabaco en radio y televisión. En la década de 1980, el Director General de Salud del presidente Ronald Reagan, C. Everett Koop, abogó por la educación y la lucha contra elVIH/SIDA, en contra de los deseos del propio Reagan, que ni siquiera pronunció la frase “SIDA” durante los primeros seis años de su gobierno, mientras miles de personas morían a causa de la enfermedad.

Podemos suponer que, si el Dr. Murthy fuera confirmado como director general, sería la voz cantante de la razón en la respuesta nacional a la epidemia del ébola. En su lugar, tenemos personajes desinformados que exigen prohibiciones de viaje desde y hacia los países de África Occidental, algo que todos los funcionarios de salud pública afirman que sería exacerbar la epidemia, conduciendo a las personas infectadas a cruzar ilegalmente las fronteras y evitar los puestos de control donde podrían ser derivadas para recibir tratamiento. Este escenario definitivamente provocaría más casos de ébola en Estados Unidos.

¿Y cuál es el problema de que el director general de salud impulse políticas de sentido común, basadas en datos de la realidad, para reformar nuestras leyes de tenencia de armas? La Campaña Brady para Prevenir la Violencia con Armas de Fuego señala en sus informes la escala del problema con las armas: en promedio, 128 estadounidenses resultan muertos o heridos por armas de fuego todos los días. Más de 30.000 mueren por violencia con armas todos los años. La Campaña Brady recibe su nombre por el secretario de prensa del Presidente Reagan, el difunto James Brady, que fue herido de gravedad en un intento de asesinato a Reagan.

Hasta donde sabemos, solo dos personas en Estados Unidos tienen ébola actualmente. En cambio, hay 300 millones de armas de fuego en circulación. El ébola se puede detener con procedimientos adecuados de salud pública y con el envío de una gran cantidad de trabajadores de la salud, equipos y otros recursos a Liberia, Sierra Leona y Guinea. El Senado debería votar inmediatamente para aprobar el nombramiento del Dr. Vivek Murthy como Director General de Salud.

Por estos días, en Estados Unidos, las noticias alternan hora a hora entre el virus del Ébola y el Estado Islámico. Con frecuencia se repite la pregunta acerca de si deberíamos desplegar tropas en el territorio. La respuesta es sí, pero no en Medio Oriente. Necesitamos contar con decenas de miles de efectivos presentes en el terreno para hacer frente al ébola. Tropas de médicos, de enfermeras, de profesionales de la salud que luchen contra este desastre sanitario mundial totalmente prevenible.

El ébola es un pequeño virus que está poniendo de manifiesto los grandes problemas presentes en los sistemas de salud pública del mundo. Los pocos casos conocidos aquí en Estados Unidos han provocado un clima de temor y creciente conciencia de lo vulnerables que somos ante el brote de una enfermedad viral en nuestra sociedad. Imaginemos cómo se siente la población de países empobrecidos de África Occidental como Guinea, Sierra Leona y Liberia, donde la cifra de casos asciende a miles y la infraestructura simplemente no puede hacer frente a la cada vez mayor cantidad de personas infectadas.

Lawrence Gostin, director del Instituto O’Neill de la Universidad de Georgetown, especializado en investigaciones sobre salud, dijo sobre la situación actual: “Debemos recordar que esta es la segunda vez en la historia de Naciones Unidas que el Consejo de Seguridad de la ONU declara que estamos frente a una amenaza sanitaria, una amenaza a la paz y la seguridad en el mundo. La primera fue el SIDA, la segunda es el ébola”. En declaraciones efectuadas durante el programa de noticias de “Democracy Now!, Gostin continuó: “Por eso, el Consejo de Seguridad de la ONU ha hecho un llamado a todos los países del mundo. Junto a Estados Unidos deberían estar la Unión Europea, Australia, Canadá y todos nuestros aliados. Se trata de una crisis humanitaria y de salud de carácter internacional. Se trata de una amenaza a la estabilidad política y económica de la región y, obviamente, lo que es más importante, a la salud de los seres humanos. Deberíamos estar movilizando muchísimos más recursos. Deberíamos haberlo hecho antes. Debemos hacerlo ahora”.

La Organización Mundial de la Salud anunció el más reciente de los brotes de ébola, en Guinea, el 23 de marzo de este año. El brote creció, se extendió a países vecinos y pasó sobre varios otros hasta llegar al país más poblado de África, Nigeria. Causó primero la muerte a decenas de personas y luego a cientos y a miles, pero permaneció en buena medida al margen del mundo hasta que dos personas blancas, dos trabajadores de la salud estadounidenses, contrajeron la enfermedad. El Dr. Kent Brantly y la misionera Nancy Writebol fueron trasladados por avión de regreso a Estados Unidos tras ser diagnosticados con el virus del Ébola. Cuando los primeros pacientes estadounidenses de ébola llegaron al país y fueron ubicados en unidades de aislamiento, la enfermedad se convirtió en noticia de primera plana a lo largo y ancho del país.

Increíblemente, al mismo tiempo que la gente moría masivamente a causa del ébola en África Occidental, estos dos estadounidenses sobrevivieron, luego de ser tratados con algunas de las pocas dosis existentes de un fármaco experimental conocido como ZMapp. Se trata de resultados positivos que son posibles de concretar si se tiene acceso a un buen sistema de salud, que cuente con el presupuesto necesario.

Luego llegó Thomas Eric Duncan. Él también había contraído el virus del Ébola. El progreso de su enfermedad fue bastante distinto. Su sobrino, Josephus Weeks, lo resumió con elocuencia en un artículo publicado por el periódico The Dallas Morning News.

Weeks redactó: “El viernes 25 de septiembre, mi tío Thomas Eric Duncan concurrió al Hospital Presbiteriano de Texas, en Dallas. Tenía fiebre alta y dolores de estómago. Le dijo a la enfermera que había estado en Liberia recientemente. Pero era un hombre de color sin seguro de salud ni recursos para pagar su tratamiento, así que después de unas horas le dieron de alta con la prescripción de algunos antibióticos y analgésicos”.

Duncan regresó a su hogar para ser atendido por su familia, pero progresivamente su estado fue empeorando. Dos días después regresó al hospital y fue ingresado bajo sospechas de que se trataba de Ébola. Rápidamente empeoró y murió el 8 de octubre, tal como lo relató su sobrino, “solo en la habitación de un hospital”. Unos días después, nos enteramos de que una de las trabajadoras de la salud que le brindaron asistencia, la enfermera de cuidados intensivos Nina Pham, había contraído el Ébola. Posteriormente aparecieron síntomas en otra enfermera, Amber Vinson. Horas antes de que se le diagnosticara la enfermedad, viajó en avión desde Cleveland a Dallas junto a más de 130 personas. ¿Qué habría sucedido si nuestro sistema de salud garantizara tratamiento a todos, sin importar si los pacientes tienen o no cobertura de salud privada?

El Congresista republicano Pete Sessions, que representa a una parte de Dallas, dijo a la CNN que se debería impedir que vuelos provenientes de África Occidental ingresaran a Estados Unidos a pesar de que, según dijo, admitiría a los ciudadanos estadounidenses. Consulté a Lawrence Gostin al respecto: “Es una muy mala idea. Y, por varios motivos, es muy egoísta. En primer lugar, no va a hacer que Estados Unidos esté más seguro. De hecho, va a hacer que esté menos seguro. Primero, el hecho de suspender los vuelos significa que los trabajadores de la salud enfrentarían mayores dificultades para ir y venir de la zona afectada. Y esos países enfrentarían dificultades económicas y comerciales. Aumentarían los precios de los alimentos. Y en definitiva, en mi opinión, la epidemia se saldría aún más de control y pondría a esos países en mayor riesgo. Y cuanto mayor sea la cantidad de personas que contraigan la enfermedad en África Occidental, mayor será el riesgo que corramos aquí en Estados Unidos, en Canadá, en la Unión Europea. Es matemática básica, pura y simple. Si hay una gran cantidad de personas infectadas en una parte del mundo y vivimos en un mundo moderno y globalizado, no se puede envolver a toda una región con celofán y pretender que los gérmenes permanezcan afuera. No funciona de esa manera. Al hacerlo, creemos que es el modo de salvarnos, pero en realidad estamos corriendo más riesgos. Y además estaríamos haciendo algo que atenta profundamente contra el espíritu de nuestro país”.

La pequeña isla de Cuba ha enviado a más de 160 médicos a África Occidental para brindar tratamiento a los pacientes y contribuir a contener el avance de esta epidemia. Deberíamos aprender de Cuba. En cambio, el Presidente Barack Obama envió infantes de marina. En breve estarán construyendo hospitales de campaña. Ahora, la pregunta es: ¿quiénes brindarán asistencia en estas nuevas instalaciones? El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha conformado un comando especial de emergencia para hacer frente a la crisis provocada por el Ébola. El mundo debe unirse para salvar vidas y detener esta catástrofe evitable que nos amenaza a todos.

 

 

SAN ANTONIO— En Texas, es posible medir cuánto han avanzado las mujeres en función del camino que deben recorrer. Una gran cantidad de establecimientos médicos  han debido cerrar sus puertas en Texas, dejando así a casi un millón de mujeres a cientos de kilómetros de los centros de salud que podrían resultarles necesarios. ¿El motivo? Uno de los servicios que brindaban estos centros médicos era el aborto legal y seguro. La semana pasada, el Tribunal Federal de Apelaciones del Quinto Circuito confirmó las restricciones impuestas por el estado de Texas al acceso al aborto, lo que provocó el cierre inmediato de otras trece clínicas. En total, el 80% de las clínicas de Texas que incluían entre sus servicios el aborto han cerrado desde que entró en vigor dicha normativa.

Imaginemos que un día nos encontráramos con la siguiente noticia: “Un tribunal de apelaciones de Texas determinó el cierre del 80% de las armerías de Texas”. Los autoproclamados patriotas de Texas se levantarían en armas. Pero en el estado de la estrella solitaria, no todos los derechos nacen iguales. El derecho de una mujer a elegir sobre su maternidad, su derecho a poner fin a un embarazo, su derecho a la privacidad fueron establecidos por la Corte Suprema en 1973, hace más de 40 años, en el histórico fallo emitido en el caso Roe contra Wade.

En 2013, el poder legislativo de Texas, el Gobernador Rick Perry y el Fiscal General (y actual candidato republicano a gobernador) Greg Abbott establecieron una serie de leyes que impusieron barreras al funcionamiento de las clínicas de Texas que practican abortos. En primer lugar, se exigió que los médicos de dichas clínicas contaran con derechos de admisión en hospitales cercanos. Luego se establecieron una serie de requisitos edilicios, aplicables únicamente a clínicas en que se practican abortos, los cuales exigieron importantes reformas a fin de que los establecimientos pudieran permanecer abiertos.

Los grupos que defienden el derecho al aborto calificaron a estas leyes de reglamentación selectiva de los centros en que se practican abortos como “leyes TRAP”, sigla que en inglés significa “trampa”. El instituto de investigación en torno a asuntos de salud reproductiva Guttmacher Institute informó recientemente que “26 estados del país cuentan con leyes o políticas que regulan a los centros médicos que proveen abortos y que exceden lo que resulta necesario para garantizar la seguridad de las pacientes. La totalidad de dichas normativas se aplica a las clínicas en que se practican abortos quirúrgicos”.

Jeffrey Hons, presidente y director ejecutivo de la organización de planificación familiar Planned Parenthood South Texas, me dijo: “El nuestro es el centro ubicado más al sur y más al oeste en el que se puede acceder a un aborto en Texas, pero hay una buena parte de Texas que se encuentra aún más al sur y al oeste que nosotros”. La clínica de Hons es una de las solo tres que quedan en San Antonio que realizan abortos.

Hons describió el impacto en las mujeres más vulnerables, que ahora deben viajar grandes distancias para practicarse un aborto: “Para una mujer que se encuentra en estas zonas alejadas e intenta encontrar un centro quirúrgico, la distancia que debe recorrer, los puestos de control de inmigración que ella y su pareja deben atravesar y el miedo de atravesar estos controles de inmigración, porque puede ser que tengan o no los documentos en regla… todo ello representa una verdadera carga. Y la carga psicológica de saber que debemos abandonar nuestro hogar, nuestra familia, nuestra localidad, nuestro mundo para ir en busca de este tipo de asistencia médica tan privada e íntima, tras un proceso de toma de decisiones que resulta tan difícil, es muy grande. Y más ahora sabiendo que hay que hacerlo en un lugar donde no contamos con nuestra red de apoyo para que nos contenga”.

El Centro de Derechos Reproductivos, que fue la organización que defendió el derecho constitucional al aborto ante el tribunal de apelaciones, destacó que el fallo del tribunal hace que “casi un millón de mujeres de Texas se enfrenten a un viaje de ida y vuelta de casi 500 kilómetros como mínimo para poder ejercer su derecho constitucional a un aborto”.

Lindsay Rodriguez, presidenta del Fondo Lilith, que brinda apoyo económico y educación a mujeres que necesitan acceder a un aborto, expresó: “Todo el tiempo escuchamos historias de gente que tiene que viajar desde zonas como el Valle de Rio Grande hasta San Antonio para intentar acceder a este tipo de atención de la salud”. Rodriguez agregó: “En su gran mayoría, las personas que se van a ver más afectadas por estas leyes son las personas con menos recursos económicos, las personas que tal vez enfrenten problemas migratorios. Puede que sean personas que, por diversos motivos, se encuentran con más barreras para poder acceder a la asistencia médica en general, no sólo para acceder a un aborto, sino para acceder a asistencia médica”.

