Desde Mi Ventana
L A N I E B L A…
La penúltima semana de marzo, tuvo dos días de niebla. Llegó en las primeras horas. ¡Tan lenta y suave! Caminaba por entre los árboles, se enredaba en las chimeneas, daba vueltas alrededor de las cúpulas de las catedrales y de los campanarios; ocultaba las torres enhiestas, se extendía sobre los lagos y los riachuelos. Se oían solamente los sonidos del agua porque la bruma invasora se arrastraba triunfante. Era hermoso verla en la mañana, tenue y mansa, con delgados hilos de seda mágicos, entre un leve sol apasionado que la enfrentaba, sigiloso, a la vez tibio y desprevenido. Pero la...
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