Estos viajes más largos y más costosos tendrán como consecuencia que las mujeres demoren el procedimiento, lo cual lo tornará más complejo y oneroso. Con el cierre de estas clínicas, la ley reduce además el acceso a métodos anticonceptivos, lo cual provoca más embarazos no deseados, perpetuando así la demanda de abortos.

Tras el fallo del tribunal de apelaciones, el Centro de Derechos Reproductivos, junto a otras organizaciones, entabló inmediatamente un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Estados Unidos en procura de una orden judicial contra la ley de Texas.

Mientras tanto, los ciudadanos de Texas se preparan para elegir nuevo gobernador. En una de las contiendas seguidas más de cerca en todo el país, el Fiscal General Greg Abbott se enfrenta a su contrincante demócrata, Wendy Davis. Sus posturas no podían ser más opuestas. En junio de 2013, siendo senadora estatal, Davis se opuso y obstruyó esta ley de restricción del aborto durante once horas, demorando así su aprobación, al tiempo que miles de personas se habían congregado en el recinto para brindarle su apoyo. Recientemente, Davis reveló haber puesto fin a dos embarazos por motivos de salud en la década de 1990. Para ella, al igual que para todas las mujeres del país, este asunto político resulta profundamente personal. Se trata de un asunto que debería unir a personas provenientes de todo el espectro político. Se trata de vernos libres de la injerencia del gobierno a la hora de tomar las decisiones más íntimas de nuestras vidas.

Jefferson, Colorado: una gran lección de desobediencia civil

“No hagan de la historia un misterio” decía una de las pancartas sostenida en alto en una marcha realizada en el condado de Jefferson, Colorado hace pocos días. Estudiantes de secundaria de este distrito suburbano han abandonado masivamente sus clases durante la última semana en protesta por la censura prevista por la junta escolar del distrito del plan de estudios del curso de nivel pre-universitario de historia estadounidense del programa Advanced Placement (AP). La junta propuso la creación de una comisión que evalúe dicho curso, así como otros, y le agregue material “que promueva la ciudadanía, el patriotismo, los fundamentos y beneficios del sistema de libre mercado, el respeto por la autoridad y el respeto por los derechos individuales”. La propuesta de cambios incluye también eliminar todo material que en opinión de la junta “fomente o tolere la alteración del orden público, los conflictos sociales o la inobservancia de la ley”. La huelga estudiantil coincide con una protesta de varios días llevada a cabo por los docentes bajo la modalidad de inasistencia colectiva por pedido de licencias médicas. Paradójicamente, el intento de la junta escolar de suprimir la enseñanza de la historia de las protestas sociales en Estados Unidos ha provocado un masivo movimiento de protesta que crece día a día.

Desde hace mucho tiempo, las juntas escolares son uno de los objetivos electorales de la derecha estadounidense. En Jefferson, la actual mayoría conservadora obtuvo la victoria por escaso margen en noviembre de 2013, en una votación realizada fuera de año electoral que contó con escasa participación de votantes. Al respecto, John Ford expresó en el programa de noticias de “Democracy Now!”: “Votó aproximadamente un 33% del total de la población habilitada para votar. Las elecciones son importantes, principalmente las elecciones de las juntas escolares”. Ford es docente de estudios sociales en la secundaria Moore Middle School y presidente de la Asociación de Educación del Condado de Jefferson, que representa a más de 5.000 docentes, bibliotecarios, consejeros y empleados de ese distrito.

Con frecuencia se subestima el poder de las juntas escolares. Ashlyn Maher, una estudiante de nivel avanzado de la escuela Chatfield High School que colaboró en la organización de los paros estudiantiles, expresó: “El año pasado le presté mucha atención al desempeño de la Junta Escolar, y cada vez me preocupa más lo que está sucediendo”. La desobediencia civil ha tenido un importante papel en la historia de Estados Unidos, ampliamente conocido y narrado. La propia Declaración de la Independencia, tan preciada para conservadores y progresistas por igual, señala que “se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla”. Ashlyn Maher sostuvo también: “Considero haber estado defendiendo aquello en lo que creo y eso es lo que el pueblo estadounidense ha hecho durante siglos. Se trata de los cimientos de nuestro país. Yo misma tomé el curso de historia estadounidense de nivel pre-universitario del programa AP y lo único que me mostraron fueron hechos. Y luego yo formé mis opiniones basándome en esos hechos. Nunca se me dijo lo que tenía que pensar. Somos los estudiantes los que estamos al frente de estas manifestaciones y es lo que consideramos correcto hacer”.

Los docentes también se han enfrentado a la mayoría de la junta desde que asumió el poder. John Ford afirma: “Creo que es la combinación de varias cosas. Tenemos una mayoría en la junta que permanentemente durante los pasados diez meses ha actuado en secreto, derrochando el dinero de los contribuyentes y sin el menor respeto por nuestra comunidad. Por lo que si a todo eso le sumamos esta nueva comisión que tiene por objeto sanear o purificar planes de estudio, creo que una vez más están provocando irritación. Y teníamos una larga trayectoria de colaboración con la junta y el superintendente escolar. Pero todo eso ha llegado a su fin”, dijo Ford.

Una organización política de derecha de alcance nacional, Americans for Prosperity, financiada por los multimillonarios hermanos Koch, celebró la victoria conservadora en las elecciones de la junta escolar del condado de Jefferson. Dustin Zvonek, director de la organización para el estado de Colorado, escribió el pasado mes de abril que esas elecciones constituyeron “un momento emocionante y esperanzador para el condado y el distrito escolar”. Zvonek exhortó a los tres representantes por la mayoría a “golpear mientras el hierro esté aún candente”, y aunque podría no parecer el mejor de los consejeros, redactó: “Los integrantes de la junta escolar pueden y deben comenzar a explorar y discutir dichas opciones sin temor a tomar distancia de la amplia mayoría de la población”.

Pues bien, la población ha tomado amplia distancia. Los estudiantes de bachillerato continúan organizándose y a ellos se han unido recientemente los estudiantes de los primeros años de secundaria, quienes también han decidido manifestarse. Docentes universitarios locales han conformado un grupo de solidaridad. El miércoles, la Coalición Nacional Contra la Censura, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles y otras ocho organizaciones nacionales enviaron una carta a la junta escolar manifestando su oposición a la revisión propuesta del plan de estudios. En la carta, sostienen: “Sería casi imposible enseñar historia estadounidense sin hacer referencia a la ‘alteración del orden público’, concepto que se aborda de forma adecuada en relación a la Revolución Estadounidense, el movimiento de los trabajadores, el activismo por los derechos civiles y los derechos de los homosexuales, la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, las protestas por el derecho al voto, las manifestaciones de la población contra la guerra de Vietnam, la oposición al aborto, a la vigilancia por parte del gobierno y a un sinfín de otros hechos significativos en la historia de Estados Unidos. Decir a las escuelas que no pueden utilizar material que ‘fomente o tolere la alteración del orden público’ al tratar estos u otros temas equivale a decirles que dejen de enseñar historia”.

No sólo discrepan con la medida organizaciones de defensa de los derechos civiles. La propia organización College Board, que regula tanto los exámenes universitarios SATcomo el programa de cursos de nivel pre-universitario Advanced Placement, emitió un comunicado de apoyo a las manifestaciones estudiantiles en el que expresa: “Si una institución educativa o distrito escolar censura conceptos esenciales de un curso del programa de nivel pre-universitario Advanced Placement, dicho curso ya no podrá ser designado como parte del programa ‘AP’”.

Ashlyn Maher, sin mostrarse alterada por los comentarios del presentador de Fox News Channel que calificó a los estudiantes que salieron a manifestarse de “títeres” y “vándalos”, reflexionó antes de partir rumbo a la escuela: “Este tema no dejará de afectarme cuando me gradúe. Tengo un hermano y una hermana menores que van a crecer en la comunidad de Jefferson y quiero que tengan la mejor educación que sea posible”.

Y una clase de educación es lo que ciertamente ha brindado a la comunidad la nueva medida propuesta por los representantes por la mayoría en la junta escolar. Los estudiantes están recibiendo, y dando, grandes lecciones sobre el poder de las manifestaciones y la desobediencia civil.

 

El calentamiento global y la guerra: dos crisis mundiales íntimamente ligadas

 

Algunas horas después de que 400.000 personas participaran en la mayor marcha por el clima de la historia, Estados Unidos comenzó a bombardear Siria y así inició otra guerra. El Pentágono afirma que los objetivos eran instalaciones militares del Estado Islámico en Siria e Irak, además de un nuevo grupo terrorista, Khorasan. El Presidente Barack Obama está iniciando una nueva guerra, mientras no hace nada para combatir el cambio climático, que empeora cada día. El mundo atraviesa dos crisis que están íntimamente ligadas: el calentamiento global y las guerras. Existen soluciones a ambos problemas, pero lanzar bombas no es una de ellas.

“En las guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados; se siembran las semillas de conflictos futuros, las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida.” Este fue parte del discurso pronunciado en diciembre de 2009 por el Premio Nobel de la Paz de ese año, el Presidente Barack Obama. Cinco años más tarde, sus declaraciones se parecen a las noticias que recibimos a diario. El grupo pacifista PinkCode está exhortando al Presidente Obama a que devuelva el Premio Nobel.

En el mismo discurso, Obama afirmó: “El mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos durante décadas”. Obama también sostuvo: “Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego”.

De hecho, el Pentágono considera desde hace tiempo que el cambio climático es una gran amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. En su Examen Cuatrienal de Defensa de 2014, el Pentágono observó que los diversos efectos del cambio climático “empeorarán otros problemas en el extranjero como la pobreza, la degradación ambiental, la inestabilidad política y las tensiones sociales. Estas condiciones pueden dar lugar a la actividad terrorista y a otras formas de violencia”.

Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué no abordar la amenaza del cambio climático cuando aún estamos a tiempo? Asad Rehman de la federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional, quien viajó a Nueva York para participar en la Marcha por el clima, me dijo: “Si podemos conseguir los billones [de dólares] que conseguimos para financiar conflictos, ya sea que se trate de una invasión en Irak o Afganistán o ahora para el conflicto en Siria, estoy seguro de que podemos conseguir los fondos necesarios para lograr la transformación que se requiere hacer para brindar energía limpia y renovable a las 1.200 millones de personas que carecen de ella”.

Asad Rehman es un firme opositor del enorme gasto militar. Durante años fue activista contra la guerra y considera que hay un fuerte vínculo entre la guerra y el calentamiento global. “El petróleo ha sido una maldición para la gente de Medio Oriente, ha sido un presagio de los conflictos y de la violencia; de la destrucción de civilizaciones antiguas y de las vidas de millones de personas”.

Medea Benjamin, cofundadora de Code Pink, coincide con Rehman. Benjamin participó en la histórica Marcha por el clima y se sumó a otros miles de manifestantes al día siguiente para participar en la acción “Inundemos Wall Street” (Flood Wall Street), en la que 100 personas fueron arrestadas. Antes de ir a la Casa Blanca a protestar contra el bombardeo en Siria, Medea me dijo: “El petróleo es la base de la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente. Si no fuera por el petróleo de Irak, Estados Unidos nunca hubiera invadido ese país”.

El martes, más de cien líderes mundiales, junto con representantes del sector industrial, participaron en una cumbre no vinculante sobre el clima. La cumbre fue convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, con la esperanza de que daría el impulso necesario para las negociaciones formales sobre el cambio climático que procuran lograr un compromiso vinculante de los países del mundo para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento mundial de la temperatura a 2 grados Celsius. Se considera que un aumento de la temperatura de 2 grados es el límite máximo de aumento que el planeta, tal como lo conocemos, puede soportar.

Mientras las negociaciones sobre el clima no tienen mucho éxito ni atención mediática, el ataque del Presidente Obama contra el Estado Islámico y otros grupos considerados amenazas terroristas dominó la sesión de la Asamblea General de la ONU y fue el tema principal de una sesión especial del Consejo de Seguridad presidida por Obama. Al reflexionar sobre el futuro del movimiento mundial para combatir el cambio climático, Asad Rehman dijo: “Creo que los que participaron en la manifestación sin duda salieron de allí con más entusiasmo y con una mayor convicción de que el poder está en nuestras manos y no en ese edificio en Nueva York, no en la cumbre de la ONU”.

Antes de la invasión de Irak en 2003, el General estadounidense Anthony Zinni estimó que solo se podría tener éxito si se enviaba una fuerza de 400.000 soldados. Donald Rumsfeld envío menos de la mitad de soldados y bromeó al respecto: “Se va a la guerra con el ejército que se tiene, no con el ejército que se quisiera tener”. Fueron 400.000 las personas que asistieron a la marcha por el clima el domingo en Nueva York…un ejército de esperanza para un futuro sustentable.

Una semana por el clima que podría cambiarlo todo

La crisis climática está empeorando más rápido de lo esperado, según todas las previsiones científicas, y ocurre en paralelo a otra crisis: la del fracaso de las negociaciones sobre cambio climático de las Naciones Unidas. “Han estado negociando durante toda mi vida”, afirmó la joven activista Anjali Appadurai en la conferencia sobre cambio climático de la ONU en Durban, Sudáfrica, en 2011. Las negociaciones sobre cambio climático han estado estancadas debido a que varios países, especialmente el Estados Unidos presidido por Obama, están bloqueando el avance y ponen sus intereses nacionales por encima de los del planeta, que continúa calentándose a un ritmo posiblemente irreversible.

Anjali Appadurai, que fue designada portavoz de los jóvenes en la conferencia de Durban, afirmó ante los negociadores enviados por cada país: “Hablo en nombre de más de la mitad de la población del mundo. Somos la mayoría silenciosa. Nos dieron un espacio en este foro, pero nuestros intereses no están representados aquí. ¿Qué hace falta para participar en este juego? ¿Tener lobistas? ¿Tener el poder de influencia que tienen las empresas? ¿Tener dinero?”.

A tres años de esa conferencia, la Organización de las Naciones Unidas realizará una cumbre especial sobre el cambio climático el 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York, a la que se prevé que asistirán más de cien líderes mundiales. A diferencia de las negociaciones formales sobre el cambio climático de las Naciones Unidas, la finalidad de esta cumbre no vinculante, según la ONU, es: “Reunir voluntades políticas y movilizar la acción para generar las condiciones necesarias para alcanzar un resultado exitoso en las negociaciones”. Tras veinte años, los funcionarios de las Naciones Unidas aparentemente se dieron cuenta de que, si se dejan las negociaciones en manos de los sospechosos de siempre, es decir, de los gobiernos y las empresas, jamás se logrará un acuerdo legalmente vinculante sobre el cambio climático, previsto para la cumbre que se celebrará en París en diciembre de 2015. Ahora se considera que la movilización popular es un elemento fundamental para el éxito.

Los activistas defensores del medio ambiente protestaron indignados en la cumbre sobre el cambio climático celebrada en Copenhague en 2009, cuando el Presidente Obama hizo fracasar las negociaciones de la ONU al mantener reuniones a puertas cerradas con los países más contaminadores del planeta. En aquel entonces, la ONUrespondió expulsando a los activistas. Las negociaciones sobre el cambio climático de la ONU se realizan en diferentes partes del mundo, pero siempre dentro de establecimientos con máxima seguridad, lejos de la gente que sufre los efectos directos del cambio climático y lejos de los activistas por la justicia climática que se reúnen en las cumbres con la esperanza de presionar a los negociadores para que logren un acuerdo antes de que sea demasiado tarde.

Apenas días antes de la cumbre sobre el clima de la semana próxima, a la que solamente se puede asistir con invitación expresa de Ban Ki-moon, una amplia coalición realizará la Marcha de los Pueblos por el Clima. Se prevé que será la mayor marcha contra el cambio climático en la historia. Personas proveninentes de los más variados ámbitos sociales se reunirán en el lado oeste del Central Park, en Nueva York, el domingo 21 de septiembre. Los organizadores esperan una participación de más de 100.000 personas y se confirmó la asistencia de más de 32 bandas musicales.

La gente marchará en “bloques”. Al frente de la marcha estará el bloque “Frontlines of Crisis, Forefront of Change” (Primera línea de la crisis, vanguardia del cambio) que incluirá a representantes de pueblos indígenas y de otras comunidades que han sido directamente afectadas por la extracción de combustibles fósiles y los efectos del cambio climático. Los sindicatos de trabajadores y los estudiantes marcharán bajo el eslogan “Podemos construir el futuro”, seguidos de los grupos a favor de la energía alternativa, los alimentos sustentables y el agua, que marcharán bajo el lema “Tenemos soluciones”. El bloque “Sabemos quiénes son los responsables” se centrará en denunciar a las empresas de combustibles fósiles, a los bancos y a otros contaminadores. Los científicos y los activistas de diferentes religiones formarán el grupo “El debate se terminó”. Y, por último, marchará el bloque “Para cambiarlo todo, necesitamos de todos”, que agrupará al resto de las personas.

Uno de los principales organizadores de la Marcha de los Pueblos por el Clima es Bill McKibben, fundador de 350.org, una organización que combate el cambio climático y cuyo nombre proviene de las 350 partes por millón, que según los científicos es la máxima concentración de dióxido de carbono que debe haber en la atmósfera para tener un planeta seguro y sustentable. McKibben afirma: “En este momento, a excepción de un pequeño simulacro en Times Square, realmente no hay mucho más que pueda hacer la comunidad científica para advertirnos. Nuestros sistemas de advertencia temprana han funcionado, la alarma sonó. Todos nuestros satélites y sensores y súper computadoras han producido la información que necesitamos saber. La pregunta es: ¿haremos algo al respecto? Y la respuesta hasta ahora ha sido ‘no’. Ha sido ‘no’ en el Congreso de Estados Unidos, que, sin duda, no ha avanzado nada en este tema. Y no hay esperanzas de que se logren los dos tercios de votos necesarios para ratificar un tratado en el Senado. Esa es la dificultad en este momento en las negociaciones internacionales. La única forma en la que lograremos el cambio aquí o en cualquier otro lado es mediante la construcción de un gran movimiento. Es por eso que el 21 de septiembre en Nueva York, este evento que está siendo coordinado por todos estos grupos, es un día tan importante”.

El fin de semana, el Seminario Teológico de la Unión realizará una conferencia con miembros del clero del mundo entero, para hablar sobre las cuestiones morales planteadas por el calentamiento global provocado por el hombre. El lunes, al día siguiente de la gran marcha, grupos independientes planean “inundar” Wall Street. “Inundemos, bloqueemos, ocupemos y cerremos las instituciones que están lucrando con la crisis climática”, reza la página del grupo, que tiene una casilla para indicar si la persona está dispuesta a arriesgarse a ser arrestada. Un grupo que se autodenomina “Earth Quaker Action Team” realizará una puesta en escena de una investigación de las filiales del banco PNC en la ciudad de Nueva York por el delito de “interferir con el clima” debido a que el banco ha financiado proyectos de minería de carbón de remoción de la cima de la montaña.

Si bien la marcha por el clima del próximo domingo no incluirá discursos, ya que se trata de reunir al movimiento, el lunes, la autora Naomi Klein estará entre los oradores de las acciones que se realizarán en Wall Street. “Porque no tenemos líderes preocupados por el cambio climático reunidos en la ONU, es que la ONU solo ha logrado reunir fracasos. Y algunos de ellos ni siquiera asisten, como el Primer Ministro de mi país, Steven Harper, que es un delincuente climático tan grande que ha decidido saltearse todo el proceso y solamente aparece en las cenas después de la conferencia. Creo que el sentido de urgencia expresado en las calles se transmitirá y creo que será entonces que la gente lo llevará más lejos, lo llevará a quienes son realmente responsables de bloquear el avance. A muchas de las personas que están organizando ‘Flood Wall Street’ las conocí en el contexto de ‘Occupy Wall Street’ y entienden que nuestro sistema económico está sacrificando a la gente en nombre de las ganancias. Ya saben eso. Lo que nos dice el cambio climático es que esta misma lógica de lucro y crecimiento por encima de todo lo demás está sacrificando los propios sistemas vitales de los que todos dependemos. Y esa es una conexión evidente y hace que el movimiento tenga aún más urgencia. No se trata de un nuevo movimiento, son todos nuestros movimientos unidos”. El nuevo libro de Naomi Klein, titulado “Esto lo cambia todo: capitalismo vs. clima”, se publicó esta semana. Se trata de un llamamiento a la acción poderoso y apasionado que rompe con todos los esquemas. En el libro, la autora nos recuerda que: “El cambio climático lo cambia todo. Lo cambia todo porque si seguimos por el camino que estamos ahora, cambiará nuestro mundo físico a tal punto que será irreconocible. Aún es posible detener ese resultado catastrófico, pero eso implica cambiar todo nuestro sistema económico. La buena noticia es que, para mucha gente, ese sistema no está funcionando”.

El cambio climático lo cambia todo. Y por un breve período de tiempo, la naturaleza de ese cambio aún está en nuestras manos.

La marcha por el clima no se detiene

 

“Existen leyes injustas”, escribió Henry David Thoreau en su ensayo de 1849 titulado “Del deber de la desobediencia civil”. Thoreau, un pacifista y naturalista, se preguntaba en su obra: “¿Nos contentaremos con obedecerlas, trataremos de enmendarlas y las obedecemos hasta que lo hayamos conseguido o las transgrediremos desde un comienzo?”. Su respuesta fue simple: “Transgredan la ley”.

Eso es precisamente lo que hicieron Ken Ward Jr. y Jay O’Hara 164 años más tarde, el 15 de mayo de 2013. Navegaron en un pequeño barco pesquero llamado “Henry David T.” hasta un lugar de la costa de Massachusetts, cerca de la planta Brayton Point, una enorme central eléctrica de carbón construida en 1963 que es la mayor fuente de emisiones de carbono de la región. Anclaron allí y bloquearon el acceso al muelle, impidiendo que un buque descargara 40.000 toneladas de carbón. Colgaron carteles en el bote con la leyenda “El carbón es absurdo” y “350”, en referencia al grupo internacional de acción por el clima 350.org. Su nombre alude al nivel de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, 350 partes por millón (ppm), que los científicos consideran es el máximo aceptable para evitar que el cambio climático provocado por el hombre se convierta en catastrófico. Ward y O’Hara lograron impedir la descarga de carbón. Desde el bote llamaron a la policía local y más tarde fueron arrestados por la Guardia Costera de Estados Unidos.

O’Hara, un velero cuáquero de Cabo Cod, explicó: “Nos acusaron de cuatro delitos: de alterar el orden, de conspirar para alterar el orden, de manejo negligente de un buque a motor y de no haber impedido la colisión de un bote”. Por todo ello afrontaban una posible pena de varios años de prisión. Invocaron la “defensa por necesidad” al reconocer que incumplieron la ley, argumentando que lo hicieron para evitar un mal peor, es decir, la quema de carbón que aumenta el calentamiento global. El lunes 8 de septiembre, finalmente comparecieron ante el tribunal. El Fiscal de Distrito del Condado de Bristol, Sam Sutter, les ofreció un acuerdo: retirar los cargos penales en su contra a cambio de que se declararan culpables de un delito civil y fueran condenados al pago de una multa. Pero el fiscal Sutter fue incluso más lejos, bastante más lejos: cruzó la plaza que está frente al tribunal y pronunció un breve discurso que sorprendió a los dos acusados y a las alrededor de cien personas que estaban allí apoyándolos:

“La decisión que adoptamos Robert Kidd, el vicefiscal de Distrito a cargo del caso, y yo, fue una decisión que sin duda tuvo en cuenta el costo para los contribuyentes de Somerset, pero fue adoptada pensando en sus hijos, en los niños del Condado de Bristol y en los demás niños. El cambio climático es una de las peores crisis que nuestro planeta ha enfrentado en toda su historia. En mi humilde opinión, los líderes políticos no han hecho lo suficiente al respecto. Me llena de esperanza que hayamos logrado forjar un acuerdo que complace a ambas partes y que parece satisfacer a la policía y a las personas que están aquí para apoyar a los acusados. Además, me complace enormemente que hayamos alcanzado un acuerdo que simboliza el compromiso de la Oficina del Fiscal de Distrito del Condado de Bristol de asumir un papel de liderazgo con respecto a este tema”.

La increíble muestra de liderazgo político del fiscal de distrito Sam Sutter sin duda llega en un buen momento. Esta semana, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó su último boletín sobre los gases de efecto invernadero, en el que da a conocer estadísticas preocupantes acerca de la aceleración del cambio climático. “La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo récord en 2013”, informó la Organización Meteorológica Mundial. La concentración actual de dióxido de carbono es de 396 partes por millón. La OMM también advirtió que “El índice actual de acidificación de los océanos parece no tener precedentes, al menos en los últimos 300 millones de años”. El otro acusado de la acción frente a la planta Brayton Point, Ken Ward, ex director ejecutivo de Greenpeace Estados Unidos, señaló la urgencia con la que considera el cambio climático: “Este verano aprendimos que la capa de hielo de la Antártida occidental se está derrumbando de forma inevitable, lo que significa tres metros por encima del nivel del mar. Eso, para mí es realmente todo lo que necesitaba saber. Es decir, es un acontecimiento simbólico. De ahora en más, todo empeorará. Deberíamos estar adoptando medidas de emergencia en todas partes y la primera medida de emergencia es dejar de utilizar carbón”.

Henry David Thoreau es sobre todo conocido por su libro “Walden”, en el que describe el año que vivió en una cabaña que construyó en Walden Pond, cerca de Concord, Massachusetts. Thoreau se opuso a la invasión de Estados Unidos en México en 1847 y era un firme opositor de la esclavitud. Para protestar contra estas políticas violentas, decidió que no pagaría los impuestos. Cuando lo enviaron a prisión por ello, recibió una visita de su amigo, el poeta Ralph Waldo Emerson. Según cuenta la historia, Emerson le preguntó: “Henry, ¿qué estás haciendo aquí dentro?”, a lo que Thoreau respondió: “Waldo, ¿qué estás haciendo tú allí afuera?”. El ensayo de Thoreau sobre la desobediencia civil fue una de las primeras expresiones modernas de la táctica no violenta de la no cooperación. Sus palabras y sus acciones inspiraron a millones de personas, entre ellas a Gandhi y a Martin Luther King Jr.

El domingo 21 de septiembre se realizará en la ciudad de Nueva York la Marcha de los Pueblos por el Clima. Los organizadores prevén que será la mayor marcha por el clima en la historia. Su eslogan es: “Para cambiarlo todo, necesitamos de todos”. Sam Sutter dijo que participará, al igual que los dos activistas a los que condenó. Les pregunté al fiscal de distrito y a los acusados si marcharán juntos. Sonrieron. El fiscal Sutter respondió: “¿Por qué no? Me pueden llamar. Les daré mi

Internet Slowdown: prepárense para una red más lenta

Si el próximo miércoles 10 de septiembre sus sitios web preferidos demoran mucho tiempo en cargar, puede deberse a la campaña “Internet Slowdown”, un día de acción mundial organizado por Battle for the Net, un grupo que defiende la neutralidad en Internet. Quienes participen en esta acción no enlentecerán realmente la red, sino que colocarán en sus sitios web íconos animados que señalen que la página se está “cargando” para simbolizar lo que pronto podría ocurrir con Internet. Los organizadores de la acción denominan a esta señal “la gran rueda giratoria de la muerte”. Mientras gira la rueda, se están redefiniendo las reglas de funcionamiento de Internet. Las grandes empresas proveedoras de este servicio en Estados Unidos, como Comcast, Time Warner, AT&T y Verizon, están intentando cambiar el modo en que se rige nuestra actividad en la red.

La lucha por estas reglas se está librando ahora mismo. Las empresas proveedoras de Internet quieren crear una red de dos categorías, en la que algunos sitios web o proveedores de contenidos paguen para obtener acceso preferencial a los usuarios. Las grandes proveedoras de contenidos como Netflix, una empresa gigante de transmisión de películas en línea, pagarían más para garantizar que su contenido llegue a los usuarios a través de la vía rápida. Pero si, por ejemplo, una empresa nueva intentara competir con Netflix, pero no pudiera pagar a los grandes proveedores de Internet los elevados costos de utilizar la vía rápida, los usuarios podrían sufrir grandes demoras para acceder al servicio y, por lo tanto, no se suscribirían a él.

Internet está protegida de esta práctica discriminatoria de dos categorías mediante la denominada “neutralidad de la red”, un principio fundamental de navegación por Internet que permite a cualquier usuario acceder libremente a la red sin que ninguna empresa censure el contenido ni enlentezca la conexión. El catedrático Tim Wu fue quien desarrolló el concepto de neutralidad en la red. Actualmente, es candidato a Vicegobernador de Nueva York. “El motivo por el cual un millón de personas se tomaron el trabajo de escribir comentarios al Gobierno federal acerca de la neutralidad de la red es que consideran que la igualdad está siendo amenazada y conciben una Internet abierta, que ha sido siempre la base de la igualdad de expresión, en la que la voz de un bloguero desconocido tiene un peso similar al de un periódico poderoso, y dicen: ‘Queremos una Internet abierta. Creemos en una sociedad más igualitaria’. De algún modo, la pasión que despierta la defensa de la neutralidad de la red en este momento refleja realmente una preocupación más profunda con respecto a la creciente desigualdad en este país. La campaña “Internet slowdown” está pensada para mostrar cómo sería tener una red en la que los ricos obtengan una navegación más rápida y los pobres una más lenta. Es como dividir la acera a la mitad, o algo así. Es tan terrible que la gente se ha comenzado a entusiasmar al respecto”.

Debido a que gran parte del tráfico mundial de Internet pasa por Estados Unidos, el modo en que este país regule Internet afectará al mundo entero. Lamentablemente, la situación de la reglamentación sobre Internet en Estados Unidos, a cargo de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), está en crisis. Tom Wheeler, el presidente de la FCC nombrado por Obama, propuso una nueva reglamentación para Internet que eliminaría la neutralidad de la red y permitiría a las empresas proveedoras de este servicio crear dos vías separadas de transmisión de datos: una rápida y una lenta.

Analicemos el ejemplo de Netflix. La transmisión de video on line requiere un amplio ancho de banda. Los clientes del servicio de Internet para hogares de Comcast se quejaron de que su transmisión de Netflix era muy lenta y que sufría frecuentes interrupciones. De modo que en febrero de este año, Netflix accedió a pagar a Comcast una suma adicional para tener “prioridad de descarga”, lo que significa que la conexión a Internet de Netflix tendrá una velocidad de descarga más rápida que la de otros sitios, es decir, que sus contenidos se transmitirán por la vía rápida. Desde entonces, Netflix ha realizado acuerdos similares con AT&T, Verizon y Time Warner.

VHX es una pequeña nueva empresa de transmisión de video por Internet con sede en Nueva York. Su director ejecutivo, Jamie Wilkinson, expresó su preocupación en el blog de VHX: “Las empresas con las que competimos (Apple, Amazon, Google y las propias empresas de cable) pueden pagar por una ‘vía rápida’ de transmisión de contenidos…Nosotros no podemos darnos ese lujo”. Y añadió que VHX “vivirá o morirá” en función de la fuerza de la reglamentación de la neutralidad en la red.

También preocupa la censura que puedan ejercer las empresas. Supongamos que tenemos un sitio web que defiende los derechos sindicales y apoya a un grupo de trabajadores en huelga. Una gran empresa proveedora de servicios de Internet podría bloquear el sitio web y negar el acceso a información muy importante para la población. No se trata de un caso hipotético. En Canadá, en 2005, los trabajadores de la empresa proveedora de Internet Telus realizaron una huelga. Uno de ellos creó un sitio web denominado ‘Voices for Change’, en apoyo a la huelga. Telus negó a sus clientes de Internet acceso al sitio web hasta que la censura de la empresa se volvió noticia en todo el país. Sin embargo, si los grandes proveedores de Internet logran su objetivo, este tipo de censura se volverá habitual.

Además de la acción “Internet Slowdown” que se realizará el 10 de septiembre, los organizadores prometen “lograr que haya un número sin precedentes de correos electrónicos y llamadas telefónicas a legisladores”. La fundación Sunlight analizó 800.000 comentarios ya presentados ante la FCC sobre este tema, de los cuales un 99% apoyaba normas estrictas para proteger la neutralidad en la red. Los organizadores de la protesta están exigiendo que Internet sea considerado un servicio público, al igual que el teléfono. Lo que podría suceder con Internet si se pierde el principio de neutralidad es equiparable a que una empresa de telefonía pueda disminuir la calidad de sus llamadas telefónicas porque usted no contrató el servicio ‘premium’. Gracias a que los servicios públicos básicos, como el telefónico, están regulados por normas que impiden todo tipo de discriminación, toda la gente obtiene el mismo servicio. En la actualidad, la FCC ha clasificado a Internet como un “servicio de información”, lo que la somete a normas de protección del consumidor menos restrictivas.

Desde hace mucho tiempo se considera que la FCC es un “organismo cooptado”, controlado por las empresas que se supone debe regular. Antes de convertirse en presidente de la FCC, Tom Wheeler era un importante lobista de la industria de la telefonía celular y del cable. En las anteriores luchas por la reglamentación de Internet, las protestas públicas ganaron la batalla. Si el poder de la población no logra superar el poder del dinero de las empresas en Washington, entonces la campaña “Internet Slowdown”, más que un día de protesta, se convertirá en una situación permanente. Más allá de la postura que adopten, envíen un correo electrónico al Presidente Barack Obama y al presidente de la FCC, Tom Wheeler, mientras aún puedan hacerlo.

En su épico libro ganador del Premio Pulitzer “Los Cañones de Agosto”, la historiadora Barbara Tuchman relata cómo comenzó la Primera Guerra Mundial en 1914 y cómo la beligerancia, la vanidad y las políticas mediocres de líderes poderosos llevaron a millones de personas a una muerte sangrienta durante ese conflicto de cuatro años. Antes de que la gente se diera cuenta de que las guerras debían numerarse, a la Primera Guerra Mundial se la llamaba “La Gran Guerra” o “La Guerra que Pondrá Fin a Todas las Guerras”, lo cual no sucedió. Se trató de la primera guerra moderna, con matanzas masivas y tropas mecanizadas en tierra, mar y aire. Podemos mirar esa guerra en retrospectiva, hoy, a 100 años de su comienzo, como a través de un espejo distante. El reflejo de la situación en la que nos encontramos hoy luce desalentador visto desde el país más bélico de la historia de la humanidad, Estados Unidos.

Durante los primeros años del siglo XX, los líderes de los países de Europa tejieron una red de alianzas mediante tratados por los que cada país se obligaba a actuar militarmente en defensa de otro en caso de guerra. Cuando el hijo del emperador austríaco, el Archiduque Francisco Fernando, se encontraba de visita en Sarajevo el 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip, un nacionalista serbio de diecinueve años de edad, lo asesinó. Como relata Barbara Tuchman en su libro publicado en 1962, el Imperio austrohúngaro atacó a Serbia, lo cual desató una reacción en cadena, que implicó el involucramiento de Rusia, Francia, Bélgica y Gran Bretaña en la guerra contra el Imperio austrohúngaro, Alemania y el Imperio otomano.

Tras fracasar los planes de guerra de las distintas potencias, se inició un período de despiadada guerra de trincheras durante el cual millones de personas perdieron sus vidas bajo el incesante fuego de morteros, ametralladoras, gas mostaza y modernos aviones equipados con ametralladoras y bombas. Se estima que a lo largo de la guerra habrían muerto unos 9.700.000 soldados y 6.800.000 civiles.

¿Qué hemos aprendido del desastre de la Primera Guerra Mundial… si es que hemos aprendido algo? Pensemos en Gaza o en Ferguson, Missouri. Después de los casi 50 días de bombardeos sobre Gaza, por parte de un ejército israelí equipado con las armas más sofisticadas y mortíferas financiadas por Estados Unidos, las autoridades sanitarias de Gaza ubican la cifra de palestinos fallecidos en 2.139, de los cuales más de 490 son niños. Israel reportó 64 soldados fallecidos a consecuencia de su invasión terrestre en Gaza, así como la muerte de seis civiles. La angosta Franja de Gaza es uno de los lugares más densamente poblados de la Tierra y se encuentra sometida a un implacable sitio impuesto por Israel. Actualmente es una pila de escombros en la que las personas hurgan en busca de los cuerpos de sus seres queridos.

En Estados Unidos, la violencia de la policía en Ferguson, Missouri, suscitó manifestaciones y un debate a nivel nacional luego de que el agente Darren Wilson disparara y causara la muerte al adolescente afroestadounidense desarmado Michael Brown, pocos días antes de que éste ingresara a la universidad. El pequeño barrio de Ferguson, en St. Louis, cuenta con una fuerza policial altamente militarizada, con chalecos antibalas, vehículos blindados y armas automáticas. No es una casualidad que las imágenes de Ferguson sean similares a las de las calles de Bagdad o Kabul. El ejército estadounidense tiene un programa por el cual distribuye el excedente de material bélico entre fuerzas policiales municipales. Resulta menos oneroso para un Pentágono justo de presupuesto deshacerse de la artillería pesada que ya no desea y pasársela a la policía local en lugar de mantener un monumental arsenal de material en desuso. Pero, ¿para qué necesita armas de guerra nuestra policía?

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), Estados Unidos gastó en armamento militar 640 mil millones de dólares en 2013, poco más de un tercio del total mundial, que asciende a 1,7 millones de millones de dólares. El aumento del gasto en armamento por parte de otros países, principalmente China y Rusia, indica que no están conformes con el hecho de que Estados Unidos sea la única superpotencia mundial.

¿A dónde nos llevan esos millones y millones de dólares invertidos en armas? En pocas palabras: a la guerra. Gaza es solamente uno de los tantos ejemplos. La guerra civil en Siria atraviesa su tercer año y lleva ya más de 200.000 personas fallecidas. El grupo de combatientes islámicos conocido como ISIS ha tomado el control de extensas zonas de Siria e Irak. Su éxito cruel constituye otro ejemplo de lo que salió mal tras la desastrosa invasión y ocupación de Irak por parte de Estados Unidos y se ha visto enardecido además por la ira generada ante la devastación que Israel deja a su paso en Gaza. La Libia “liberada” por los ataques aéreos de la OTAN se encuentra en un estado de violenta anarquía. Siguen estallando conflictos, de los que prácticamente no se informa, en Sudán del Sur y en los lugares en los que, tal como informa Jeremy Scahill en su libro “Dirty Wars”, Estados Unidos sigue librando aún sus “guerras sucias”, por ejemplo Yemen, Somalia y Afganistán. La violencia se ha incrementado también en Ucrania, donde, según Naciones Unidas, han fallecido 1.200 personas a causa del conflicto armado, tomando en cuenta tan sólo el mes pasado.

Los millones de personas que murieron en vano durante la Primera Guerra Mundial han sido mayormente olvidadas un siglo después. Próximo a cumplirse el 50 aniversario de aquella guerra, Barbara Tuchman finalizó “Los Cañones de Agosto” con estas palabras: “Los países se vieron acorralados en una trampa… una trampa de la que no hubo y no ha habido salida”. Sin embargo, existe una fuerza más poderosa que la de los gobiernos de todos esos países: el poder de la gente que en todas partes dice “no”. La guerra no es la respuesta a los conflictos en el siglo XXI.

Espionaje y amenazas a la libertad de prensa en EE.UU.

El fantasma de Dred Scott recorre las calles de Ferguson. Miles de personas han participado esta semana en las manifestaciones contra el asesinato por parte de la policía de Michael Brown, un joven afroestadounidense que estaba desarmado, en el barrio de Ferguson, en St. Louis, Missouri. Pocos días antes de comenzar sus estudios universitarios, Brown murió desangrado a causa de los disparos policiales. Fue a plena luz del día. La policía dejó el cadáver del joven tirado en medio de la calle durante cuatro horas, detrás de la cinta policial, mientras los vecinos se acercaban a observar la escena horrorizados. Los ciudadanos protestaron, indignados, y la policía los reprimió con brutalidad. Vestidos con equipos paramilitares y desde vehículos blindados, los policías lanzaron gases lacrimógenos, balas de acero revestidas en goma y granadas de mano, y apuntaron armas automáticas contra los manifestantes. Una gran cantidad de periodistas y de manifestantes que protestaban pacíficamente fueron arrestados.

Las manifestaciones ocurrieron en la Avenida West Florissant, en Ferguson. A 6,5 kilómetros al sur del epicentro de las protestas, en la misma calle, en la tranquilidad del Cementerio de Calvary, yacen los restos de Dred Scott, un hombre que nació esclavo y que se volvió famoso por haber luchado ante la justicia para obtener su libertad. El fallo del caso de Dred Scott, emitido en 1857, fue ampliamente considerado el peor de la historia de la Corte Suprema de Estados Unidos. La Corte falló que los afroestadounidenses, esclavos o libres, jamás podrían ser ciudadanos.

Dred Scott nació en la esclavitud en Virginia alrededor del año 1799 (el mismo año en que murió el Presidente George Washington, un conocido propietario de esclavos de Viriginia). El dueño de Scott se mudó a Virginia y lo llevó a Missouri, un estado esclavista. Fue vendido a John Emerson, un cirujano del Ejército de Estados Unidos. En 1847, Scott entabló una demanda contra Emerson ante un tribunal de St. Louis para exigir su libertad. Scott y su familia ganaron el juicio y su libertad en primera instancia, pero esta decisión más tarde fue revocada por la Corte Suprema de Missouri. El caso luego pasó a consideración de la Corte Suprema de Estados Unidos.

En el fallo de la Corte, el Presidente, Roger Taney, defensor de la esclavitud, escribió: “Un negro libre de raza africana, cuyos ancestros fueron traídos a este país y vendidos como esclavos, no es un ‘ciudadano’ en el sentido en que lo establece la Constitución de los Estados Unidos”. Fue así que la Corte falló que todas las personas afroestadounidenses, libres o esclavas, no eran ciudadanos y jamás lo serían.

El fallo también declaraba inconstitucional el Compromiso de Missouri, un acuerdo que convertía a Missouri en estado esclavista, pero establecía que los territorios del norte de Estados Unidos, un país que experimentaba una rápida expansión, serían territorios libres donde la esclavitud estaría prohibida. El fallo del caso Dred Scott abrió estos nuevos territorios a la esclavitud y fue considerado una victoria para los estados esclavistas del sur. La decisión sorprendió a todo el país. Abraham Lincoln invocó la decisión en su famoso discurso conocido como “Casa dividida”: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie. Creo que este gobierno no puede continuar de forma permanente siendo mitad esclavo y mitad libre”, afirmó Lincoln. El fallo Dred Scott ayudaría a que Lincoln fuera elegido presidente y contribuiría a empujar al país a la guerra civil.

El catedrático john a. powell (que escribe su nombre en minúscula) dicta cursos sobre Dred Scott. powell es profesor de derecho y estudios afroestadounidenses de la Universidad de California, Berkeley y considera que existe un vínculo entre ese terrible fallo y los problemas que atraviesa actualmente Estados Unidos. Powell me dijo: “Aún no hemos reconocido plenamente a los negros y a otras personas como ciudadanos plenos, como personas plenas”. Las manifestaciones en Ferguson surgen en parte, según afirma, debido a que “la comunidad negra tiende a sufrir en forma excesiva el control policial y está desprotegida”.

Ferguson simboliza las profundas divisiones raciales que persisten hoy en día en Estados Unidos. Desde la década de 1980, la ciudad ha pasado de tener una población mayoritariamente blanca a una mayoritariamente negra. Sin embargo, el alcalde es blanco. El concejo municipal de la ciudad está integrado mayoritariamente por personas de raza blanca, al igual que la junta escolar. Quizá el hecho más significativo para las protestas sea que 50 de los 53 oficiales de policía son blancos. El Pastor Michael McBride, de Berkeley, California, ha estado en Ferguson organizando a la comunidad tras el asesinato de Michael Brown. Parado de pie a tan solo unos metros de un vehículo militar Humvee, afirmó que la violencia policial sistémica es consecuencia del “miedo irracional a los hombres de raza negra…Y si le temen tanto a los hombres negros, no deberían ser policías en las comunidades negras”.

Los habitantes de Ferguson exigen justicia para Michael Brown y el arresto de Darren Wilson, el oficial de policía que lo mató. Varios grupos están exigiendo que un fiscal especial se haga cargo del caso, que se retire de Ferguson a la Guardia Nacional y que el Departamento de Justicia inicie una investigación de todos los casos en que la policía ha disparado a personas no blancas que no portaban armas.

Dred Scott perdió el juicio ante la Corte Suprema de Estados Unidos en 1857, pero con el tiempo ganó su libertad de otro dueño. Lamentablemente, Scott murió de tuberculosis un año más tarde, en 1858. A pocos kilómetros del lugar donde yacen sus restos, en medio de la nube de gases lacrimógenos, aún resuena el eco de su vida y de su lucha.

Espionaje y amenazas a la libertad de prensa en EE.UU.

Según lo previsto, pronto se iniciará el juicio en la causa por espionaje iniciada por el gobierno de Obama contra el presunto informante de la CIA Jeffrey Sterling, seis años después de la presentación de cargos en su contra. Aparte de Sterling, se llevará a juicio además a uno de los principales pilares de nuestra sociedad democrática: la libertad de prensa. Los fiscales federales alegan que Sterling filtró información confidencial al autor y periodista del New York Times, James Risen. Risen ha escrito varios artículos en los que saca a la luz asuntos de seguridad nacional. En uno de ellos, publicado en su libro de 2006 “State of War” (en español: “Estado de Guerra”), Risen detalla una operación fallida de la CIA cuyo objetivo era hacer entrega de planos defectuosos de bombas nucleares al gobierno de Irán a fin de perjudicar el supuesto programa de armamento de ese país.

Los fiscales consideran que fue Sterling quien filtró los detalles de esa operación a Risen y pretenden que éste haga pública su fuente ante la justicia. Risen se ha negado hasta el momento a divulgar su fuente, amparándose en las protecciones a la libertad de prensa establecidas en la Primera Enmienda y ha jurado ir a la cárcel antes que “renunciar a todo aquello en lo que creo”, según sus propias palabras.

El rol que juegan las fuentes confidenciales en el periodismo de investigación tal vez haya sido demostrado de manera fehaciente por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein. Woodward y Bernstein tenían una fuente confidencial apodada “Garganta Profunda” que les dio pistas, les confirmó información y les sugirió “rastrear la ruta el dinero”. Con ayuda de esa fuente descubrieron actos ilícitos llevados a cabo en las más altas esferas del gobierno, los cuales posteriormente llevaron a presentar su renuncia al Presidente Richard Nixon hace más de 40 años, en 1974, a fin de evitar un juicio político.

Aproximadamente en el mismo momento, revelaciones acerca de hechos ilícitos y rotundos delitos en el seno delFBI, la CIA y la NSA suscitaron investigaciones por parte del Congreso que derivaron en la aprobación de nuevas leyes, como la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés), la cual se suponía debía controlar los abusos, al exigir órdenes judiciales para la vigilancia.

Pero luego tuvieron lugar los ataques del 11 de septiembre de 2001, y como da cuenta actualmente el sentido común, “todo cambió”. El gobierno de George W. Bush dio inicio a una amplia gama de actividades, entre ellas, tortura, secuestros, escuchas telefónicas sin orden judicial y, por supuesto, la invasión y ocupación de Irak sobre la base de información de inteligencia falsa y de una extensa campaña propagandística, llevada a cabo con amplia complicidad de los medios masivos de comunicación.

Estos abusos salieron a la luz gracias a la labor de periodistas de investigación como James Risen y de informantes que corrieron grandes riesgos, a nivel personal y profesional, para llamar la atención de la población sobre los abusos de poder cometidos. Risen llevó su caso ante la justicia y logró que un juez de distrito dejara sin efecto la citación que pendía sobre él. El Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito, que tiene jurisdicción sobre Virginia y Maryland, donde la CIA y la NSA tienen sus respectivas sedes principales, reinstauró la citación. Posteriormente, la Corte Suprema de Estados Unidos, a instancias del gobierno de Obama, se negó a tratar el caso. Risen agotó entonces sus posibilidades de apelación y deberá testificar en el juicio de Sterling o enfrentar cargos por desacato, que podrían implicar importantes multas y tiempo de reclusión.

“Mientras sea Fiscal General”, sostuvo el Fiscal General Eric Holder, “ningún periodista que esté haciendo su trabajo irá a la cárcel”. Pero si los fiscales federales del caso Sterling obligan a Risen a atestiguar, no queda claro de qué servirá la promesa de Holder.

Uno de los motivos por los que el juez federal dejó sin efecto la citación de Risen fue que, según razonó el juez, los fiscales ya tenían un caso firme contra Sterling y no necesitaban que Risen confirmara que Sterling fue la fuente. Las evidencias contra Sterling incluyen los estados de cuenta de las tarjetas de crédito y cuentas bancarias de James Risen, así como sus registros telefónicos y otra información que presuntamente los vincularía. He aquí otra profunda amenaza al periodismo: el nivel sin precedentes de vigilancia de todas las personas, incluidos los periodistas. Paradójicamente, fueron James Risen y su colega Eric Lichtblau quienes primero sacaron a la luz el programa de escuchas telefónicas sin orden judicial del gobierno de Bush en un artículo escrito en el año 2004 que fue retenido por el entonces editor en jefe, Bill Keller, hasta después de las elecciones presidenciales del 2004, en las que resultó reelecto el Presidente Bush.

La organización Human Rights Watch y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles emitieron conjuntamente en el mes de julio un informe titulado: “Con libertad para vigilar a todos: Cómo la vigilancia a gran escala de Estados Unidos perjudica al periodismo, a la ley y a la democracia estadounidense”. Al detallar los impactos negativos que tiene la vigilancia masiva sobre el periodismo, citan a Brian Ross, corresponsal en jefe de investigaciones de ABC News, quien expresó: “Siento que tenemos que actuar como si fuéramos de la mafia. Tenemos que ir por ahí con un monedero lleno y si se encuentra un teléfono público, hay que usarlo, o como hacen los traficantes de drogas, hay que usar teléfonos prepagos desechables. Estos son los pasos que tenemos que dar para librarnos del rastreo electrónico. Tener que tomar este tipo de medidas hace que los periodistas nos sintamos como si fuésemos criminales y como si estuviésemos haciendo algo malo. Y no creo que sea así. Creo que estamos brindando un servicio útil a los estadounidenses para que sepan lo que está pasando en su gobierno y lo que está sucediendo”.

No, los periodistas de investigación no son culpables de hacer nada malo. La organización activista online Roots Action ha publicado una solicitud, que cuenta con más de 125.000 firmas, en la que exhorta al Presidente Obama y al Fiscal General Holder a detener las acciones judiciales contra James Risen. Varias organizaciones en favor de la libertad de prensa han expresado su apoyo a Risen públicamente, al igual que lo han hecho veinte ganadores de Premios Pulitzer. En definitiva, reprimir a la prensa viola el derecho de la población a saber. Existe una razón por la que el periodismo se encuentra amparado por la Constitución de Estados Unidos: la libertad de prensa es una instancia fundamental de control y equilibrio, necesaria para que quienes detentan el poder rindan cuentas ante la sociedad. El periodismo resulta esencial para el funcionamiento de una sociedad democrática.

Hiroshima y Nagasaki 69 años después

“Odio la guerra”, afirmó Koji Hosokawa cuando nos encontrábamos junto a la llamada Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima, Japón. En un extremo del Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima se erige el esqueleto de un edificio de cuatro pisos. El edificio fue uno de los pocos que quedaron en pie después de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto de 1945 a las 8.15 de la mañana. Tres días más tarde, Estados Unidos lanzó una segunda bomba en Nagasaki. Cientos de miles de civiles murieron, muchos al instante y otros tantos lentamente como consecuencia de quemaduras graves y de lo que más tarde pasó a conocerse como enfermedades provocadas por la radiación.

El mundo observa horrorizado los diversos conflictos militares de la actualidad, que dejan tras de sí solo más destrucción. En Libia y en Gaza, en Siria, en Irak, Afganistán y Ucrania. No muy lejos de los muertos y los heridos de esos conflictos, los misiles nucleares aguardan alertas, en espera del terrible momento en que la arrogancia, un accidente o la falta de humanidad provoquen el próximo ataque nuclear. “Odio la guerra”, reiteró Hosokawa. “Odio la guerra, no a los estadounidenses. La guerra vuelve locas a las personas”.

En 1945, Koji Hosokawa tenía 17 años. Trabajaba en el edificio de la compañía telefónica, a menos de 3 kilómetros de distancia de la zona cero, donde cayó la bomba: “Estaba a tres kilómetros hacia el noreste de esta zona. Allí fui expuesto a la bomba. Había un edificio muy robusto, de modo que sobreviví de milagro”. Su hermana de 13 años no corrió con la misma suerte: “Mi hermana menor también había ido a trabajar y se encontraba a 700 u 800 metros de distancia del hipocentro y allí fue expuesta a la bomba. Estaba con una maestra y los alumnos. En total, las 228 personas que estaban allí junto a ella murieron”.

Caminamos por el parque hacia el Museo de la Paz de Hiroshima. Allí se exhiben las imágenes de la muerte: las sombras de las víctimas quemadas proyectadas en los muros de los edificios, las fotografías del caos que sobrevino a la bomba y de las víctimas de la radiación. Casi siete décadas más tarde, a Hosokawa aún se le llenan los ojos de lágrimas al relatar lo sucedido. “El mayor dolor de mi vida es que mi hermana menor haya muerto por la bomba atómica”, sostuvo.

Un día antes de reunirme con Koji Hosokawa estuve en Tokio, donde entrevisté a Kenzaburo Oe, ganador del Premio Nobel de Literatura. “Cuando era niño, a los 12 años de edad, Japón ingresó en la guerra y fue al final de la guerra que Japón sufrió los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. En aquel entonces sufrí una gran conmoción, pero también mi madre, nuestras familias, todas las personas en aquel entonces estaban azoradas por la bomba atómica. Se trataba de la mayor catástrofe que jamás habíamos experimentado, por eso el sentimiento de tener que sobrevivir a esto, de superarlo y empezar de nuevo fue muy poderoso”.

Ahora, con casi 80 años, Kenzaburo Oe ha reflexionado mucho acerca de la conexión que existe entre la bomba atómica y el desastre de Fukushima, la planta nuclear que colapsó cuando un terremoto y un tsunami devastadores azotaron Japón el 11 de marzo de 2011. El Premio Nobel le dijo al periódico francés Le Monde: “Hiroshima debe quedar grabado en nuestra memoria: es una catástrofe más terrible que los desastres naturales porque fue provocada por el hombre. Repetirla, al mostrar la misma falta de respeto por la vida humana con la construcción de plantas de energía nuclear, es la peor traición a la memoria de las víctimas de Hiroshima”, afirmó.

Tras el desastre de Fukushima, Oe afirmó: “Todos los japoneses sintieron un profundo arrepentimiento …El aire que se respiraba en Japón era casi el mismo que tras la bomba de Hiroshima al finalizar la guerra. Debido a este clima, el Gobierno [en 2011], con el consentimiento de la población japonesa, prometió deshacerse o desactivar las más de 50 plantas nucleares de Japón”, sostuvo el Premio Nobel.

Sobrevivientes de la bomba atómica como Koji Hosokawa, escritores como Kenzaburo Oe, al igual que cientos de miles de personas que ahora son ancianas, han sido testigos del surgimiento de la era nuclear en 1945 y han vuelto a experimentar sus devastadoras posibilidades recientemente en Fukushima. A pesar de plantear riesgos diferentes para la humanidad, hay un vínculo entre los arsenales de armas nucleares y las plantas nucleares, ya que los productos derivados de algunas plantas nucleares pueden utilizarse como material para fabricar ojivas nucleares. Ya sea que se trate de un acto de guerra, de un acto de terrorismo proveniente de un arma nuclear que cayó en manos de un actor no estatal o de un accidente en una planta nuclear, los desastres nucleares son terriblemente destructivos, pero son totalmente evitables. Necesitamos una nueva forma de pensar, un nuevo esfuerzo para eliminar las armas nucleares y pasar a utilizar energía segura y renovable en todo el mundo.

Cuando nos íbamos del Parque de la Paz de Hiroshima, Koji Hosokawa me pidió que me detuviera. Me miró a los ojos y me dijo que no me olvidara de las víctimas: “Todas esas personas vivían aquí”, afirmó. “Vivían aquí”.

Una venerable voz judía a favor de la paz

El ataque de Israel contra la población palestina de la Franja de Gaza ya lleva más de tres semanas. El actual ataque militar terrestre, marítimo y aéreo ha durado más que el terrible ataque de 2008/2009, en el que murieron 1.400 palestinos. El número de muertos es de al menos 1.400 personas, en su gran mayoría civiles. Al momento de escribir esta columna, las Naciones Unidas confirmaron que una escuela de la ONU en Gaza, en la que miles de civiles estaban refugiados, fue atacada por las Fuerzas de Defensa israelíes, dejando un saldo de al menos 20 personas muertas. Las Naciones Unidas informaron 17 veces las coordenadas exactas del refugio a las fuerzas israelíes.

Democracy Now! entrevistó a Henry Siegman, un referente del pensamiento judío en Estados Unidos y presidente del “US/Middle East Project” (Proyecto Medio Oriente/Estados Unidos). Siegman es rabino y ex director ejecutivo del Congreso Judío Estadounidense y del Consejo de Sinagogas de Estados Unidos, dos de las principales organizaciones judías del país. Siegman sostiene que la ocupación israelí de los territorios palestinos debe terminar.

“Hay un dicho talmúdico en la ‘Ética de los padres’ que sostiene ‘No juzgues a tu prójimo hasta no haber estado en su lugar’. Entonces, mi primera pregunta al abordar cualquier problema relacionado con la cuestión israelí-palestina es: ¿qué haríamos si estuviéramos en su lugar’. ¿Qué sucedería si la situación se reviritera y la población judía fuera sitiada o se le dijera: ‘Les damos menos de un 2% de Palestina. Ahora compórtense. Nada de resistencia y permítannos encargarnos del resto’. ¿Acaso algún judío hubiera dicho que es una propuesta razonable?”.

Siegman continuó: “En las circunstancias actuales, Israel tiene derecho de hacer lo que está haciendo ahora y, por supuesto, como se ha sostenido, incluso el Presidente de Estados Unidos lo ha afirmado en reiteradas ocasiones, ningún país aceptaría vivir bajo esa amenaza permanente. Aunque le faltó decir, y es lo que invalida y socava el principio, es que ningún país ni ninguna población aceptaría vivir del modo en que se ha obligado a vivir a la gente de Gaza. Y, por consiguiente, eso también invalida esta ecuación moral que pone a Israel en el lugar de la víctima que debe actuar para evitar que la situación continúe de esta manera. Y nuestros medios rara vez señalan que los palestinos de Gaza o Hamas, la organización a cargo de Gaza, que son los atacantes, también tienen derecho a tener una vida normal y digna y que ellos también deben pensar ‘¿qué podemos hacer para poner fin a esta situación?’”.

Henry Siegman nació en Alemania en 1930. Él y su familia fueron perseguidos por los nazis. “Viví dos años bajo la ocupación Nazi, la mayor parte del tiempo corriendo de un lugar a otro, ocultándome. Siempre pensé que la lección más importante del Holocausto no es que existe el mal, que hay personas malvadas en el mundo que pueden hacer las cosas más crueles e inimaginables. Ese no fue el principal aprendizaje del Holocausto. El gran aprendizaje del Holocausto es que la gente de bien, cultivada, que generalmente consideraríamos buenas personas, puede permitir que ese mal se imponga. La población alemana, que no eran monstruos, permitió que la maquinaria nazi hiciera lo que hizo”.

El padre de Siegman fue uno de los líderes del movimiento sionista europeo, que reclamaba una patria para el pueblo judío. Siegman contó: “Yo era un ferviente sionista ya desde niño. Recuerdo que en el barco que me trajo aquí, cuando estábamos viniendo a Estados Unidos y tendría 10 u 11 años de edad, escribía poesía y canciones sobre el cielo azul de Palestina. En aquella época la denominábamos Palestina”.

En Estados Unidos, Henry Siegman se convirtió en un importante referente de la vida judía estadounidense. Cuando le pedí que reflexionara sobre el ataque actual contra Gaza, sostuvo: “Es desastroso. Tanto en términos políticos como desde el punto de vista humanitario. Cuando uno se pone a pensar que esto es lo que hace falta para que Israel sobreviva, que el sueño sionista se basa en el asesinato reiterado de personas inocentes a la escala que vemos hoy en la televisión, se trata de una crisis muy profunda del pensamiento de todos los que estamos comprometidos con la creación de un Estado y su éxito”.

Le pedí a Siegman que mirara un fragmento del programa “Face the Nation”, de la cadena CBS. El presentador, Bob Schieffer, finalizó recientemente el programa con el siguiente comentario: “En Medio Oriente, el pueblo palestino se encuentra bajo el control de un grupo terrorista que se ha embarcado en una estrategia para que sus propios niños sean asesinados para lograr compasión con su causa. Esta estrategia probablemente esté funcionando, al menos en algunas partes. La semana pasada, encontré una cita de hace muchos años de Golda Meir, una de las primeras líderes de Israel, que bien podría haber sido pronunciada ayer: ‘Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos’, afirmó, ‘pero jamás podremos perdonarlos por obligarnos a matar a sus hijos’”.

Siegman dijo que había visto el programa y respondió: “Conocí a Golda Meir y escuché su comentario. En aquel entonces pensé —y ahora también pienso— que es una declaración terriblemente hipócrita. Esta declaración la realizó la misma mujer que dijo: ‘Los palestinos…no existen los palestinos. Yo soy palestina’. Si no quieres matar a los palestinos, si te provoca tanto dolor, no debes matarlos. Puedes darles sus derechos y puedes poner fin a la ocupación. Y, ¿culpar a los palestinos de la ocupación y del asesinato de inocentes del que estamos siendo testigos en este momento en Gaza? ¿Por qué? ¿Por querer un Estado propio? ¿Por querer lo que los judíos quisieron y lograron? Lo encuentro, para decirlo en términos suaves, poco digno de admiración. Hay algo profundamente hipócrita acerca de su declaración original y acerca de repetirlo al aire ahora como una gran reflexión moral”.

Mientras Estados Unidos continúa suministrando armas a Israel, más de 250 niños han muerto en Gaza. En lugar de darle armas, Estados Unidos y el resto del mundo deberían presionar a Israel para que ponga fin a la matanza.

Bloqueo informativo sobre Gaza: un enemigo a vencer

Según información de Naciones Unidas, durante los últimos dos días ha sido asesinado un niño por hora en Gaza. En total, el ejército israelí ha asesinado a más de 700 palestinos, en su amplia mayoría civiles, desde el comienzo de los ataques contra Gaza hace más de dos semanas. Detalles de la masacre salen a la luz en medios de comunicación de todo el mundo y dan horrenda cuenta de niños asesinados en la playa, de bombardeos contra unidades de cuidado intensivo de hospitales, de trabajadores de emergencia médica asesinados por francotiradores israelíes mientras buscaban heridos entre los escombros. Las organizaciones de la resistencia armada de Gaza, principalmente el brazo armado del gobierno electo de la zona, Hamas, han lanzado miles de cohetes de fabricación casera que han provocado la muerte de tres personas en Israel. Desde que Israel inició su invasión terrestre a Gaza han muerto más de 30 soldados israelíes. Una de las mayores dificultades para poder comprender la situación en Israel y los territorios palestinos ocupados es obtener información confiable. Esta última ofensiva contra Gaza reafirma el papel clave que desempeñan los medios masivos de comunicación estadounidenses en mantener el bloqueo informativo. Pone de relieve además la creciente importancia de la presión que ejercen las redes sociales.

Hay un titular que lo dice todo: “Misil en café de playa de Gaza encuentra a clientes reunidos para ver la Copa Mundial de Fútbol”. Este titular fue publicado por el periódico New York Times en referencia a un misil lanzado por Israel, que causó la muerte de al menos ocho personas en una playa de la localidad de Khan Younis en Gaza. Ali Abunimah, destacado periodista palestino-estadounidense cofundador del sitio web The Electronic Intifada, publicó irónicamente en Twitter: “Misil israelí pasa por café de Gaza para tomar algo y conversar con sus amigos palestinos”. La extraña y pasiva formulación del titular original desató una tempestad de comentarios en las redes sociales. Ali Abunimah se refirió a ello en el programa de DemocracyNow!: “Es muy simple, el titular del New York Times hace pensar que el misil de Israel pasó por el café para mantener una amistosa conversación. Pero lo que el misil hizo en realidad fue volar en mil pedazos a varias personas que habían ido a la playa a fin de escapar del horror de la matanza que lleva a cabo Israel en el resto de Gaza para mirar un partido de la Copa Mundial de Fútbol como miles de millones de personas en todo el mundo. Y murieron allí. Eso es lo que sucedió. Pero no es eso lo que surge del titular del New York Times”. Finalmente, el New York Times reemplazó el titular por: “Buscan entre escombros de café de Gaza a víctimas que habían ido a ver un partido de fútbol”.

No se trata de la primera vez que un importante medio de comunicación recibe un golpe por su cobertura de esta última ofensiva contra Gaza. El 16 de julio, el periodista deNBC Ayman Mohyeldin fue testigo de un ataque israelí perpetrado en una playa de Gaza que causó la muerte a cuatro niños que jugaban al fútbol. Tras el mortal ataque, las explícitas publicaciones en Twitter de Mohyeldin alarmaron al mundo con la noticia. Su tuit decía: “Cuatro niños palestinos asesinados en un ataque aéreo israelí. Minutos antes de que fueran asesinados frente a nuestro hotel, yo estaba jugando a la pelota con ellos #gaza”. Mohyeldin publicó que eran todos primos hermanos. Y publicó también sus nombres y sus edades:

“1) Ahed Atef Bakr, 10 años

2) Zakaria Ahed Bakr, 10 años

3) Mohamed Ramez Bakr, 11 años

4) Ismael Mohamed Bakr, 9 años”

Ayman Mohyeldin se trasladó rápidamente al hospital Al-Shifa y presenció el momento en que la familia Bakr se enteró del asesinato de los niños. Lo normal hubiera sido que el testigo presencial del hecho diera la noticia, pero en lugar de ello, apareció en la pantalla del programa NBCNightly News el periodista Richard Engel informando desde Tel Aviv. El periodista ganador del Premio Pulitzer Glenn Greenwald me contó durante el programa de noticias de Democracy Now! lo que sabía respecto a la decisión tomada por la NBC en relación a Mohyeldin luego de que informó sobre las muertes: “Lo que resulta increíble en realidad es que, más tarde, ese mismo día, luego de lo que podría considerarse el mayor, o uno de los mayores sucesos de la carrera periodística de Mohyeldin, tras provocar realmente un gran impacto en la comprensión que el mundo tiene de lo que está pasando en Gaza, no sólo le impidieron aparecer al aire para hablar de ello en NBCNews, sino que además le ordenaron abandonar Gaza inmediatamente”.

Las redes sociales se encendieron en señal de protesta, con el hashtag #letAymanreport (“dejen-que-Ayman-informe”, en español). El viernes por la noche, NBC anunció que Mohyeldin regresaría a Gaza. Mohyeldin publicó en Twitter: “Gracias por todo su apoyo. Regreso a #Gaza para informar. Orgulloso del permanente compromiso de la NBCcon dar cobertura al lado palestino de la historia”.

Sin embargo, en los estudios de NBC, el problema no estaba resuelto. Rula Jebreal es una escritora y analista política palestina. Trabaja como colaboradora externa para el canal de noticias MSNBC, donde, durante una entrevista efectuada esta semana, criticó la cobertura sobre Gaza realizada por esa cadena de televisión por cable.

“Somos ridículos. En relación a este tema, nuestra cobertura es asquerosamente parcial. Miren [cuánto] tiempo de aire destinan diariamente [al Primer Ministro Benjamin] Netanyahu y los suyos los programas de este canal. Nunca he visto que entrevisten a ningún palestino en relación a los mismos temas”. Poco después, Rula publicó en Twitter: “¡Mi próxima aparición en televisión fue cancelada! ¿Existe alguna relación entre lo que expuse y la cancelación?” Si bien el presentador de MSNBC Chris Hayes valientemente la invitó a su programa para hablar sobre sus críticas, Jebreal no está segura de que le renovarán su contrato.

A comienzos de esta última ofensiva contra Gaza, le pregunté a Joshua Hantman, alto asesor del embajador de Israel en Estados Unidos, acerca de la creciente cifra de muertos, la mayoría de los cuales son civiles. Su respuesta provoca escalofríos: “Seré honesto, la precisión es espectacular. No ha habido otro ejército en la historia del mundo que de hecho haya utilizado blancos de tanta precisión”. El terror y la muerte sembrados por la precisión de la cual se enorgullece Hantman quedan claros día tras día gracias a la labor de demasiados pocos periodistas valientes, que reciben apoyo de una ciudadanía mundial comprometida que hace uso de las redes sociales para vencer el bloqueo impuesto por los medios masivos de comunicación tradicionales.

 

Niños de la frontera: “No hablan 

inglés, pero entienden el odio”

El periodista ganador del premio Pulitzer José Antonio Vargas le puso un rostro público a la crisis de la inmigración que atraviesa Estados Unidos, tras haber sido detenido esta semana por la policía fronteriza en McAllen, Texas. Varias horas más tarde y después de protestas a nivel nacional, Vargas fue liberado. Dio a conocer por primera vez su situación de inmigrante indocumentado hace tres años en un artículo publicado en la revista New York Times y, desde entonces, su principal tarea ha sido luchar por una reforma de la política de inmigración estadounidense. Vargas había viajado a Texas para apoyar a miles de niños inmigrantes indocumentados que actualmente están detenidos allí por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Muchos niños continúan huyendo de la violencia en sus países de origen en Centroamérica, en busca de seguridad y teniendo que enfrentar grandes riesgos en tierras lejanas. En Estados Unidos, el problema suele caracterizarse como una “crisis fronteriza”, pero no se trata de eso. Estamos asistiendo al fracaso de la globalización económica y de la política exterior de Estados Unidos, exacerbado por políticas de inmigración inadecuadas e ineficaces a nivel nacional. Las víctimas más recientes de esta situación son los niños que llegan a través de la frontera en busca de seguridad, pero, sin embargo, son cruelmente encerrados en grandes galpones y trasladados en buses a otros centros de detención. En el trayecto, deben soportar las amenazas de hordas extremistas que se oponen a la inmigración, para luego ser deportados a sus países de origen, donde corren riesgo de vida.

Decenas de miles de niños cruzan la frontera desde México hacia Estados Unidos, sin la compañía de adultos, tras recorrer miles de kilómetros en condiciones muy peligrosas, a menudo viajando en los techos de los trenes de carga que son controlados por bandas criminales. Los trenes son conocidos como “La Bestia”. Los niños que se suben a ellos deben pagar tarifas muy elevadas y a muchos de ellos los golpean, los roban, los violan e incluso los matan en el trayecto hacia el norte. Algunos tienen la esperanza de reencontrarse con sus padres en Estados Unidos, otros son enviados al extranjero por sus propios padres para evitar que sus hijos sufran la violencia endémica de sus ciudades natales: lugares como San Pedro Sula, el centro económico de Honduras, que actualmente es considerada la ciudad donde se registran más asesinatos en el mundo.

El flujo de niños ha superado la capacidad del Gobierno de Estados Unidos de hospedarlos y alimentarlos, y especialmente de brindarles el nivel de atención que es adecuada para los niños refugiados. En respuesta a esto, el Gobierno ha trasladado a los niños a diferentes lugares en el suroeste del país.

Esta situación significó una oportunidad para los grupos xenófobos y racistas de lograr la atención de los medios por haberse enfrentado a los buses que trasladaban a los niños. En la ciudad de Murrieta, en California, un pequeño grupo de personas estaba protestando contra el traslado de un grupo inmigrantes a esa ciudad. Enrique Morones, director de la organización sin fines de lucro Border Angels (Ángeles de la frontera), se enteró de lo que estaba sucediendo y se dirigió de inmediato al norte para verlo con sus propios ojos. Morones dijo en el programa “Democracy Now!”: “Fue una escena horrible ver a los niños en el bus y a sus madres llorando. No hablan inglés, pero entienden el odio”.

Enrique Morones comparó la escena con lo sucedido en Selma, Alabama, 50 años atrás, cuando la policía bloqueó el paso de la Marcha por el Derecho al Voto y luego desató una feroz represión llena de odio: “Quiero dejar bien claro que fue la policía de Murrieta, y no los manifestantes, la que obligó a los tres buses a regresar. Mientras los buses se acercaban, la policía de Murrieta se interpuso y les impidió el paso, algo que no tiene ningún sentido debido a que podrían haber continuado su trayecto hasta la oficina de la policía fronteriza. Así que le pregunté a un oficial ‘¿Por qué detienen a los buses aquí?’ Y, a continuación, un manifestante se acercó y otros lo siguieron y de los cincuenta manifestantes que estaban allí, alrededor de la mitad se pararon delante del bus, al igual que unos veinticinco o treinta trabajadores de los medios, y comenzaron a golpear el bus. Los manifestantes golpeaban el bus con la bandera de Estados Unidos, mientras gritaban insultos raciales”. Fue la intervención policial lo que dio a pie a los manifestantes.

Todas las partes involucradas deberían prestar atención al mensaje pronunciado esta semana por el Papa Francisco sobre, en sus propias palabras, las “decenas de miles de niños que emigran solos, sin ser acompañados, para huir de la pobreza y de la violencia”: “Es una emergencia humanitaria que requiere, como primera medida urgente, que los niños sean bien recibidos y protegidos”. El Papa abordó otro asunto fundamental en su mensaje: “Sin embargo, estas medidas no serán suficientes a menos que estén acompañadas de políticas que informen a las personas sobre los peligros del viaje y, sobre todo, que fomenten el desarrollo en sus países de origen”, afirmó.

Estados Unidos tiene una larga y sanguinaria historia de desestabilizar gobiernos democráticos en los mismos países que ahora son la fuente de esta última oleada inmigratoria, especialmente Honduras, Guatemala y El Salvador. En las décadas de 1980 y 1990, los regímenes militares y paramilitares, que contaban con el apoyo de Estados Unidos, mataron a cientos de miles de ciudadanos en esos países. Los cárteles de drogas de la actualidad son los herederos de esa cultura de violencia. En Honduras, Estados Unidos apoyó el golpe de Estado de 2009 contra el presidente electo democráticamente Manuel Zelaya. Después de su derrocamiento, dos regímenes sucesivos apoyados por Estados Unidos han contribuido a lo que la catedrática de la Universidad de California Dana Frank denominó “la intensificación de la violencia y la anarquía”. Dana Frank afirmó: “El golpe en sí mismo fue un acto criminal y realmente dio paso a la corrupción generalizada de la policía y en todos los niveles del Gobierno. Y eso significa que básicamente es posible matar a quien sea, sin recibir un castigo por ello”.

José Antonio Vargas, que llegó a Estados Unidos como un niño indocumentado hace más de 20 años, resumió la situación desde Texas: “Cuando tienes nueve, diez u once años no sabes lo que significa que te llamen ‘ilegal’. No entiendes cómo el enfrentamiento político que está ocurriendo afecta tu vida, pero esto es exactamente lo que ha venido sucediendo. El modo en que muchos medios de noticias y el modo en que muchos opinólogos y el modo en que muchos políticos, en particular los republicanos, hablan sobre esta crisis humanitaria es una afrenta a Estados Unidos y a los estadounidenses. Hace algunos días, el titular de una noticia de CBSnews.com decía: ‘¿El aumento de los niños inmigrantes ilegales es una amenaza a la seguridad nacional?’ Ese era el titular. Estos niños no son ilegales, son seres humanos. Y no son una amenaza para la seguridad nacional. La única amenaza que representan estos niños es la amenaza de poner a prueba nuestra propia conciencia”.

Nómades de la era digital

La libertad de comunicarse y compartir ha ingresado a una nueva era. El poder prometido por esta libertad, por la Internet, es tan inmenso que las instituciones del poder establecido le tienen miedo. Gobiernos, ejércitos, compañías, bancos: todos se resisten a perder el control que ejercen sobre la sociedad cuando la información que mantienen en secreto circula libremente. Y algunos de los más fervientes defensores de esta nueva era de libertad de información se convierten en blanco de ataque de estas mismas instituciones, y se ven obligados a vivir huyendo, en el exilio o, en algunos casos, a pasar años en prisión.

Julian Assange es tal vez una de las personalidades más reconocidas de la lucha por la transparencia y la apertura de la comunicación. Assange fundó el sitio web WikiLeaks en el año 2007, a fin de brindar un medio seguro para filtrar documentos electrónicos. En el año 2010, WikiLeaks publicó un impactante video filmado desde un helicóptero de ataque militar estadounidense, en el que se ve cómo los comandantes de la nave disparan sistemáticamente a muerte a al menos doce civiles en Nuevo Bagdad, un barrio de Bagdad, en Irak. Dos de las personas asesinadas eran periodistas de Reuters. Sobre las imágenes de la masacre, se oyen las transmisiones de radio del ejército: una combinación de crudas órdenes asépticas de “entrar en combate” con las víctimas y de una serie de intercambios jocosos entre los soldados, con expresiones de desprecio hacia las víctimas y de festejo por la matanza.

Inmediatamente después de la publicación del video, WikiLeaks realizó tres grandes difusiones de documentación, posibilitando el acceso a cientos de miles de documentos secretos, entre otros, comunicaciones oficiales del ejército estadounidense relativas a las guerras en Afganistán e Irak, las cuales permitieron realizar investigaciones directas, por ejemplo, acerca de la cantidad de víctimas civiles en dichas guerras. WikiLeaks reveló además cientos de miles de cables del Departamento de Estado de Estados Unidos que expusieron la oscura y cínica realidad de la diplomacia estadounidense. Se cree que los cables secretos de alguna manera impulsaron la Primavera Árabe, especialmente en lo que respecta al derrocamiento del corrupto régimen de Túnez, que contaba con apoyo de Estados Unidos.

Si bien el sitio web WikiLeaks logró proteger la identidad de la fuente de estas excepcionales filtraciones, un informante del FBI señaló a un soldado estadounidense, el Soldado Bradley Manning. Mientras trabajaba en inteligencia militar estadounidense en Irak, Manning se sintió frustrado ante los abusos cometidos por el ejército de Estados Unidos. Presuntamente, habría copiado la vasta cantidad de archivos y se los habría entregado a WikiLeaks. Manning fue arrestado y recluido en aislamiento, en condiciones que Naciones Unidas ha calificado como “tortura”. Manning fue juzgado por una corte marcial. Tras ser declarado culpable y sentenciado a 35 años de reclusión en una prisión militar, Manning anunció su intención de transformarse en mujer y formalmente cambió su nombre a Chelsea Manning. Hace un mes, Manning escribió en un artículo de opinión publicado por el periódico New York Times: “Creo que las actuales limitaciones a la libertad de prensa y el excesivo secreto por parte del gobierno hacen que resulte imposible para los estadounidenses comprender cabalmente lo que está sucediendo en las guerras que financiamos”.

La editora de investigación de WikiLeaks, Sarah Harrison, es británica pero vive en Berlín. Cuando Edward Snowden filtró los documentos de la Agencia de Seguridad Nacional en Hong Kong, Harrison viajó hasta allí. Ella y WikiLeaks brindaron asistencia clave a Snowden en el proceso que culminó con la solicitud de asilo político en Rusia. Harrison teme ser arrestada si vuelve a su Inglaterra natal. Me encontré con ella en Bonn, Alemania, donde me dijo: “Inglaterra tiene una Ley Antiterrorista que contiene una sección titulada Declaración Complementaria 7, que es bastante singular y que otorga a los funcionarios la facultad de detener personas en la frontera al ingresar o abandonar el país, o incluso si están en tránsito. Ello les permite interrogar a la gente por meras sospechas, sin que les correspondan ciertos derechos fundamentales, como el derecho a guardar silencio o el derecho a contar con un abogado”.

También en Berlín se encuentra la ciudadana estadounidense Laura Poitras, la primera periodista que respondió a Snowden en sus esfuerzos por filtrar los documentos de la NSA. Fue ella quien convenció a Glenn Greenwald de acompañarla a Hong Kong, dando así inicio a la era Snowden de la cobertura sobre seguridad nacional estadounidense. Poitras ya ha sido detenida e interrogada de manera agresiva en muchas oportunidades al ingresar a Estados Unidos, muy probablemente por sus resueltas exposiciones sobre el sistema de seguridad nacional estadounidense.

Por su parte, Greenwald, también ciudadano estadounidense, ha elegido vivir en Brasil. Desde las revelaciones de Snowden, y por consejo de sus abogados, había evitado visitar su país natal. Poitras y Greenwald finalmente regresaron a Estados Unidos para recibir el prestigioso premio George Polk Award por su labor periodística. Tres días después, figuraban en los equipos de los periódicos The Guardian y The Washington Post que recibieron el Premio Pulitzer.

Y también está Edward Snowden, contra quien se han presentado cargos por espionaje, por efectuar una de las mayores y más significativas filtraciones de la historia de Estados Unidos. Las filtraciones de Snowden han desatado un debateç a nivel mundial acerca de la vigilancia, la privacidad y la seguridad nacional de los Estados. Este fin de semana, The Guardian publicó una entrevista mantenida con Hillary Clinton. Clinton expresó que Snowden debería retornar a Estados Unidos, donde podría desarrollar una enérgica defensa legal y pública de sus actos. Al día siguiente, le pregunté a Julian Assange cuál era su opinión al respecto. Me respondió: “El gobierno de Estados Unidos decidió destrozar a Chelsea Manning, destrozarla totalmente, para enviar un mensaje a todos: ni se les ocurra contarle a la gente lo que pasa en realidad dentro del ejército de Estados Unidos, ni los abusos que comete. Y luego trataron de destrozar también a la persona y organización más visibles, que era WikiLeaks, para tener atados a los dos extremos, la fuente y el medio de publicación”.

Entrevisté a Assange en la Embajada de Ecuador en Londres, donde se ha refugiado durante los últimos dos años. Ecuador le otorgó asilo político, pero Assange teme que si pone un pie fuera de la embajada, será finalmente extraditado a Estados Unidos y encerrado durante años en una prisión estadounidense por su labor con WikiLeaks.

En el centro de su caso, como en el de tantos otros, está la cuestión de si Internet continuará siendo una plataforma libre y abierta de comunicación, o una mercancía controlada por unas pocas compañías, censurada y vigilada por el aparato de seguridad nacional de Estados Unidos.

Visby, Suecia— A 95 km de la costa de Suecia, en el Mar Báltico, se encuentra la isla de Gotland. Todos los veranos, decenas de miles de personas vienen aquí durante una semana para participar en un singular acontecimiento público conocido como Almedalen. El evento lleva el nombre de un parque de la principal ciudad de Gotland, Visby, donde en 1968 el ministro de Educación sueco de aquel entonces, Olof Palme, pronunció uno de los conmovedores discursos políticos por los que se hizo conocido, parado en la parte trasera de un camión. Palme se convertiría en uno de los Primeros Ministros de Suecia que realizó más transformaciones, hasta que fue asesinado en las calles de Estocolmo en 1986. El discurso pronunciado por Palme en Visby sembró la semilla de lo que hoy en día es Almedalen: un encuentro vibrante, festivo, abierto y distendido de una semana de duración, lleno de debates y diálogos, manifestaciones y disensos. Una dosis de esto no le vendría nada mal a la debilitada y estancada clase política estadounidense.

Suecia es una democracia parlamentaria, liderada por un gobierno de coalición. Los partidos minoritarios desempeñan un papel importante aquí gracias al sistema electoral de representación proporcional, que asegura que todo partido que obtenga al menos un 4% de los votos a nivel nacional tendrá representantes en el Parlamento. Los partidos que logren crear una coalición que incluya a más del 50% de los miembros del Parlamento serán los que gobiernen y decidirán entre ellos quién será el Primer Ministro, el ministro de Asuntos Exteriores, etc. Es un sistema de gobierno que recompensa a quienes logran acuerdos. Comparemos este sistema con el Gobierno de Estados Unidos, elegido sobre la base del principio de que “el ganador se lleva todo”, que margina a los pequeños partidos y refuerza nuestro disfuncional y polarizado sistema bipartidista.

Los principales partidos políticos de Suecia vienen a presentar sus ideas a Almedalen. A cada partido le corresponde presentar sus propuestas un día diferente de la semana. La mañana en que llegamos a Gotland, era el turno del Partido Verde, que tiene como principal prioridad los asuntos ambientales. Una multitud se reunió alrededor de una tienda de venta de café de comercio justo, donde Per Bolund, miembro del Parlamento por el Partido Verde, interrogaba a varios directores de grandes empresas acerca de las reglamentaciones ambientales que quisieran que se aplicaran. Increíblemente, los altos ejecutivos respondían. ¿Difícil de creer?

El Primer Ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, de la coalición de centro-derecha que está en el poder, encabezó un mitín en las cercanías junto a unos 50 seguidores jóvenes vestidos con camisetas de color naranja. Las encuestas indican que en las elecciones de septiembre su partido perderá frente a la alianza “rojiverde”, integrada por el Partido Socialdemócrata, el Partido Verde, el Partido de Izquierda y el nuevo partido Iniciativa Feminista. Según los datos, Iniciativa Feminista ha obtenido gran apoyo recientemente y se prevé que logrará que por primera vez una feminista radical ocupe una banca en el Parlamento.

Muchas personas en Almedalen están ejerciendo presión desde fuera de los partidos políticos. Le pregunté a la primera mujer arzobispo de la Iglesia de Suecia, Antje Jackelen, cuánto tiempo llevó que una mujer pudiera ocupar ese cargo. Jackelen sonrió y respondió: “850 años”. Ahora encabeza una importante lucha en la iglesia para combatir el cambio climático. Una de las estrategias que defiende es “reducir las emisiones, por supuesto, y dejar de invertir en la industria de los combustibles fósiles”. Sin embargo, no solo se trata de economía, ciencia y tecnología. Según sostuvo, todo se reduce a la siguiente pregunta: “¿Cuál es el papel del ser humano en el mundo? De modo que se trata de una cuestión absolutamente existencial y religiosa y deberíamos abordarla como gente de fe que somos.”

Cuando llegó a puerto uno de los grandes ferrys que transportan pasajeros desde y hacia la isla de Gotlan, manifestantes contra la guerra lo recibieron disfrazados de una de las armas que fabrica Suecia. Los manifestantes, organizados por Amnistía Internacional, denunciaron el papel que desempeña la exportación de armas en la economía sueca. Si bien Suecia es el país donde nació Alfred Nobel, el fundador del Premio Nobel de la Paz, también es uno de los principales exportadores de armas del planeta.

Otro de los participantes del Almedalen esta semana es Martin Smedjeback. Martin fue enviado a prisión tres veces por ingresar a plantas de fabricación de armas y destruir las armas que estaban destinadas a la exportación. “De hecho, la mayoría de las personas quiere que se ponga fin la exportación de armas, que es por lejos la exportación más importante de la empresa Saab”, me dijo. Sostuvo que la fábrica de automóviles “es responsable de más del 50% del total de las exportaciones de armas de Suecia en la actualidad”. Mientras la gente descendía del ferry, le pregunté a Smedjeback durante cuánto tiempo estaba dispuesto a manifestarse: “No tengo problema en dejar de hacerlo si ellos dejan de vender armas a la gente y dejan de utilizarlas en las guerras…Este es el motivo por el que estoy aquí, en el encuentro Almedalen”.

La democracia requiere un debate animado, una ciudadanía informada y comprometida y diversidad de partidos y de posturas políticas. Mientras Estados Unidos conmemora el Día de su Independencia, es preciso cuestionar la fortaleza y la vitalidad de nuestro sistema y pensar en las lecciones que podríamos aprender de Olof Palme y de Almedalen.

La contrarrevolución egipcia no será televisada

Esta semana, Egipto condenó a tres periodistas de Al-Jazeera a severos períodos de encarcelamiento tras un proceso judicial que los observadores calificaron de “absurdo”. Peter Greste, Mohamed Fahmy y Baher Mohamed fueron acusados de difundir material informativo falso, y colaborar así con la Hermandad Musulmana, que fue derrocada por un golpe militar el año pasado y posteriormente calificada como organización terrorista. Greste, de origen australiano, y Fahmy, de nacionalidad egipcia y canadiense, fueron sentenciados a siete años de prisión. Baher Mohamed, de nacionalidad egipcia, fue condenado a diez años, aparentemente porque estaba en posesión de un casquillo de bala vacío, artículo que muchos periodistas que cubren conflictos juntan de la calle a modo de evidencia. Los fiscales calificaron ese hecho como “posesión de municiones”. Los duros seis meses de prisión previos al juicio, el absurdo juicio en sí mismo y ahora estas condenas han provocado indignación alrededor del mundo, por lo que crece día a día un movimiento en demanda de indulto y liberación para los tres periodistas. Sin embargo, mientras que las palabras del gobierno de Obama apoyan su libertad, las acciones del gobierno de Estados Unidos, principalmente la promesa de reanudar la asistencia militar a Egipto, trasmiten el mensaje opuesto.

En el juicio hubo además tres periodistas extranjeros que fueron condenados en ausencia. Entre ellos, Sue Turton, de Al-Jazeera. En declaraciones realizadas para “Democracy Now!” desde la sede principal de Al-Jazeera en Doha, Qatar, expresó: “El veredicto nos dejó a todos los que trabajamos en Al-Jazeera totalmente estupefactos. Incluso llegamos a creer que el veredicto iba a ser que nos consideraban “inocentes”, porque habíamos estado siguiendo las sesiones del tribunal y no habíamos visto absolutamente ninguna evidencia presentada por los fiscales que probara, de manera o forma alguna, los cargos presentados contra nosotros”.

Antes de trabajar para Al-Jazeera, Peter Greste, uno de los periodistas encarcelados, había sido premiado por su labor alrededor del mundo para Reuters y la BBC. Cuando fue arrestado el 29 de diciembre de 2013 junto con los otros dos periodistas, Mohamed Fahmy se desempeñaba como jefe de la oficina de Al-Jazeera en El Cairo. Fahmy trabajó además para CNN, fue colaborador del periódico New York Times y trabajó para el noticiero “PBS NewsHour”, del servicio público de televisión estadounidense. Margaret Warner, corresponsal en jefe de asuntos exteriores del “NewsHour”, estaba trabajando con Fahmy en la cobertura de la revolución egipcia en 2011 cuando su equipo fue atacado. Refiriéndose a los esfuerzos realizados por Fahmy aquel día, expresó: “Definitivamente, nos salvó la vida. No soy una experta en asuntos jurídicos, pero les puedo decir que Mohamed Fahmy actuó, nada más ni nada menos, que como un periodista profesional”.

En una carta enviada al recientemente electo Presidente Fattah al-Sisi, más de 75 periodistas, entre ellos el corresponsal de “Democracy Now!” Sharif Abdel Kouddous, de origen egipcio-estadounidense, redactaron: “Como periodistas, apoyamos la liberación de todos nuestros colegas egipcios o del resto del mundo que puedan resultar encarcelados por hacer lo que consideran es su trabajo”.

El Comité para la Protección de los Periodistas indicó: “Si bien el centro de atención han sido los periodistas de Al-Jazeera, en realidad Egipto mantiene en prisión actualmente a al menos catorce periodistas, lo cual ubica a ese país entre los países más represores del mundo”. Amnistía Internacional ha lanzado una campaña para que personas de todo el mundo insten al presidente egipcio a liberar a los periodistas, mediante el envío de cartas o llamados telefónicos. En el comunicado, Amnistía afirma: “Los tres hombres son prisioneros de conciencia, encarcelados únicamente por ejercer pacíficamente su derecho a la libre expresión. Egipto debe retirar inmediatamente los cargos contra los tres periodistas y ponerlos en libertad”.

Por supuesto que todas las voces que claman por la libertad no son iguales. Cuando se pronunciaron las sentencias en el tribunal esta semana, Mohamed Fahmy gritó desde su celda: “¿Dónde está John Kerry?”. Era una pregunta muy importante. El día previo a la emisión del veredicto, el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se encontraba en El Cairo, en reunión con al-Sisi.

Egipto ha sido durante mucho tiempo uno de los mayores receptores de asistencia estadounidense, recibiendo un promedio de 1.500 a 2.000 millones de dólares por año desde 1979. Desde el golpe de Estado del año pasado, la asistencia se encontraba suspendida, pero el gobierno de Estados Unidos ha informado que reanudará el envío de asistencia militar. Uno de los ex colegas de Kerry en el Senado, Patrick Leahy, advirtió: “Las duras acciones adoptadas hoy contra periodistas constituyen el paso más reciente hacia el despotismo”. Entonces, ¿cómo se entiende que Estados Unidos autorice el envío de más de 500 millones de dólares en asistencia militar justo ahora?

Desde su hogar en Australia, el padre de Peter Greste, Juris Greste, expresó: “Son tiempos muy oscuros, no sólo para nuestra familia, sino para el periodismo en general. Nos sentimos devastados, impactados, abatidos ante la noticia. El periodismo no es un crimen. Es tan simple como eso. Este hombre, nuestro hijo Peter, es un periodista que ha sido premiado. No es un criminal.”. Greste padre se hizo eco de un sentimiento que se ha expandido por todo el mundo. En las salas de redacción del mundo entero, desde las oficinas de la BBC y el Toronto Star, hasta salas de prensa en Hong Kong, periodistas y trabajadores de los medios están publicando fotos con sus bocas tapadas con cinta, en protesta por el hostigamiento que el gobierno egipcio lleva adelante contra la prensa. El Presidente Barack Obama y el Secretario de Estado Kerry deberían prestar atención. Una amenaza a la libertad de prensa es una amenaza al derecho de la población a saber. Es el flujo de información, no el flujo de asistencia militar, lo que resulta fundamental para el funcionamiento de una sociedad democrática.